, , , , , , , , , , , , , , ,

ALGO MÁS QUE UN EMPATE ANTE EL INTER

El Torino estuvo cerca de dar el campanazo. Llegó a acariciarlo, tras estar ganando durante más de veinte minutos del segundo tiempo. Pero si algo ha demostrado el Inter de Spalletti a estas alturas, siendo el único equipo de la liga junto con el Napoli que aún no conoce la derrota (10 victorias y dos empates), es que todos sus rivales deberán sudar algo más que sangre si pretenden arañarle algún resultado, y más en su estadio. El empate no contentó a ninguna de las partes. Sin embargo, por venir de donde viene y por su situación en la tabla -lejos del nivel que se le presupone tanto a la plantilla como a su técnico-, quien más valorará este punto será, con total seguridad, el cuadro entrenado por Mihajlovic.

Iago Falque (27), en el encuentro ante el Inter. Foto: Emilio Andeoli/Getty Images Europe


El Torino igualó la contienda desde su sistema

El planteamiento de Mihajlovic consiguió contrarrestar el buen arranque del Inter, jugando en su propio campo y ante 70.000 aficionados enfervorecidos. El serbio formó en el Giuseppe Meazza con el 4-3-3 de antaño, y que ya ideó el pasado fin de semana ante el Cagliari, mediante el cual quiso interpelar distintas trabas a la salida de balón interista. Con Rincón como pivote en mediocampo y Baselli y Obi desde el interior derecho e izquierdo respectivamente, el Torino planteó cuantiosas dificultades a la propuesta de Spalletti. El Inter volvió a insistir por sexta ocasión (en 12 jornadas) con el 4-2-3-1 que aglutina a Vecino y Gagliardini en un doble pivote, mientras que Valero partió tan solo por detrás de Icardi. Y como a Mihajlovic no le importó renunciar a la pelota en pos de un encuentro con mayor ida y vuelta, para ello decidió emparejar a sus tres mediocentros con el trío nerazzurro. De esta forma, con Baselli presionando sobre Gagliardini, Obi sobre Vecino y Rincón muy pendiente de Valero, el Torino atascó seriamente la salida desde atrás de los locales. Una idea que, sin embargo, requirió de otra serie de factores para su correcto funcionamiento.


Como ya es común en este tipo de contextos, Valero y Candreva volvieron a ser los encargados de paliar la opresión. El primero, perseguido por Rincón allá por dónde se moviese, consiguió transformar el escollo en una baza para los suyos. Y para ello ni siquiera necesitó desquitarse por completo de la atadura del venezolano, sino que más bien prefirió utilizar su férreo marcaje, alejándolo de su punto de partida como pivote medular, para generar así un gran hueco entre las líneas. Algo que Candreva, quien no suele perdonar este tipo de despistes, aprovechó para desorganizar la propuesta de Mihajlovic. Solo así, y a través de la profundidad que a menudo brindan D’Ambrosio, como lateral derecho, y Perisic, muy abierto desde el otro costado, el Inter logró bombear una serie de centros a su delantero, quien, con muy poco, desnudó la multitud de carencias que refleja el Torino ante este tipo de incumbencias. Aunque no fue hasta la segunda mitad, aun habiendo gozado mucho antes de ocasiones, cuando Icardi acertó dentro del área. Esta vez no fue para resolver, sino para asistir con un exquisito toque de primeras a Eder tras un centro de Perisic desde la banda.

Ljajic, por izquierda, fue una de las notas más positivas del Torino

Mihajlovic optó por recuperar para la ocasión el plan de base a su llegada a Turín, y todo lo que esta misma decisión confiere. Así que, además de los distintos conceptos tácticos, como la composición de su repliegue -maniobra que Obi y Baselli, una vez Valero consiguió manejar la atención de Rincón, tardaron mucho en ejecutar debido a la altura a la que debían saltar sobre sus pares- o la confección del propio 4-3-3, el entrenador serbio también resituó la posición de ciertas piezas individuales, como es el caso de Ljajic. El futbolista, mediapunta habitual en el anterior sistema 4-2-3-1, volvió al extremo izquierdo, desde donde no completó -ni completaba- las funciones de todo ‘7’, sino que más bien reinterpretó el sitio -y muy bien- de acuerdo a sus particularidades. Con Ljajic por izquierda y Falqué por derecha, el Torino recuperó altura y anchura con el balón en los pies; aunque tanto el serbio como el español, jugando a pie cambiado, volvieron a buscar mucho el recorte hacia dentro. El primero, un clásico de hace no demasiado tiempo, volvió a tender su apoyo en la creación bajando muy abajo y ocupando todo el ancho de los tres-cuartos, lo que se materializó en una de las noticias más positivas para el Torino. Y eso, con el regreso de Belotti tras la lesión, puede inducir a un reseteo total del equipo.
Share:

0 comentarios:

Publicar un comentario