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HIGUAÍN Y EL ABISMO DE MONTELLA

A Montella se le empieza a agotar el tiempo. Y lo que es aún peor, el crédito con el que seguir confiando su proyecto en la capital lombarda. Cayó derrotado anoche ante la Juventus, en su quinto tropiezo en lo que va de curso. Y a groso modo podría decirse que volvió a decepcionar en una noche importante. Ha vuelto a dejar escapar la oportunidad de revertir unas sensaciones cada vez más habituales. Y si bien es cierto que se estrelló contra el larguero al borde del descanso, no lo es menos el hecho de que el equipo, como ante la Lazio, Sampdoria o Roma, volvió a estar muy por debajo de cualquier expectativa.

Higuaín (29), Dybala (23) y Pjanic (27), celebran uno de los tantos. Foto: Marco Luzzani/Getty Images.

El Milan chocó de lleno ante la Juventus

El inicio del Milan fue sustancialmente mejor que el de la Juventus. Montella demostró que su aplastante triunfo ante el Chievo sirvió para algo más que para reconciliar a su equipo de cara a puerta, así que diseñó un 3-4-2-1 donde Calhanoglu -centrado- y Suso -más abierto por derecha-, compartieron línea por detrás Kalinic. Y la enésima variante del napolitano alcanzó pronto su efecto. El Milan consiguió arrinconar a la Juventus durante los primeros compases del encuentro. Salía bien desde atrás, conseguía juntarse en campo rival y todo ello, además, con la correcta posición de las partes. Lo que le permitía tras pérdida encontrarse en ventaja para recuperar lo más arriba y en el menor tiempo posible. Pero lo que a buen seguro no esperaría su técnico es que el impacto se diluyese tan rápido, más si cabe después de todo este tinglado. Y es que de pronto el equipo se quedó sin respuesta ante aquello que estaba proponiendo la Juventus, sin necesidad aún de levantar el vuelo desde su propio campo.


El actual campeón italiano priorizó su esfuerzo defensivo. Quiso proteger el espacio en detrimento de encimar directamente a los portadores del esférico, armando dos largas líneas de cuatro muy abajo. Lo que a su vez, viene a explicar el hecho por el cual el Milan conseguía cruzar la divisoria con totales garantías. El balance defensivo de la Juventus dejó voluntariamente sin obstáculo a los pasadores contrarios. Decisión con la que Allegri, por su parte, demostró llegar con la lección bien aprendida. El Milan, a tenor de sus últimos encuentros, se ha acostumbrado a tener que lidiar con una presión a media altura con la que los rivales pretenden desnudar sus múltiples carencias a la hora de gestionar la posesión. Sin embargo, la Juventus prefirió replegar en un 4-4-2 con casi todas sus piezas por detrás del esférico; a excepción de Higuaín y Dybala, algo más liberados para desplegar de inmediato en caso de recuperación. Un acertijo al que el Milan, como dejó de ser noticia hace ya tiempo, se mostró inoperante de encontrar remedio.

La Juventus creció con el balón a partir de Pjanic

La actuación de la Juventus bien merecería seccionarse en tres partes del análisis. Y si la primera, hasta el cero a uno, y la tercera, tras el cero a dos, se corresponden con este ahínco por minimizar el potencial del Milan: obligando a Suso, su mejor futbolista, a alejarse de su zona de mayor impacto -con Mandzukic y Asamoah muy atentos-, para después desconectarlo por completo cuando quiso actuar más centrado; la fase intermedia tuvo por protagonistas a Pjanic y Dybala, y en última instancia a Higuaín, no por ello menos importante, pues fue quien dio sentido a la propuesta con su doblete. La Juventus no se pasó todo el partido acostada en su parcela. Tuvo tiempo para adueñarse del esférico. Y en esas, emergió la figura de Pjanic. El medio bosnio, acompañado por Khedira en el doble pivote, garantizó una serie de evidencias con las que la Juventus se sacudió el (voluntario) dominio territorial al que estaba sometida. Pjanic concedió el tiempo necesario para reunir al equipo en torno a sus recepciones; hizo lo propio con el espacio, ensanchando el sistema desde sus envíos hacia uno y otro lado; y ofreció la determinación para conectar reiteradamente con la movilidad de Dybala. 

El argentino después haría lo propio con Higuaín. Incluso sin intervenir directamente con la pelota, tal y como sucedió en la jugada del segundo: el tanto que aseveró el triunfo y dio por finalizada la contienda, aun faltando por jugarse algo más de dos tercios del segundo tiempo. La Juventus retomó su plan inicial. Y a pesar de que Montella lo volviese a intentar desde el banquillo, como en la noche ante elInter, devolviendo a Borini al carril derecho e introduciendo a André Silva sin prescindir de Kalinic en el frente ofensivo, tampoco esta vez atinó con la mejor fórmula. El Milan consumó así una nueva derrota y materializó de esta forma las aciagas premisas que le desbordan. Si Suso, tal y como sucedió ante la Juventus, no es capaz de tirar por su cuenta; el equipo se está mostrando incapaz a estas alturas de hacerlo por su voluntad. Reflejo de que Montella, sin mayor certeza que la de su extremo, se dirige hacia el abismo cuesta abajo y sin frenos.

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