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MUCHAS COSAS EN MUY POCO TIEMPO

Italia se cayó con todo el equipo en el momento más inoportuno. Suecia, gracias a un solitario tanto de Johansson, ha golpeado primero en una repesca que ya desde su sorteo prometía ser trepidante. El conjunto de Ventura volvió a evidenciar una notable carencia en cuanto a fútbol y respuestas para adaptarse a los distintos contextos que emergen en este tipo de encuentros. Una serie de problemas que le han llevado a que el lunes, en San Siro, deberá jugarse el todo por el todo para acceder al Mundial. Y si noches como esta no dejan en muy buen lugar a una Squadra que, obligada a remontar, corre con el tiempo en su contra; como equipo, ¿está realmente capacitado para este tipo de retos?

Los futbolistas de Suecia celebran el tanto conseguido ante Italia. Foto: AFP Photo

Suecia hizo mucho daño a Italia con sus delanteros

Suecia no necesitó ni una sola ocasión de verdadero peligro para ser infinitamente superior a Italia durante los primeros cuarenta y cinco minutos. Mucho más intenso, mejor posicionado y, en resumidas cuentas, más convencido con aquello que estaba haciendo, el cuadro nórdico se impuso con suma claridad desde el inicio al combinado azzurro. Suecia, a partir de los envíos directos sobre sus dos puntas, Toivonen y Berg, logró ir ganando muchos metros. Una tesitura que no desestimó Forsberg, una vez el equipo conseguía adquirir cierta altura posicional, para ir rasgando a su paso las ostensibles costuras de su contrario. Ventura probó ab cambiar el esquema para la ocasión: pasó del 4-2-4 a un 3-5-2, pero el método hizo aguas desde muy temprano por todos sitios. Con De Rossi como único mediocentro, el plan fue acumulando una serie de errores de bulto, prueba de su inmadurez colectiva a estas alturas. Pues cuando intentó salir desde atrás con sus centrales, como es costumbre cuando uno se llama Bonucci, la anarquía de Verratti y Parolo coartó en exceso la puesta en escena.

El centrocampista de la Roma permaneció abandonado a su suerte en innumerables ocasiones. Cuando el equipo salía con el balón desde sus centrales -cosa que no siempre consiguió-, estos, sin embargo, no garantizaron la primera ventaja al equipo, sino que más bien, en paralelo entre todos ellos, produjeron el efecto contrario. Sin Barzagli ni Bonucci ni Chiellini bien distribuidos en cuanto al espacio que debe ocupar toda línea de tres piezas que se preste a jugar desde atrás, la sensación que transmitió el equipo es que sin haber conseguido el primero de los pasos, muchos de ellos, sin embargo, ya pensaban en dar el último. Pero el segundo de los errores, y quizás el más grosero, aguardaba tan solo unos metros por delante de este embrollo. De Rossi, como decíamos, se encontraba siempre solo, ya que tanto Verratti como Parolo, de manera incomprensible, corrían a la misma altura que Belotti e Immobile, sin que el esférico aún hubiese traspasado la divisoria por completo, para provocar así un efecto embudo que no solo perjudicó el juego ofensivo del equipo, el cual se limitó entonces a salir por sus costados -sobre todo por el izquierdo con un Darmian muy activo- para después poner el centro; sino que además, para más inri, situaba mal al plantel, que no hizo otra cosa que acumular pérdidas de todo tipo. Y eso que, cosas del fútbol, fue de Belotti la ocasión más clara hasta llegar al descanso.


La insistencia de Candreva, esta vez, no fue suficiente

Italia empezó la segunda mitad mucho más enchufada, más presente sobre la parcela contraria y, sin embargo, fue entonces cuando recibió el revés del uno a cero. Candreva hizo alarde del gran momento físico en el que se encuentra, luciendo por derecha su explosividad en la carrera, su disparo desde larga distancia y su buen tino a la hora de poner el centro, pero en esta ocasión ninguna de las tres mejores cualidades del extremo -que empezó el partido como carrilero- cumplieron con el efecto deseado. Andersson, ya por delante en el marcador, fue metiendo a sus hombres cada vez más atrás, concediendo toda la iniciativa a Italia, aunque ni por esas Ventura adivinó a dar con la tecla. Acabó el encuentro de nuevo reorganizando al equipo en un 4-2-4, con De Rossi y Parolo en el centro del campo y aupando la situación de los carrileros hasta unos metros más arriba, ya como extremos, desde donde Candreva e Insigne, como ya es habitual, no tuvieron más remedio que cargar con todo el peso del equipo a sus espaldas. Ambos regatearon, salieron por dentro y centraron. Sobre todo esto último. Pero esa no pareció ser la mejor solución ante una defensa con tiempo para orientarse de cara al envío. Reflejo de que Italia, si quiere estar en Rusia, deberá romper con muchas de sus manías en pocos días.

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