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¿QUIÉN ENTIENDE A LUCAS CASTRO?




Por norma general, las segundas partes nunca fueron buenas. Y eso es algo que Rolando Maran conoce mejor que nadie. Durante las cuatro temporadas que el técnico de Trento lleva haciéndose cargo del Chievo, la escuadra veronesa comparte en todas y cada una de ellas una segunda vuelta para el olvido. Como si el equipo, de golpe y porrazo, se olvidara de competir ante los primeros coletazos del invierno. Este año no iba a ser menos. Así que tampoco puede resultar extraño que el Chievo tan solo haya sido capaz de sumar una victoria (con otros tres empates y nueve derrotas) durante los últimos tres meses de competición. El triunfo, conseguido hace pocos días ante la visita del Cagliari al Bentegodi, coincidió con el primer partido como titular de Lucas Castro tras lesionarse a mediados de noviembre. Tiempo durante el cual, no por casualidad, el cuadro de Verona llevaba sin conseguir los tres puntos. 


Para muestra, un botón. Sin embargo, su impacto encierra una lectura mucho más profunda. Castro hace de todo por el Chievo. Y todo en su justa medida. Ordena al equipo tras la divisoria, bajando a recibir o esperando unos metros más arriba (desde donde parte habitualmente como interior derecho en el inquebrantable 4-3-1-2 de su técnico), activa distintas piezas mediante sus pases y todavía le sobran fuerzas para acudir -o merodear, al menos- por la zona de remate. Y por si esto fuera poco, su capacidad de lectura no resulta nada desdeñable. Pues si Radovanovic equilibra como pivote, Hetemaj sostiene desde el otro lado y Birsa agita entre líneas; Castro, cerrando el rombo por derecha, aúna todas estas virtudes para, junto a Inglese, conducir al Chievo hacia la victoria. Pero el de La Plata, con el italiano dentro del área -que es donde mejor funciona-, no siempre encuentra su correspondencia. De hecho, más si cabe en estático, pocos de sus compañeros -por no decir ninguno- son capaces de seguirle el ritmo. Así pues, ¿habrá forma de que el equipo escape de esta rutina? ¿O habrá tocado techo? Las preguntas, como durante estos años, siguen sin una respuesta clara. Y por ello, si nada (más) extraño sucede, todo hace indicar que el Chievo, a poco que coseche de aquí a final del curso -entre el medio (2 goles y 2 asistencias) y su delantero (8+2)-, volverá a cerrar otro año sin mayor pena ni gloria. 

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