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RADJA NAINGGOLAN ENTRE LÍNEAS

Hace bastante tiempo desde que el discurso más simplista en torno a la figura de Nainggolan se cayó por su propio peso. Es el futbolista más completo de la actual plantilla de la Roma. Y sin resbalar en ninguna hipérbole por ello, el medio bien merece ser destacado a día de hoy como uno de los más determinantes de todo el campeonato. Su crecimiento a lo largo de los últimos años ha sido mayúsculo. Nainggolan es capaz de hacer cada vez más cosas en un mismo encuentro y sus números, en cambio, demuestran que se equivoca en muy pocas situaciones. Corre a presionar como el que más, interviene constantemente en la circulación, no rehúye del contacto, y, por si esto fuera poco, remata con ambas piernas (2 goles y 4 asistencias). La Roma del presente es, por su grandísima influencia, la Roma de Radja Nainggolan.

Radja Nainggolan (29) y Diego Perotti (29), en la victoria ante la Lazio. Foto: Filippo Monteforte/AFP


La actuación de Nainggolan, por dentro, fue brillante

En un primer tiempo bastante cerrado, de pocas ocasiones, donde la Lazio apostó desde bien temprano por armarse muy compacta a media altura -como acostumbra ante este tipo de rivales y escenarios-, lo que dejó a la Roma sin más remedio que adueñarse de la posesión del esférico -la cual llegaba a situar de una manera muy cómoda hasta la línea divisoria de los dos campos-, Radja Nainggolan fue, de largo, el hombre más destacado sobre el campo. El belga, de interior por derecha, siempre supo cómo interpretar aquello que le requería su equipo con el manejo de la pelota. Los primeros cuarenta y cinco minutos del encuentro se jugaron en casi todo momento sobre la parcela de la Lazio; pues además su repliegue en muy pocos metros le dificultó sobremanera la posibilidad de adivinar una salida lo suficientemente clara por la que transitar. A lo que hay que añadir que la Roma, de paso por la zona, se topó con la manera de desarticular el entramado de Inzaghi. Una ventaja que aprovechó Manolas.


Pues de hecho, podría decirse que fue la Lazio quien evidenció su error a partir de un continuo desajuste. Milinkovic-Savic, quien partió desde el interior izquierdo, era siempre el primero en correr a cerrar el pase del central griego; mientras Immobile y Luis Alberto, repartidos a distintas alturas, atendían desde muy cerca a De Rossi y Fazio, por si la Roma decidía cambiar alguna vez la orientación de su salida. Pero es que ni siquiera le hizo falta. La acción por parte del serbio, en lugar de obstaculizar la salida romana, lo que hizo fue debilitar la estructura colectiva de los suyos. Una disonancia tan grave como sangrante, a la que Inzaghi tardó en encontrar remedio: pues el serbio insistió de principio a fin del primer tiempo en salir hasta muy arriba a por un pase que la Roma rápidamente automatizó. Y fue ahí precisamente, a la espalda de Milinkovic-Savic, donde Nainggolan advirtió el resquicio para recibir, girar, correr y, en definitiva, plantar a su equipo en el campo rival. Una y otra vez, de una manera tan sencilla.

La Lazio acabó con un doble pivote y tres atacantes 

Ya en el segundo tiempo y con el marcador en contra (2-0), Inzaghi decidió cambiar el método. Pasó a cerrar el medio con sus dos interiores, Parolo y Milinkovic-Savic, a la vez que introdujo piernas de refresco con Lukaku y Nani, como carrilero y segundo delantero, respectivamente. El movimiento, que además sacó a Lucas Leiva del césped, revitalizó por momentos a la Lazio. El equipo dio un paso al frente, comenzó a ganar metros sobre la parcela romanista e incluso llegó a recortar distancias; aunque la Roma aún se guardaba un as bajo la manga. Esta vez no fue un nombre en particular, a pesar de que Dzeko, Perotti, Kolarov o el propio Nainggolan no decayeron en su empeño durante los segundos cuarenta y cinco minutos, sino más bien una manera de leer la situación de forma colectiva. El cuadro, como sucedió hace pocas semanas ante el Chelsea, volvió a exhibir sus dos versiones. La primera, expuesta más arriba, requirió del balón como protagonista; la segunda, tras el descanso y por delante en el resultado, emergió de su método para explotar los espacios. Así, algo más replegada, consumó su triunfo una Roma que, como su mejor hombre, ha hecho de la versatilidad su argumento competitivo. 

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