, , , , , , , , , , ,

EDIN DZEKO LEJOS DEL ALCANCE

La inspiración de Edin Dzeko ha dejado a Montella con el agua al cuello. La Roma, que se impuso por cero a dos en San Siro, materializó un importante paso por sus objetivos. En primer lugar, en un vistazo más resultadista, por vencer ante un (teórico) rival directo, lo que además le permite no perder de vista al resto de contrincantes con sus mismos intereses. Y la segunda instancia, no menos importante, en cuanto al progreso del proyecto. Suma cinco victorias consecutivas entre Champions y la Serie A, lo que significa que la idea, la cual se encuentra todavía gestándose, adereza convenientemente el caldo que todo proyecto precisa para alcanzar el fondo y la forma potencialmente previstos.

Edin Dzeko (31) celebra su tanto conseguido ante el Milan en San Siro. Foto: Zimbio 
Borini, por derecha, fue el encargado de dar vuelo al sistema

Montella mantuvo para la ocasión el sistema de los tres centrales. Con Musacchio, Bonucci y Romagnoli atrás, el cuadro venía arrastrando una evidente carencia táctica con el balón bajo su potestad. Un déficit que viene a ser explicado en dos de las tres líneas que ocupa el Milan sobre el campo. Pero sobre todo en una muy concreta: la que confiere su carril derecho. Si durante el curso anterior el propio Montella decidió reorganizar su salida por dicha zona, apoyando con el interior y extremo al lateral de este sector, el encargado de portar desde más abajo el esférico. En esta ocasión, aunque el plan parecía ser orientado hacia una cuestión parecida -mejorando a los encargados de dar este primer paso-, la baja de Andrea Conti ha terminado por emborronar este crucial aspecto. Una ausencia que para este duelo, consciente de las dificultades que la Roma iba a arremeter (y arremetió) con una presión a gran escala, decidió cubrir con la entrada de Borini. Quien sí supo responder.


El extremo italiano, reconvertido para el duelo como carrilero derecho, fue uno de los nombres más destacados del Milan ante la Roma. Sino el que más, junto a Biglia y André Silva. Estos tres, cada uno en lo suyo, permitieron al cuadro rossonero desquitarse durante muchos minutos de la ya mentada presión que ejerció la Roma desde el inicio. El argentino, como jefe de máquinas en el mediocampo, logró testimoniar la posesión de los suyos en campo rival. Un aspecto, conviene subrayar, que venía quedándose algo corto en el planteamiento. El atacante, muy móvil fuera del área, respondió como el nexo más activo que el centrocampista encontraba por dentro para sostener el control de la pelota sobre terreno rival. Y donde entró en escena Kolarov, para bien y para mal en cuanto a los intereses romanos. El serbio, como lateral izquierdo, fue el jugador que más toques dio de su equipo durante la noche (113). Y a pesar de orientar la salida de los suyos en numerosas ocasiones, alejándose así de cualquier ademán de presión por parte de Silva o Kalinic, el mismo supuso un arma de doble filo para Di Francesco: cada vez que Borini le apretaba a su espalda tras pérdida, donde evidenció que su manejo del pie izquierdo se desmarcó hace ya tiempo de la velocidad, su otra gran cualidad de antaño.

La entrada de Pellegrini pronto cobró mucho sentido

Lorenzo Pellegrini debió entrar al campo sin previo aviso a causa de la forzosa marcha de Kevin Strootman (minuto 30). Y muy pronto, en cambio, su ingreso recompensó la marcha del medio neerlandés. El joven italiano parecía devolver a Nainggolan por izquierda, como interior del centro del campo a tres, pero Lorenzo, sin embargo, comenzó a actuar indistintamente por los dos lados con motivo de una estrategia muy concreta. Si el Milan, como antes decíamos, logró asentar fases de posesión sobre suelo romano gracias al criterio de Biglia con el balón (con un 82% de acierto), Di Francesco decidió rentabilizar el cambio ejerciendo presión sobre la dolencia que su equipo acusó desde bien temprano. Así, con Pellegrini muy encima del portador del esférico, fuese Biglia o cualquiera de los interiores, la Roma completó la última pieza que le faltaba a su mecanismo tras pérdida. Una presencia que fortificó el desgaste con el que la Roma, carente de presencia ofensiva, logró al menos equilibrar las fuerzas en un primer tiempo marcado por la permuta de dominancias, cada uno a su manera.

Edin Dzeko, fuera del área, continúa en constante crecimiento 

El paso de los minutos hizo mella en los dos conjuntos que, aún con 0-0, dejaron de perseguirse mutuamente para adoptar una vía menos conservadora. Se agrandaron los espacios en mitad de campo, por lo que el carril central se convirtió en un verdadero correcalles. Pudo ganar cualquiera, a decir verdad, pues ambos lograron pisar el área de su rival con la suficiente vehemencia como para atemorizar al de enfrente; hasta que en esas emergió la figura de Edin Dzeko. El bosnio, de un tiempo a esta parte, se ha convertido en uno de los atacantes más completos que atesora hoy en día el panorama europeo. Continúa respondiendo bien de cara a puerta, como muestran sus ocho goles en ocho encuentros que acumula en este curso, pero su crecimiento se ha visto aún más resaltado cuando actúa fuera del rectángulo. Redondeó un encuentro que hasta entonces no estaba siendo el mejor desde que viste para la Roma (9 de 18 pases acertados), con dos detalles propios de un fuera de clase. El primero de una conducción en trescuartos que finalizó al palo largo; y el segundo, más significativo, cuando desplazó consigo a toda la defensa para servir a Florenzi la victoria que, por el tiempo que deberá esperar hasta poder confeccionar su réplica (debido al parón de selecciones), puede trastocar el proceso que Montella tenía estipulado entre sus pasos.

Share:

0 comentarios:

Publicar un comentario