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LUCAS TORREIRA PARA SOÑAR EN GRANDE

La Sampdoria cumple con muchas de las características más comunes de quienes terminan por dar la sorpresa. Es correosa en su estadio (ha conseguido los 15 puntos que ha tenido en juego), está construida en torno a una idea que es capaz de construir de distintas maneras y por último, y quizás sea lo más importante, detenta un bloque con multitud de intérpretes. Pues conviene incidir en esto último, ya que tan solo así se puede entender el hecho de que todas sus piezas, salvo en contadas excepciones, actúen de una manera homogénea. Un cómputo de certezas a las que añade un bagaje recorrido.

Lucas Torreira (21), durante un partido con la Sampdoria. Foto: Paolo Rattini/Getty Images Europe


El equipo está sufriendo ante presiones altas

Marco Giampaolo afronta su segunda temporada al frente de la Sampdoria. Y a lo largo de este tiempo, durante los 15 meses que lleva en el cargo, el equipo ha dejado entrever una premisa irrefutable: el sistema, el 4-3-1-2, no está en discusión. A fin de cuentas, la sociedad ha trabajado en base a esta pesquisa para garantizarle a su técnico un rosario de futbolistas que casa de buena manera con el esquema que le lleva acompañando desde antes de aterrizar en Génova. El modelo, pues conviene destacarlo, no se encuentra ni mucho menos depurado. Pero sí que de cara a esta temporada, una vez ha reforzado de manera puntillosa las zonas que el año pasado se quedaron algo cortas en cuanto a su respuesta, la Sampdoria ha logrado ir resolviendo algunas de las muchas cuestiones que le incumbían hace ahora doce meses. La primera y más evidente de todas ellas hace referencia a su apartado ofensivo. Las lesiones terminaron por lastrar el provecho que Giampaolo hubiese deseado exprimir a Muriel. Oportunidad que Schick, en cambio, rentabilizó para emerger desde el anonimato. Y a pesar de que sus números no resultasen nada desdeñables entre los tres palos, el checo abastecía en realidad distintos menesteres a los del número nueve. Algo que Giampaolo ha recuperado con Zapata.


Pongamos como pretexto que la Sampdoria es un equipo organizado en torno a los espacios. Tanto en ataque como en defensa, la correcta distribución de los mismos supone un prisma inexorable. Si bien el equipo, independientemente de su contrario -y más si cabe cuando juega de local-, inicia su defensa a través de una presión a gran escala que arraiga desde donde su rival pretenda salir con el balón controlado. Esta misma práctica, cuando es la propia Sampdoria quien la sufre en sus carnes, desvela una de las grandes grietas -sino la que más- que viene acusando desde principios del curso pasado. A pesar del gran esfuerzo que brindó la entidad por conservar intacta una buena parte del plantel, sin embargo fue incapaz durante el verano de devolver a Giampaolo un central con las aptitudes de Skriniar, tanto para realizar el trabajo defensivo más corriente, así como para sacar el balón jugado desde tan abajo. Sin el eslovaco de por medio, es ahí, en su salida del esférico, donde más está sufriendo la Sampdoria en lo que va de curso. Con el central en el Inter, responsable durante el año pasado de tal cumplido, son cada vez más los rivales consecuentes a la hora de encimar a Torreira, segundo pilar de dicha faceta, para ganar así mucho terreno -y peligro- ante esta Sampdoria.

Lucas Torreira es el sostén de esta Sampdoria

Lucas Torreira es uno de los mediocentros más dominantes del Calcio actual. Hasta el punto de que la esencia de esta Sampdoria se sustenta en torno a los 168 centímetros de su regista. Al margen de que el uruguayo se desempeñe como el elemento más posicional del mediocampo, no existen mejores cifras para explicar su trascendencia: es quien más pases completa en el último tercio del campo (8,9), quien más balones recupera por partido (9,1) y además, aunque por descontado, es el elegido por sus compañeros para intervenir en más ocasiones con el esférico (84,4). La Sampdoria, a groso modo, se podría definir como un equipo intrépido por su manera de afrontar los encuentros. Ya no solo en cuanto a su presión tras pérdida, sino porque además frecuenta el área rival con un total de cinco o seis futbolistas. En torno a la mitad del equipo, que se dice pronto, se suele aglutinar en el balcón. Y sin embargo, ni aun por el desconcierto que pueda provocar cualquier balón rebotado sobre dicho espacio, ninguno de ellos renuncia a permanecer siempre bien situado en su zona correspondiente. Un método, a todo esto, que Torreira es quien se encarga de sostener a caballo entre la frontal y la defensa -que escala a la divisoria-. Un tráfico que al equipo, además de pugnar por cualquier rebote, le permite dosificar de la mejor manera el esfuerzo tras cada pérdida. 

El de Río Negro cumple a raja tabla con el aforismo de ‘pequeño pero matón’. De ninguna otra manera que haciendo valer su bajo centro de gravedad, el cual le convierte en un futbolista muy difícil de tirar al suelo, podría explicarse su función cada vez que el equipo se vuelca en la ofensiva. Esta particularidad física, a la cual no duda en aferrarse por cada disputa, le erige, a su vez, como el futbolista de la Sampdoria que más duelos individuales vence por partido (7,8). Una versatilidad, por tanto, que se sustenta más allá de su buen manejo con el esférico. Una vez la Sampdoria consigue desquitarse de la presión, el pie derecho de Torreira es el encargado de distribuir la ocasión por cualquiera de los costados, apoyándose en sus interiores (Barreto, a su derecha, y uno entre Praet y Linetty por el otro costado) o bien para jugar en largo sobre Zapata, sirviéndose del juego de espaldas y la potencia que detenta lejos del área. Torreira, de esta manera, es quien da forma a una Sampdoria que ya presume de fondo. Y que si ya el año pasado dependió sobremanera del uruguayo, no muy distinto parece ir encaminado este año ahora que el objetivo presagia ser mucho más ambicioso.


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