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UNA NUEVA ROMA EN CASA DE PJANIC

Un disparo de Mehdi Benatia a quemarropa, tras coger su propio rechazo al ser escupido por el larguero, le otorgó tres puntos de una importancia capital a la Juventus en la lucha que, todo hace indicar, mantendrá de aquí a final de temporada con el Napoli de Maurizio Sarri por el que podría ser, en caso de conseguirlo, su séptimo Scudetto en los últimos siete años. El equipo de Massimiliano Allegri, quien dejó a Paulo Dybala durante los noventa minutos sentado en el banquillo, acabó pidiendo la hora ante una Roma que apretó (¡y de qué manera!) en los minutos finales cuando Di Francesco, como ya hiciese hace unos pocos días, rompió con su plan de base para acabar con hasta cuatro atacantes al mismo tiempo.



Pjanic e Higuaín dieron sentido a la puesta en escena

Como se destacaba en la introducción, el técnico livornés volvió a dejar fuera del once titular a Dybala por tercer partido consecutivo en la Serie A -después de la visita del Inter y la salida al Renato Dall’Ara de Bolonia-. Aunque en esta ocasión, a diferencia de las otras dos anteriores, el ‘10’ ni siquiera llegó a vestirse de corto. De esta manera, sin el argentino sobre el campo -quien venía esta misma semana de formar ante el Genoa, en la Copa, desde el centro del ataque-, volvió a organizar a la Juventus en el 4-3-3 que desde hace semanas dejó de resultar extraño. Una organización con el esférico que hizo formar al equipo con un central -Barzagli- de nuevo reconvertido a lateral derecho, dos interiores -Khedira y Matuidi- escoltando a Pjanic en la medular y con Cuadrado y Mandzukic bien abiertos por fuera, quienes fueron, al caso, la verdadera clave del sistema. Tanto el croata como el colombiano, habituales amenazas del equipo a la hora de ensanchar y acompañar a Higuaín desde posiciones (en teoría) más retiradas del área, debieron emplearse de nuevo a fondo para que todo saliera al gusto de su técnico.


Así que con Cuadrado y Mandzukic actuando de bisagras, a la hora de juntar al equipo sin balón (en un 4-5-1) y de hacerlo despegar sobre el campo rival (en un 4-3-3), la Juventus planteó serios apuros a la Roma durante los primeros cuarenta y cinco minutos. Lo hizo, en parte, gracias al empeño de uno y otro futbolista en cumplir con los deseos de su técnico. Y también, pues no merece en ningún caso quedarse fuera de todo análisis sobre el encuentro, debido a la lectura e interpretación que Pjanic e Higuaín, líderes en sus respectivas zonas del campo, supieron dar en todo momento a la primera mitad que dispuso la Juventus ante la Roma. Con el bosnio muy metido en sus tareas, dando en cada giro, cada pase, control y aceleración del juego argumentos más que suficientes con los que explicar el porqué de su reconversión total al puesto de regista; Higuaín, mucho más solidario que antaño -y, sobre todo, en estas ocasiones en las que su sombra no está contando con la compañía de su compatriota-, ofreció hacia al resto un desglose de movimientos, entre toques, pausas, prolongaciones y conducciones, orientados, todos ellos, a cumplir con la máxima que Allegri designó para la contienda.

La Juventus adoptó una estrategia muy pragmática

Como no podía ser de otra forma, Di Francesco eligió para la ocasión a sus once futbolistas más en forma. Y por ello, de mediocampo hacia delante, la Roma llegó a reunir desde un primer momento sobre el césped a De Rossi, Strootman, Nainggolan, Perotti, El Shaarawy y Dzeko. Seis futbolistas que, a pesar de aglutinar entre sus piernas una posesión superior a la de la Juventus durante el primer tiempo (45-55%) se quedaron, en cambio, en tan solo un disparo a puerta hasta antes de volver a visitar los vestuarios. Una estadística que viene a reflejar, de una manera cuantitativa, aquello en lo que quiso convertir (con éxito) la Juventus -superior, además de en el marcador, también en el control de los espacios- del primer tiempo. Dejando a un lado las cifras, el cuadro turinés volvió a dejar de manifiesto que no se siente nada incómodo por no tener la pelota bajo su dominio, ni aun bregando en su propio campo. De hecho, es que fue a esto mismo a lo que salió a jugar ante la Roma en la noche del sábado. Pues con Cuadrado y Mandzukic ayudando por fuera, Matuidi estando muy pendiente de Nainggolan y Khedira, por su parte, cerrando cualquier intento de Strootman, al equipo no le importó en absoluto que fuese De Rossi -no Kolarov, y he aquí un detalle importante, sin casi espacio ante Cuadrado y Barzagli- quien atravesase el medio con el balón controlado. Porque, a partir de ahí, la Roma no progresaba. Y, si lo hacía, no era exenta de problemas.

Los cambios de Di Francesco dieron aire al equipo 

Tan solo Dzeko, alejándose del área para recibir de espaldas y poner así a sus interiores de cara a la portería de Szczesny, logró aportar algo de fluidez a la Roma antes de los cambios. Todos ellos llegaron durante la segunda mitad, mediante los cuales Di Francesco decidió meter mano en todas partes. Con la entrada de Schick, en detrimento de El Shaarawy -partió de inicio como extremo diestro-, la Roma dejó de contar por ese lado con un futbolista por delante de Florenzi, dado que el ex de la Sampdoria pasó a estar más cerca de Dzeko en el borde del área. En segunda instancia, con la entrada de Pellegri, este hizo cambiar de perfil a Nainggolan -había empezado por derecha- para acabar, no obstante, jugando con el belga en un doble pivote. Una decisión, la de juntar a Pellegrini y Nainggolan en una misma zona, que llegó con Cengiz, el tercer y último cambio. El turco, extremo diestro por naturaleza, devolvió esta vía a la Roma en los instantes finales. Un tiempo en el que, como muestra de que algo está cambiando dentro del Calcio, pudo pasar de todo. Ya que al poco de que Pjanic se topase con el poste, Schick, solo con el portero, desperdició la oportunidad para sembrar la acracia en la cabeza de la tabla.


- Fuente imagen principal: Gabriele Maltinti/Getty Images Europe.
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