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ITALIA, MUY LEJOS DE LA ORILLA

Italia reunió todas las condiciones para quedarse fuera del Mundial por primera vez en los últimos sesenta años. En aquella ocasión, en 1958, se quedó fuera de la cita que, esta vez como anfitriona, también tuvo a Suecia como protagonista de su aciago destino. La Squadra, que hasta entonces había conseguido dos cetros mundiales, terminó levantando otros dos con el tiempo. Así que este, dado que nada ni nadie ha sido capaz de resurgir de sus cenizas sin haber quemado antes hasta el último de sus pilares, deberá servir como el ejemplo más inmediato. Y aunque la medida puede parecer drástica, hay indicios de que será la mejor para una Azzurra que dejó de reconocerse hace mucho tiempo.

Buffon, entre lágrimas, tras la eliminación de Italia. Foto: Marco Luzzani/Getty Images Europe.


Italia mejoró con Jorginho y Gabbiadini, pero no lo suficiente

Giampiero Ventura introdujo dos novedades importantes con respecto al encuentro de Solna: una en el mediocampo y la otra en la punta de lanza. Sin Verratti, por sanción, ni De Rossi, por decisión técnica, el seleccionador le brindó a Jorginho su primera oportunidad como titular. Y el mediocentro brasileño, a tenor de los primeros cuarenta y cinco minutos, supo responder con creces a tan exigente contexto. Nunca es tarde, debió pensar el propio mediocentro del Napoli, que demostró llegar al momento con la lección bien aprendida. Ya que incluso, pese a haber nacido en Brasil hace 25 años, alardeó de conocerse el himno nacional al pie de la letra, como uno más entre los más veteranos. El segundo de los cambios fue Gabbiadini, en detrimento de un Belotti renqueante. Y ambos cumplieron por encima de las expectativas. Uno de los principales problemas que adoleció Italia en la ida y durante la fase de clasificación es que el colectivo, en lo táctico, se terminaba fracturando más pronto que tarde. En una de las mitades, la defensa y el mediocentro (regista); en la otra, los interiores y sus atacantes. Un agravante en el juego al que tanto Jorginho como Gabbiadini, sin embargo, acertaron a encontrar remedio.


O parte del mismo. Porque sin el futbolista del PSG disponible, Ventura optó por dar entrada a Florenzi, en el costado opuesto al que acostumbra, para formar como interior izquierdo. Y aunque tanto él como Parolo, como interior por el otro lado, esta vez no desatendieron a su pivote con el mismo descaro con el que se dejó a De Rossi abandonado cuando intentaba dar los primeros pases en el encuentro de ida; ambos interiores, no obstante, también amagaron en constantes ocasiones a desatender a Jorginho, surtido por el trío de centrales. Fue entonces cuando más y mejor jugó Gabbiadini, a la espalda de Immobile, dejándose caer algo más abajo, retrocediendo unos metros para recibir, como también hacía en el Napoli -pero sin la soltura de Mertens-, y ensanchar el juego ante la subida de Darmian. Tanto el del Manchester United como Candreva, de nuevo como carrilero por derecha, protagonizaron los (únicos) acercamientos más peligrosos de Italia durante el primer tiempo. Ocasiones que, eso sí, perecían todas por alto, centradas con tibieza, sobre el área defendida por la zaga nórdica.

Ventura decidió morir fiel a sus ideas

A Suecia le bastó con conformarse con el empate. Pues poco más hizo que defender bien su área, cerrar por dentro y, muy de vez en cuando, con mayor insistencia en el segundo tiempo que durante el primero, amenazar a los espacios que Italia fue concediendo con el paso de los minutos. Por ello introdujo Andersson a Thelin, más rápido que Toivonen -y los tres centrales italianos- en este aspecto, ya que ni él ni Forsberg -quien poco a poco fue sumando toques en la parcela rival- necesitaron mucho más por parte de los suyos que un despeje hacia la línea divisoria de San Siro. Para eso, conviene incidir, entró Thelin, y también para tapar el primer pase sobre Jorginho. El mediocentro del Napoli fue perdiendo presencia en el encuentro a medida que sus diez compañeros restantes, incluido Buffon en la recta final, se fueron abalanzando sobre la portería de Olsen. Porque Italia, como es lógico, pasó de la táctica a la épica. Ventura introdujo a Belotti y El Shaarawy de golpe, respetando ante todo el dibujo(3-5-2) para que actuasen como punta y carrilero por izquierda. Aunque como los sitios importaban ya muy poco por aquel entonces, acabó con Bernardeschi casi como interior izquierdo para sumar un lanzador más al área pequeña. 

Y en esas acabó muriendo Italia. Ni siquiera llegó a acercarse a la orilla, que sin duda terminó siendo el hecho más impactante de tan acontecimiento histórico. Ventura decidió caer con sus ideas hasta el final, y por ello mantuvo a la defensa de tres hombres hasta el último momento, cargando el juego por fuera para buscar el posterior remate por dentro y con Insigne, en el más estridente de los casos, a su vera en el banquillo, del mismo modo que como empezó la eliminatoria hace cuatro días. Italia se ha quedado fuera del Mundial siendo víctima de su propia incompetencia, pues por piezas y rodaje, en cambio, esta plantilla se encontraba unos escalones muy por encima de la que se llevó Antonio Conte a jugar la Eurocopa de Francia. La Squadra Azzurra, en definitiva, nunca supo el cómo ni hacia dónde. En ningún momento, ni durante la clasificación ni durante este doble enfrentamiento ante Suecia, demostró estar verdaderamente preparada. Esta Italia de Ventura, además de por el desastre, quedará en el recuerdo por su indefinición. Porque la plantilla, aun a estas alturas, no sabe a qué diantres juega.

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