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LUCAS LEIVA EN EL CENTRO DE LA LAZIO

La Lazio de Simone Inzaghi sigue sumando a muy buen ritmo. El equipo, cuarto clasificado, certificó hace algunas semanas este arranque del curso como el mejor de toda su historia. Superior, por tanto, al que completó durante su último Scudetto conquistado, en el año 2000. El equipo romano, para que sirva como contexto, presenta unos registros infinitamente superiores a los de la 2016/17: 9 victorias (6), un empate (4) y una sola derrota (2); por ende, ha sumado seis puntos más (28) que el año pasado por estas mismas fechas (22) e incluso su balance a favor y en contra resulta más positivo: lleva 31 tantos (23) y ha encajado 12 (13). Una serie de datos que nada tienen que ver con la más simple casualidad.

Lucas Leiva (30), durante un entrenamiento de la Lazio. Foto: Marco Rosi/Getty Images Europe.


La Lazio es un hueso muy duro de roer dentro de la actual Serie A, y así se lo ha hecho saber a la mismísima Juventus hasta en dos ocasiones durante este mismo curso. El método de Simone Inzaghi, más solvente cada día y más versátil cada temporada, supone toda una encrucijada a la hora de hacer frente. No solo por cómo somete a sus rivales en cada ataque sino por cómo les obliga a jugar según la manera que más le convenga. El cuadro, a lo largo de todo este tiempo con Inzaghi al mando, se ha caracterizado por condicionar todo tipo de encuentros y rivales, de acuerdo a sus propios intereses. El equipo no es que sea perfecto y ni mucho menos se acerca siquiera a acariciar tal excelencia, pero es en este mismo aspecto, de hecho, donde reside la mayor de sus fortalezas: sabe potenciar sus virtudes a tal nivel que, por consiguiente, esta Lazio no vislumbra defecto alguno en el plano colectivo. Una proeza, la de mantener al equipo siempre junto, en su sitio y en guardia de no ofrecer resquicio alguno a su rival que, a la hora de repartir méritos, bien merecería ser personificada con nombre y apellido: Lucas Leiva.

Leiva es pieza indispensable de esta Lazio

A la Lazio no le ha hecho falta completar ni la primera vuelta de la presente temporada para constatar que el cambio de cromos que realizó durante el verano entre sudamericanos, centrocampistas y de nombre Lucas le salió bastante bien. Biglia se marchó al Milan y la escuadra romana ya contaba a los pocos días con Leiva como sustituto. Ambos futbolistas, más allá de compartir cabellera y mes de cumpleaños, cuentan sin embargo con más diferencias que la de sus años de nacimiento (Leiva tiene 30 y Biglia, 31). Ya que, en términos futbolísticos, dicha disimilitud está siendo sustancial a la hora de cómo uno y otro, con prácticamente los mismos futbolistas a su alrededor, entienden la manera de comandar al equipo. La diferencia no es tanto una cuestión de pases, de números y estadísticas, sino más bien de ritmo. De insuflar aire al equipo y de que, sobre todo, este no decaiga con los minutos. Pues eso mismo es lo que mejor sabe hacer -y así está demostrando- Leiva desde su llegada. Rodeado de hasta cuatro, cinco o incluso seis futbolistas -contando con los carrileros- de clara vocación ofensiva, ni por esas resulta sencillo coger al medio brasileño en un renuncio con el que armar la transición a su espalda


Va a todas y no se desentiende de ninguna. Esa es su filosofía de juego. La misma que, independientemente de dónde se produzca la pérdida, le lleva a realizar la cobertura. Funciona, a modo de símil, como una especia de red a la espalda de los carrileros, interiores y los puntas cada vez que la Lazio azuza en el borde del área. En todas, si un rechazo sobrepasa a cualquiera de sus compañeros apostados en la frontal -mecánica esencial para entender el fútbol que propone Inzaghi de su equipo-, interviene Leiva. El brasileño es, a diferencia de Biglia, más director que organizador: elige el destino y mide los tiempos antes de dar el pase con tal de favorecer la máxima ventaja posible a su receptor, pero toca y se mueve para favorecer así otra línea alternativa. Y ese dinamismo, precisamente, es el que en reiteradas ocasiones se le reclama(ba) a Biglia. Ha casado con el estilo como anillo al dedo. Se entiende con Parolo y Milinkovic-Savic, los dos interiores, y también con Luis Alberto, quien tampoco cesa de moverse para poner siempre a serbio e italiano de cara a portería. Una mezcla rápida, de muy pocos toques, que fortalece a esta Lazio, y a su idea (hasta ahora) predilecta de atacar con armonía.

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