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LAS 5 CLAVES DEL DESPIDO DE VINCENZO MONTELLA

El último empate a cero en casa ante el Torino ha sido la gota que ha colmado el vaso. A Vincenzo Montella se le ha acabado el tiempo, y el equipo, que se encuentra a seis puntos de Europa (14 de la Champions) y 18 de la cabeza de la tabla, será conducido por Gennaro Gattuso -entrenador del equipo Primavera- hasta final de temporada. El Milan de los 230 millones de euros, tres meses después de que iniciase el presente curso, no ha dado con el fondo ni la forma adecuada. Y es que, aun a estas alturas, al conjunto le sobrarían bastantes dedos de una misma mano para enumerar sus certezas conseguidas.

Vincenzo Montella (43), durante un partido con el Milan. Foto: Marco Luzzani/Getty Images Europe. 
  

Los fichajes no han terminado de cuajar

Montella se empeñó desde el principio en construir un sistema con hasta siete u ocho cambios (de los once fichajes) con respecto al año pasado. Y el encaje, a tenor de los resultados, ha sido de todo menos el verdaderamente esperado. Futbolistas de la enjundia de Bonucci y Biglia, en dos de las posiciones más eminentes de los diversos sistemas empleados, no han cumplido con las expectativas. Y mientras el central y el pivote -con lo que supone ocupar estos puestos en planteamientos con el dominio del esférico por doctrina- no han actuado de acuerdo al nivel presupuesto; el equipo, al margen de las actuaciones individuales, ha acumulado otro tipo de obstáculos como la inoportuna lesión de Conti, que sacudió de imprevisto todos los cimientos (aún entre andamios). Una aglomeración de razones que salpica de la primera a la última llegada y explica, de un modo más superficial, el porqué de la deriva.

El equipo no ha dado con la forma adecuada

Entre las muchas críticas que ha recibido Montella a lo largo de estos meses no se le podrá reprochar que no haya probado distintos métodos para dar con la tecla correcta. Pues el napolitano, desde que echase a rodar el curso 2017/18, lo ha intentado con hasta cuatro sistemas distintos (4-3-3, 4-4-2, 3-5-2 y 3-4-2-1). Lo ha pretendido de todas las formas y colores: con tres centrales, cuatro defensores, un solo regista, dos pivotes, una pareja de atacantes, laterales, carrileros e incluso, como antaño, con dos extremos bien abiertos. Pero nada de todo esto ha terminado por surgir efecto. Y se podría resumir que, aun cosechando ciertos halos de esperanza por el camino -sobre todo en la Europa League- más individuales (Cutrone, André Silva o Çalhanoglu) que colectivos, la inconexa organización de las piezas no le ha permitido a Montella y compañía aferrarse a ninguna luz de un horizonte tan disperso.

Muchos problemas para hacer peligro

Uno de los grandes debes del equipo que merece ser señalado es su esterilidad ofensiva. El Milan es, de entre todos los equipos de mitad de tabla hacia arriba, quien menos veces ha visto la portería (19 goles). Y no tanto por una simple cuestión cuántica con respecto a sus acercamientos, sino porque no siempre, según sus cifras, ha rematado de la mejor manera. De hecho, en términos puramente algebraicos, es el tercer equipo de la Serie A que más veces dispara entre los tres palos (79), pero su porcentaje de puntería le sitúa en 15º lugar (8,26%). En consonancia con la primera y la segunda de estas cuestiones, esto se debe a que el equipo, mal posicionado sobre el campo, se ha ido topando con diversas dificultades para construir una vía de peligro sostenible. Pues, sin ir más lejos, como se pudo ver ante el Torino, el colectivo adolece de una serie de mecanismos con los que hacer de su juego una fuente de recursos. Así que sin tener ni siquiera definida uno de estas rutas esenciales, la exigencia ha llevado al equipo a depender en exceso de la inspiración particular de futbolistas como Suso.

Al Milan le cuesta imponer su estilo

Si bien es algo que el equipo ha conseguido ir mejorando con el paso de las semanas, este hecho resultó definitorio en todas y cada una de las (6) derrotas que ha sumado hasta la fecha. Y aunque la explicación pueda parecer sencilla, este punto esconde una buena parte de los problemas que ha sufrido el Milan del presente curso. Como ya hemos explicado, Montella no fue capaz de que su equipo, a pesar de tantos cambios en la organización, consiguiera distribuirse de la mejor manera posible cuando disponía del manejo del esférico. Esto, indudablemente, inducía a que sus hombres no quedasen apostados de la manera más eficiente para pasarse el balón entre ellos ni, a su vez, de estar preparados para actuar todos juntos en el caso de que se produjese la pérdida. Así, el equipo atacaba mal y, por ende, defendía aun peor. Un errático manejo de la transición ataque-defensa que Montella, todo sea dicho, ya arrastraba como materia suspensa desde la anterior campaña.

El equipo no ha potenciado sus mejores individualidades

El proyecto, de un tiempo a esta parte y hasta que Montella encontrase el equilibrio tan ansiado, decidió entregarse en cuerpo y alma a los pies de Suso. Todo el planteamiento se construyó en torno al ‘8’, pero no para crecer al mismo tiempo que el extremo gaditano sino más bien para que este cargase con todo el peso del colectivo sobre sus espaldas. Por ello, Suso quedó obligado a resolver diversos problemas estructurales sin por ello, además, dejar de marcar las diferencias cerca del área. Y al final, como suele suceder en estos casos, ni lo uno ni lo otro. Suso, que fue el mejor futbolista del Milan 2016/17 gracias, en gran medida, a su clásico recorte por dentro con su pie izquierdo -desde el costado derecho-, en este tiempo ha debido hacer de todo y sus compañeros, en cambio, no han sido capaces de acercarle a la zona donde más peligroso se vuelve. Un caso parecido al de Ricardo Rodríguez, a menudo más central que lateral. Pues la sensación que trasciende de todo esto es que el Milan sigue en pañales cuando otros, en cambio, echaron a correr hace tiempo. Una distancia nada fácil de recuperar.

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