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LA VENGANZA DE KEVIN STROOTMAN


La Roma volverá a jugar diez años después unos cuartos de final de la Champions League. El cuadro de Eusebio Di Francesco supo hacer valer el tanto de Edin Dzeko, mediada la segunda mitad, con una lectura del encuentro muy distinta a cómo administró la ventaja en el partido de ida. Y para muestra, un botón: el Shakhtar Donetsk se marchó de Roma sin probar a Alisson ni una sola vez; cuando en Ucrania, en cambio, remató hasta un total de siete veces entre los tres palos. Pero más allá del premio de volver a estar después de tantísimo tiempo entre los ocho mejores del continente, esta victoria podría suponer un punto de inflexión para la Roma, que hasta hace unos pocos días dudaba incluso de su propia sombra.



Fred, esta vez por derecha, consiguió hacer suyo el primer tiempo

El Shakhtar Donetsk, que partía con ventaja del encuentro de ida, logró que el guion durante el cómputo global de la primera mitad se desarrollara de acuerdo a sus intereses. Paulo Fonseca ideó para su visita a Roma un cambio de especial trascendencia con respecto a Járkiv: Fred, zurdo por naturaleza, actuó por derecha; de modo que Stepanenko, más posicional en sus funciones, conformó el doble pivote por izquierda. Con ello, el portugués se aseguró dos premisas que, con el marcador a cero, funcionaron según se las había imaginado. La primera fue adueñarse de la situación, y la segunda, en relación con la anterior, fue hacer muy espesa la labor de la Roma. Fred, que ya fue clave en Ucrania, consiguió escapar de la trampa que le había preparado Di Francesco. Y lo hizo como solo saben obrar unos pocos elegidos: confiando ciegamente en sus propias facultades -que no son nada malas, dicho sea de paso-. Strootman quiso saldar su venganza persiguiendo al futbolista brasileño allá por donde este iba pisando. Pero esta vigilancia, dado que mantuvo erguida a la propia Roma sobre la parcela del Shakhtar, también tuvo su límite. El cual, por temor a las posibles represalias, lo dejó a elección del mismísimo Fred.


El mediocentro brasileño completó cuarenta y cinco minutos muy acordes con los noventa de la ida. Pero en esta ocasión, interpretó el choque de manera muy distinta. Fred se protegió de la atenta mirada de Strootman dándose la vuelta. Esto es, bajando a recibir muy abajo, entre los centrales, haciendo uso de su imponente capacidad para, desde antes de recibir, tener muy claro hacia dónde debe mandar la pelota. De esta forma, el ‘8’ del Shakhtar no solo fue capaz de escabullirse del rastreo, sino que además, en base a su buena lectura, siempre se mostró muy ávido a la hora de conectar con cualquier compañero libre de marca. Pues si por algo ha destacado Fred durante esta eliminatoria es por esa aptitud para, sin importarle demasiado cómo ni dónde, transformar cualquier envío que le llega en uno muchísimo mejor cuando lo suelta. Y por esta razón, Strootman debió saciarse con actuar sobre su par cuando este, en fase de salida, recibía o conducía la pelota unos metros por delante del área defendida por Pyatov. Bajo ningún concepto antes, pues el más pequeño desajuste podría poner la misión, con todo el bloque -incluidos sus centrales- presionando muy lejos de Alisson, en un brete ante la transición del Shakhtar.

La actitud de la Roma tras ponerse por delante fue clave

La posición de Fred por derecha, además, llevaba implícito que este, tras pérdida, cerrara con mayor facilidad el espacio hacia dentro tan recurrido por Perotti, cuando este recibe al pie. Marlos, Fred y Butko, en ese mismo orden, minaron una banda izquierda por donde la Roma, habituada a construir por ahí su fútbol, encontró continuas dificultades para progresar durante la primera mitad. Sin embargo, todo aquello que le había funcionado al Shakhtar antes del descanso se vino abajo, de golpe y porrazo, cuando Dzeko adelantó a la Roma, aprovechando para ello una gran asistencia de Strootman para batir por bajo a Pyatov, que, primero por no atacar la pelota y después por defender el uno para uno con las piernas abiertas, cometió dos grandes fallos en pocos segundos. Un gol que, con más de media hora por delante, dio lugar a otro partido. Uno nuevo. Totalmente distinto al que se había jugado hasta entonces. 

La Roma pasó a defender su ventaja hacia delante y no hacía atrás, como sí hizo hace tres semanas. Y esta gestión, a la postre, fue la que le terminaría sellando su pase a cuartos. Di Francesco, a partir de este momento, reorganizó a los suyos del 4-3-3 del principio a un 4-5-1 en el que Perotti, desde el lado izquierdo, y De Rossi, a partir del inverso -ya que este, a su vez, contaba con la protección de Nainggolan-, escudando aquellas zonas de difícil acceso para Strootman. Combinando un arduo trabajo defensivo entre coberturas y saltos entre las líneas, mordiendo así sobre Marlos, Taison y Bernard, primeros receptores -y únicos, casi, debido al poco apoyo lateral y a la escasa participación de Ferreyra, custodiado entre Manolas y Fazio- de unos pases que Fred, como no podía ser de otra forma, empezó a lanzar a diestro y siniestro; sin la certeza de que esta vez, ante una Roma tan solidaria en sus esfuerzos, uno de ellos se colara en tres cuartos de campo. De hecho, ninguno de estos llegó a buen puerto porque la Roma cumplió cuando debía, demostrando que salió de la ida con la lección bien aprendida. Mérito de un Di Francesco que, no está de más recordarlo, celebró anoche su octavo partido en la Champions.

- Fuente imagen principal: www.asroma.com

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