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EL SHAARAWY, EN LA BANDA DE DI FRANCESCO

El destino le ha querido tender una nueva oportunidad -¿la última?- a la trayectoria de Stephan El Shaarawy. El futbolista ítalo-egipcio celebrará en pocos meses una década desde que irrumpiese en la élite y sin embargo, hasta la fecha, la versión del extremo se encuentra aún muy distante del nivel que su destreza se atrevió a sugerir hace ya unos cuantos años en el Milan. El internacional italiano, en otras palabras, no es mejor futbolista de lo que se aventuró a prometer su estreno en el primer nivel. Sea por uno u otro motivo, lo cierto es que El Shaarawy no ha desarrollado sus prestaciones con el tiempo ni el entorno más adecuados. Aunque de pronto, a sus 25 años, esto parece haber cambiado por completo. 

El Shaarawy (25), durante uno de sus goles marcados ante el Chelsea. Foto: Alberto Pizzoli/AFP.


Di Francesco podría dar por concluido el casting por el extremo derecho

Toda temporada se resume en momentos y oportunidades, y en esas se encuentra El Shaarawy. La planificación estival de la Roma dejó desatendida la posición del extremo diestro, ocupada por Salah antes de su marcha al Liverpool, lo que llevó a Di Francesco en un primer momento a plantear distintas soluciones a la vacante con la campaña puesta en marcha y sin por ello romper con su clásico 4-3-3. El primero en probar suerte fue Defrel. Pero el galo, como ya dejó de manifiesto con el propio Di Francesco en el Sassuolo, funciona mejor como referencia que tirado a una banda. Defrel es un jugador impulsivo con el esférico, pues entre sus cualidades aúna dos por encima del resto: su velocidad y fortaleza en el contacto, lo que le terminaron dejando algo corto en sus respuestas de acuerdo a las pretensiones que exige este sistema a sus extremos. Pues estos, bajo el prisma de Di Francesco, no solo figuran para llegar hasta línea de fondo y centrar al área. El siguiente fue Florenzi, una vez recuperado de su lesión. Pero este, debido a su amplia versatilidad táctica, es solicitado más a menudo en el lateral, donde la Roma todavía espera rentabilidad alguna a su gran inversión por Bruno Peres.

Cuando juega con Perotti, El Shaarawy lo hace por derecha

Y así, hasta llegar a El Shaarawy. El internacional italiano es, de entre todos los candidatos que cuenta Di Francesco para este sitio, el más parecido a Salah. Y puesto que la nueva Roma, que poco a poco ha conseguido ir enderezando el rumbo en todos los torneos, preserva un cierto aroma a aquello que Spalletti concedió como legado, no resulta extraño el hecho entonces de que, como tiempo atrás, el equipo disponga desde sus extremos las mejores herramientas con las que interpretar según qué contexto en un mismo partido o entre varios encuentros. Esta Roma, como la de hace varios meses, continúa aglutinando muchas ocasiones de peligro desde sus costados, fruto del entendimiento que extremo y lateral confieren desde ambos lados. Por ello, una jugada muy típica de ver en el presente equipo de Di Francesco es el movimiento de arrastre que su extremo -junto con su par, normalmente el lateral contrario- transforma en un espacio que el defensor romanista (Kolarov o Florenzi) se benefician para recibir más arriba. Una lectura de la banda, ya sea una u otra, donde El Shaarawy está demostrando un crecimiento inaudito hasta este instante, en cuanto al espacio y su determinación. 

El Shaarawy suma tres goles en sus últimos tres encuentros con la Roma; lleva cinco tantos, en total, y tres asistencias.

Porque en ese aspecto, en la toma de decisiones, es donde El Shaarawy de estos momentos debe diferenciarse del El Shaarawy que todos aborrecimos ya en su momento. Tanto para jugar en corto y combinar así con su entorno -de acuerdo al guion que adopte la contienda- ya sea Dzeko, Nainggolan -ahora como interior por derecha-, su lateral o el propio Perotti, quien parte desde la izquierda y se deja caer más hacia el centro para aglutinar así más posesión del esférico; como para amenazar al espacio, en contextos donde la Roma conceda algo más de iniciativa a su rival, como le sucedió en la vuelta de hace unas pocas semanas ante el Chelsea, El Shaarawy está mostrando una evolución de lo más óptima. Como es lógico, aún se encuentra asimilando los distintos preceptos que componen esta nueva estrategia, pero su instrucción progresa adecuadamente: así lo demuestran sus cifras -3 tantos en los últimos 3 partidos-, pero también su mejora en el cálculo de las situaciones. A fin de cuentas, El Shaarawy no contemporizará su juego de la forma que lo hace Perotti. Y probablemente es que jamás llegue a hacerlo. Pero juegue con el argentino o por el mismo -por izquierda-, parece tener bien atado el qué, cómo y cuánto le exige Di Francesco siendo extremo, muchas veces a pie cambiado. Uos inputs que El Shaarawy está recibiendo en el momento idóneo: antes de su madurez profesional.

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