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EL EFECTO GENNARO GATTUSO


El salto competitivo del AC Milan de Gennaro Gattuso ha tenido premio. El cuadro rossonero disputará en el próximo mes de mayo la final de Copa; al tiempo que, en Serie A y Europa League, conserva intactos sus objetivos. En pocos meses, la comunión técnico-plantilla es total. Solo así podría explicarse el hecho de que, por primera vez en mucho tiempo, el equipo tiene repuesta a muchas de sus preguntas. Y ese conocimiento es la verdadera clave del éxito. Aunque la mejor noticia para Gattuso es que el plan dista de ser perfecto. Puesto que si a pesar de ello sigue venciendo, es porque su potencial es aun mayor.



La diferencia con balón y sin él es sustancial para este Milan

A diferencia de cómo empezó, Gennaro Gattuso lleva tiempo dibujando a su equipo en un 4-3-3 que, en su fase ofensiva, no deja lugar a dudas. La paulatina recuperación de futbolistas como Biglia y Bonucci entronca, a estas alturas, con que el Milan dispone de dos circuitos de salida muy distintos. El primero, el que alude a argentino e italiano, lleva al equipo a sacar la pelota por el centro, con Biglia retrasando muchas veces su sitio hasta adherirse entre los dos centrales. Dicho ejercicio, puramente lavolpiano, reporta un doble beneficio para el equipo en el plano táctico: en primer lugar, el mediocentro no infiere en las funciones de Bonucci -pues de lo contrario esto llevaría a que ambos se entorpeciesen-; mientras que, al adaptar a Biglia más atrás, el método pasa a contar con tres futbolistas al mismo tiempo -el mediocentro y los dos centrales bien abiertos-, lo que, además de garantizar mayor seguridad, permite a Calabria y Ricardo Rodríguez, como lateral derecho e izquierdo, iniciar la acción mucho más cerca de la divisoria. Y de los dos interiores, que son a quienes, normalmente, van dirigios estos primeros pases.

El otrora centrocampista rossonero es consciente de la multitud de peligros que alberga tras de sí un mal pase, una decisión a destiempo o, en resumidas cuentas, un ataque mal dirigido. Por ello, antes de entrar a detallar el segundo recorrido, conviene dejar claro que la actitud de este equipo con el esférico viene siendo la misma en todos sus encuentros: controlar todo aquello cuanto esté en sus manos. Por tanto, no puede escapar al análisis que, entre uno y otro camino, se encuentra el más primigenio (al cual, por la multitud de especialistas con los que cuenta, le consigue sacar mucho rédito): el balón largo hacia su delantero centro. Pero más allá de que el Milan esté sabiendo cómo salir desde sus centrales, por alto y por bajo, Gattuso se ha encargado -o se está encargando, mejor dicho-, de matizar una de los pocos vestigios que conserva el equipo tras el paso de Montella: la salida lateral. Aunque, a diferencia de hace meses, Gattuso la está enfocado por el lado izquierdo. La llegada -y más reciente adaptación- de Ricardo Rodríguez le está garantizando a los suyos, a partir de su zurda, la primera puntada para, partiendo de abajo y pegado a banda, tejer la segunda (o tercera) de estas rutas.

Sin embargo, esta vía -que no por ser la tercera significa que sea menos recurrida que las otras dos anteriores-, escenifica uno de los grandes debes del equipo. Cuando el Milan debe lidiar con la presión de su rival y recurre a este tercer método, la utilización de su lateral izquierdo lleva consigo la implicación del interior y el extremo de este mismo lado en la jugada. De este modo, el Milan busca enhebrar un triángulo en el que Bonaventura, como interior, cierra la figura a medio camino entre Rodríguez y Çalhanoglu. Pero ahí, precisamente, se encuentra el origen del problema. Gattuso no ha encontrado la forma de ayudar a Çalhanoglu-Suso para que, cuando estos bajan a recibir de cara -de espaldas a la portería rival-, el resto sea capaz de garantizarles una solución que (más allá del simple atrevimiento del turco y el gaditano para girar, esperar o enviar el balón hacia el otro lado del campo) permita al equipo despegar y, sobre todo, rebajar cualquier opción de pérdida. La cual, en esas lindes, podría resultar letal.

El Milan, en defensa, ha pasado a organizarse en un 4-1-4-1

Por encima de todo, el Milan de Gattuso está siendo muy consecuente con sus virtudes y defectos. No está asumiendo más riesgos de los necesarios para acercarse a la portería rival y, en función de este pragmatismo, el equipo ha recobrado algo que, no hace tanto tiempo, se encontraba lejos de poder contar con ello: su transición ataque-defensa. El Milan, cada vez que ataca, está consiguiendo acabar muchas de sus jugadas. Pero si no lo consiguiera, que no siempre lo consigue, la correcta adecuación de sus piezas -para llegar y, por tanto, también para defender- está haciendo posible algo que con Montella llegó a parecer casi una utopía. Cada vez que el equipo pierde la pelota, pasa a organizarse rápidamente en un 4-1-4-1 en el que Biglia, como pivote, y Cutrone/Kalinic, como atacante, protegen por detrás y por delante a los cuatro centrocampistas. Una disposición con la que el Milan espera a media altura, en muchas ocasiones incluso en su propia mitad del campo, y que ante rivales como la Sampdoria, la Roma o la Lazio ya ha secundado su éxito: suma seis encuentros sin encajar

De esta guisa, mientras el equipo rival se las ingenia para encontrar la forma con la que superar las distintas líneas de Gattuso, el Milan tiene orden de ir cediendo metros, haciéndose cada vez más estrecho, hasta que Franck Kessié decide cuándo y de qué manera pasar a la acción. El futbolista costamarfileño es el único, de los otros nueve futbolistas de campo, con licencia para, cuando el equipo ya está acostado en su propia parcela, saltar a presionar: siempre sobre el futbolista rival encargado de portar el esférico. Este movimiento, con el cual el Milan trata de disuadir a su contrario -para amenazar con la contra, en el mejor de los casos-, provoca ipso facto que Biglia sea el encargado de realizar la cobertura con la que el Milan, por momentos, pasa a un 4-4-2. Una serie de mecanismos, todos ellos, que el equipo ha aprendido a ir utilizando con el paso de las semanas; y que, como fase beta, aún presenta ciertos yerros, como con los extremos o la manera en la que explota las decisiones de su delantero. Pero que, por lo pronto, está potenciando las virtudes y disimulando las limitaciones de una plantilla que, de haber sido tan compacta desde el inicio, podría estar ahora ante otro tipo de historias.

- Fuente imagen principal: Marco Bertorello/AFP Photo. 

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