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MKHITARYAN Y LA REALIDAD EUROPEA


El Milan de Gennaro Gattuso se topó de bruces con la realidad más absoluta ante la visita del Arsenal a San Siro. El cuadro de Arsene Wenger dejó muy encarrilado su pase a cuartos de final de la UEFA Europa League tras imponerse por cero a dos, en el primer tropiezo lombardo en lo que va de 2018. A todas luces, la derrota puso de manifiesto que el equipo dista mucho de ser perfecto. Y en base a ello, ni siquiera fue capaz de demostrar lo mucho que ha crecido a pesar de encontrarse aún en su versión beta. A fin de cuentas, este marcador no encenderá ninguna luz roja para Gattuso, sino más bien, a expensas de saber cómo encaja el golpe, servirá para poner en tierra firme qué es con lo que de verdad cuenta.



El trabajo del Arsenal sin balón fue notable

El cuadro londinense consiguió sobreponerse al empuje inicial del Milan. Sin Aubameyang -que no está inscrito en la competición- ni Lacazette -lesionado-, Wenger no tardó en detectar la manera más efectiva con la que dañar a su oponente. Y la clave residió en la forma con la que administró su ventaja tras adelantarse en el primer cuarto de hora; fruto de la superioridad que evidenció para atacar por el lado izquierdo. El Arsenal justificó que llegaba con la lección bien aprendida y esto, después de conseguir el primero, quedó patente en la manera en la que consintió que fuese el Milan quien retomara la iniciativa a partir de ese momento. Con Özil, Wilshere y Mkhitaryan de izquierda a derecha en zona de tres cuartos, el Arsenal decidió mantenerse adelantado, con su defensa esperando a muchos metros de Ospina, para asegurarse así de que el encuentro se desarrollara la mayor parte del tiempo donde más le convenía. Con Wilshere muy encima de Biglia, lo que desactivó la principal ruta de salida, Gattuso debió recurrir a sus fuentes alternativas. Pero ninguna, como era de suponer, superó dicha exigencia.


Con el esférico, el Milan de Gennaro Gattuso le está requiriendo muchas cosas a sus extremos. A los que hasta ahora, en cambio, no está encontrando el modo de recompensarles todos sus esfuerzos. El Arsenal logró que su rival se comenzara a atascar desde muy atrás. Y para ello echó mano de una presión tras pérdida que, impulsada desde Ramsey y Xhaka -su doble pivote-, le hizo la vida imposible a los primeros receptores del Milan. Tanto el galés como el suizo estuvieron muy acertados para, unos pasos por detrás de Wilshere -corriendo detrás de Biglia-, interpretar el momento en el que impedir que Suso y Çalhanoglu girasen con el balón controlado. El equipo rossonero, en este sentido, perdió sus principales puntos de referencia para arrancar su ofensiva y esto, en consecuencia, propició una serie de pérdidas en una zona en la que Arsenal, con mayor o menor acierto, transformó en ocasiones manifiestas. Una laboriosa tarea que Mustafi y Koscielny, anclados cerca de la divisoria, se encargaron de darle fondo y forma saltando a su vez sobre cada envío en largo que el Milan practicó sobre Cutrone.

El duelo entre Mkhitaryan y Calabria desequilibró la contienda

La segunda mitad transcurrió de forma muy similar a la primera. Y ante esto, los cambios que Gattuso fue introduciendo con el paso del tiempo no advirtieron cómo revertir el escenario. Esto quiere decir que el Arsenal continuó haciendo válido su derroche sin la posesión: siguió arriba, encimando siempre que fuera posible los primeros pases del Milan y, como ya sucediera en los primeros cuarenta y cinco minutos, aunque su labor no fue perfecta -ya que en alguna ocasión, cuando su rival conseguía escapar por más velocidad de piernas que de cabeza, debió correr hacia su propia portería-, sí fue suficiente para atenuar la postura del Milan en el encuentro. Al que además, con balón, consiguió martillear por una serie de puntos que, bien repartidos, echaron por tierra unas cuantas veces el empeño defensivo de Gattuso. Haciendo especial hincapié por izquierda, en el duelo individual entre Mkhitaryan -jugando a pie cambiado- y Calabria, el Arsenal encontró una manera de lo más eficiente para, en cada recepción del armenio, desajustar el entramado rossonero. Una supremacía que se manifestó mucho antes del descanso, que incluiría a otros como Welbeck u Özil y que, por consiguiente, desbarataron cualquier halo de esperanza rossonera. En resumen, acomplejó al Milan sacando todos sus defectos frente al espejo.

- Fuente imagen principal: Marco Luzzani/Getty Images Europe.

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