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GIOVANNI SIMEONE: ENTRE DOS AGUAS

Giovanni Simeone está llamado a hacer grandes cosas en Florencia. El cuadro toscano, durante su reestructuración durante el verano, decidió elegir al argentino como el relevo de Nikola Kalinic. Y quizás, de entre todos los movimientos que completó la Fiorentina, este cambio entre sus puntas viene a justificar de la mejor manera posible el hecho de que el equipo, tanto por piezas como por estilo, nada guarda de parecido con el de hace unos pocos meses. El atacante, según sus cifras, es el segundo futbolista más determinante de la plantilla: lleva 4 goles y una asistencia. Sin embargo, la sensación que transmite el colectivo es que aún no conoce el modo de sacar el máximo provecho a su delantero centro.

Chiesa (20) y Simeone (22), celebrando un gol. Foto: Gabriele Maltinti/Getty Images Europe.


Simeone demostró ser muy autosuficiente en el Genoa

Pero, llegados a este punto, ¿quién es responsable? ¿Contexto o futbolista? El debate, como tantos otros, podría suscitarle a uno remontarse a los tiempos del huevo y la gallina. Aunque lo más justo sería responsabilizar a cada uno de lo suyo, pues ambas partes podrían -y deberían, más pronto que tarde, por el bien de la Fiorentina- tomar cartas en el asunto. Nadie podrá poner en duda que el crecimiento de Giovanni Simeone en el Genoa, en su primera temporada en Italia, no difiere mucho de ser calificado como mayúsculo. El delantero, en pos del contexto en el que estuvo inmerso desde bien temprano, se vio obligado a comprometerse con su propia instrucción desde una filosofía ciertamente empírica: un constante ensayo y error, con más o menos espacios a tenor del escenario, en la liga que muchos hoy siguen considerando la más compleja para cualquier delantero. Y que ni contar si encima es novato. Pero Simeone, primero con Pavoletti y después en solitario, aprobó con muy buena nota durante su estancia en Génova (12 goles y 1 asistencia). Una autarquía -ahora avalada por su experiencia- en cierto modo similar a la que Pioli ya había comprobado con Icardi antes de fichar por la Fiorentina.

Será importante que Pioli potencie la conexión Chiesa-Simeone

La Fiorentina 2017/18 juega por y para su referencia ofensiva. Incluido Federico Chiesa, quien continúa creciendo a grandes pasos gracias a la libertad que le está confiando su técnico para abarcar todo el frente ofensivo. El joven italiano, a pesar de partir muy a menudo desde el costado izquierdo, se ha acostumbrado a actuar con suma autonomía de movimientos. Así, además de ocupar muchas veces el centro de la embestida, la posibilidad de arrancar ahora en otras tantas ocasiones con su mejor pie le otorga la posibilidad de hacer más cosas -como la diagonal por dentro- que la clásica acción de todo extremo en línea de fondo con la que irrumpió no hace demasiado tiempo. Todo en este equipo, como decíamos, queda a merced de asistir al ‘9’, una vez sus jugadores, sobre todo los mediapuntas, consiguen acercarse al área con la pelota controlada. De esta forma, de esta penúltima línea del campo hasta sus laterales, pasando por los centrales y, por supuesto, el doble pivote, todos tiene bien interiorizado el dónde deben encontrar a Simeone. Aunque en este caso el fin no justifica los medios.

Ahora, en la Fiorentina, le está costando más de lo previsto

La cuestión está siendo más cualitativa que cuantitativa. De hecho, la Fiorentina es, solo por detrás del Inter, el equipo que más centros laterales acomete de toda la Serie A (321), y el octavo que más acierta a completar en este sentido con el balón jugado (40). La llegada de Théréau, quien domina muy bien el timming en el salto y el olfato para cazar todo tipo de rechazos dentro del área, ha potenciado esta estrategia. Pues el equipo, con argentino y galo -ahora lesionado- de por medio, rellena bien de rematadores la parcela del contrario. Pero la lupa, en este caso, no hay que ponerla tanto en los finalizadores, sino más bien en los pasos intermedios. Simeone, como rezaba este mismo texto desde el inicio, no es Kalinic. Esto quiere decir que el argentino, a sus 22 años, no cuenta con la asociación con sus compañeros como una de sus virtudes más destacadas. Giovanni sabe moverse fuera del área, aunque su dinámica va más orientada a la agresividad en carrera que a su devolución al primer toque. 

De esto, por ahora -y quién sabe si algún día podrá hacerlo con la misma soltura que el croata-, no puede presumir a cincuenta, a treinta ni a diez metros de la portería contraria. A día de hoy, incluso, de entre los titulares de la Fiorentina es quien menos veces interviene de media por encuentro. Así que, entre que el pasador no siempre le sirve de la manera más cómoda posible ni él, por su parte, está poniendo los medios con los que permanecer en contacto con el resto, esto le está llevando a quedar durante mucho tiempo aislado de la ocasión de peligro. Es, por tanto, responsabilidad de Pioli reforzar dicha comunión entre ambas partes. Porque el equipo, con voluntad por ambos lados, cuenta con las piezas para conseguirlo. Será importante incentivar este lazo, y, para ello, que futbolistas como Chiesa, Benassi o el mismo Théréau pongan de su sus medios. Pues solo así, con la fluidez correcta a la hora de atacar, la Fiorentina conseguirá levantar el freno que por ahora lo mantiene anclado en mitad de tabla.

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