, , , , , , , , , , , , , , , ,

INSIGNE, PARA ESCAPAR DE MILINKOVIC-SAVIC


El Napoli seguirá reinando una semana más la Serie A 2017/2018 tras cosechar una de esas victorias ante la Lazio que, más allá de la ventaja (de un punto) que recupera ante la Juventus, refuerzan moral y anímicamente a todo vestuario. El equipo de Sarri debió sudar sangre, sobre todo en los primeros cuarenta y dos minutos de encuentro -lo que tardó Callejón en firmar el empate justo antes del descanso- para encarrilar un triunfo mucho más sufrido de lo que acabó reflejando el resultado. Una nueva demostración, este cuatro a uno ante el tercero, de que el cuadro partenopeo se encuentra totalmente preparado, en lo futbolístico y mental -remontando, de hecho, veinticuatro horas después de perder el primer puesto (de manera momentánea)-, para mantener, de una vez por todas, el pulso por el Scudetto.



Las marcas de Inzaghi le hicieron mucho daño al Napoli

El planteamiento inicial de la Lazio volvió a hacer alarde de por qué, de un tiempo a esta parte, Simone Inzaghi se ha consolidado como uno de los mejores estrategas -sino el más destacado- de cuantos dispone hoy en día en su haber el fútbol italiano. Mediante una serie de vigilancias individuales, entre el mediocampo y la defensa -que es donde más arrecia la presión de esta Lazio-, el equipo romano puso en serios aprietos al Napoli para desplegar su propuesta, una vez Kalidou Koulibaly -libre de presión- conseguía cruzar el medio con el balón controlado. De esta forma, con Milinkovic-Savic muy pendiente de Jorginho, Parolo de Hamsik y De Vrij -hasta donde fuese necesario- de Mertens, el 3-5-1-1 de la Lazio condicionó, como ya han sufrido esta misma temporada Juventus, Fiorentina o Milan, una buena parte de la contienda. Más si cabe, como lo fue en esta ocasión, es el cuadro capitalino quien consigue adelantarse antes -y, para colmo, bien temprano- en el marcador. Una estrategia contra la cual, sin salir ni avanzar según le placiera, al Napoli no le quedó mayor remedio que jugar directamente sobre la única zona donde el esfuerzo tras pérdida de la Lazio resulta en vano: entre sus centrales y el portero.


Así es cómo Jorginho aprovechó el único despiste defensivo de Milinkovic-Savic antes del descanso para, explotando el agresivo desmarque que conserva Callejón al espacio, empatar el partido. Una acción que, sin alcanzar aún el ecuador de la contienda, dividiría en dos partes muy distintas el desarrollo de la noche. Ya que hasta el final, desde ese preciso instante, el guion adoptó un giro de 180 grados hasta el punto de que la Lazio, ordenada y amenazante al espacio con la velocidad en diagonal de Immobile, las conducciones de Luis Alberto y la cuantía de ventajas que Milinkovic-Savic consiguió saldar por su cuenta para los suyos, y coartando, a su vez, cualquier intento local de jugar con el balón por bajo, se deshizo en mil pedazos. En el sentido más amplio de la expresión. Pues la Lazio, víctima -quizás- de su propio esfuerzo, materializó durante los segundos cuarenta y cinco minutos todo aquello que no debe hacerse ante este Napoli. Y menos en San Paolo.

El rol de Insigne fue clave para definir el encuentro

Sobre el desconcierto que causó el empate para la Lazio, y de qué manera terminó viéndose por debajo en el resultado al poco de regresar de los vestuarios, el nombre de Lorenzo Insigne tuvo mucho que decir en todo esto. Sin Marek Hamsik sobre el césped, de quien decidiría prescindir Sarri durante el entretiempo en lugar de Piotr Zielinski, el extremo italiano se abrochó la capa al cuello para dirigir la remontada de los suyos. Como ya se vio en la Copa ante la Atalanta, el dinamismo y la verticalidad del polaco suponen un buen tándem para, cuando sea necesario, ser quien ocupe la posición más adelantada del equipo por el lado izquierdo. Una posibilidad a la que Insigne, habitual en dicha demarcación, se encargó de dar matices cambiando, para ello, su zona de influencia sobre el terreno. Aprovechando que la Lazio dejó de perseguirles como en la primera mitad, Insigne se encargó de paliar la ausencia de Hamsik siendo él mismo, desde unos metros más debajo de donde recibe normalmente, quien acercase la pelota al lugar donde el Napoli, a pocos toques, transforma cada posesión en peligro. Aquella parcela (por izquierda) donde lateral, interior, extremo y delantero intervienen al mismo tiempo. 

Sin embargo, el tramo en el que el Napoli -por más mérito particular que demérito del rival- volvió a ser el Napoli que tiene acostumbrado a ser dentro de Italia, no debería eclipsar la excelsa actuación que volvió a firmar Sergej Milinkovic-Savic durante el rato en el que su equipo, armado al acomodo de su técnico, se impuso ante el líder del torneo. El serbio, a sus 22 años, volvió a mostrar su brillante catálogo de toques, conducciones, regates y aperturas, adornado por completo de una minuciosa gestualidad técnica, la cual chocaría, a simple vista, con los saltos y encontronazos que a menudo también protagoniza tanto por alto como por bajo; pero que todos ellos, a fin de cuentas, componen el futbolista que es hoy en día Milinkovic-Savic. Un perfil, para lamento del Calcio, cada vez más abocado a recalar en una concepción cultural más vertiginosa y menos pausada como la de la Premier. Aunque hasta entonces lo mejor que puede hacer la Lazio es tallar -y disfrutar- a uno de los jóvenes llamados a arramplar (por lectura, interpretación e impacto sobre el juego) en poco tiempo con la primera línea del presente futbolístico.

Artículo relacionado: 'El salto de Milinkovic-Savic'

- Fuente imagen principal: Francesco Pecoraro/Getty Images Europe.
Share:

0 comentarios:

Publicar un comentario