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ALEKSANDAR KOLAROV POR EL COSTADO IZQUIERDO

Luciano Spalletti eligió el mejor momento para despedirse. Se quiso retirar en lo alto, como los buenos artistas. Y por ello, decidió emprender su marcha a sabiendas de que el proyecto, tras dos años de proceso, se encontraba en el punto exacto para retirarlo de la vid. Con la elección, evitó ser responsable de que el fruto, como tantas otras veces, terminara cayendo en cualquier momento por su propio peso. Así que la Roma, a salvo de cualquier magulladura, decidió aprovechar la coyuntura: conservó la parte más madura y se la confío al alumno con mayor proyección de esta nueva escuela que regenta en Italia.

Aleksandar Kolarov (31), durante esta temporada. Foto: Valerio Pennicino/Getty Images.


Y en esas se encuentra Eusebio Di Francesco, en moldear al equipo de acuerdo a su imagen y semejanza. Aunque la línea, con respecto a uno y otro técnico, sea ciertamente continuista; el ex del Sassuolo, como puede resultar lógico, está en proceso de adecuar la estrategia. Un mecanismo de clara vocación ofensiva, construido en torno al esférico y que si hace unos años le convirtió a él y a los suyos en la revelación del curso, hoy, con sus matices, le han llevado a ser la apuesta de uno de los banquillos más exigentes -por historia, que no por títulos- de toda Europa. Di Francesco, en su empeño de hacer suyo desde bien temprano el equipo, ya ha articulado diversos puntos de su dogma -empezando por el sistema (4-3-3), lo que ha devuelto a Nainggolan al interior-, sin por ello renunciar a los últimos vestigios del entrenador interista: como los movimientos de Dzeko, sin ir más lejos.

Hasta que ese tedioso proceso se dé por finalizado, Di Francesco ha conseguido ir adhiriendo a la causa algunas de las muchas certezas que Spalletti, a base de prueba y error, fue coleccionando hasta poco antes de cambiar de aires. Una y otra plantilla, en función de por dónde se mire, puede presentar diversas contrariedades con su homóloga. Un hecho, del todo contrastado, cuando uno pone bajo sospecha al lateral izquierdo y al extremo del sector opuesto. La Roma no logró reclutar durante el verano a un futbolista de un corte parecido al de Salah, ya no solo por su calidad en bruto sino en cuanto a las características propias de un extremo al uso (a excepción de Cengiz). Siendo, para más inri, este 4-3-3 de Di Francesco un módulo que sustenta buena parte de sus intenciones en el fútbol que invierte hacia sus costados. Y mientras se le encuentra una solución de verdadero provecho al asunto, entre Defrel -reconvertido-, Florenzi, El Shaarawy -a pie cambiado- o el mismo turco; Monchi, por su parte, ha saldado uno de los principales debes de la plantilla durante los últimos años.

La zurda de Kolarov ya ha rescatado seis puntos

La ostensible irrupción de Aleksandar Kolarov, además de puntos, le ha concedido un tiempo muy valioso a sus nuevos compañeros. Y sobre todo a su técnico, en pos de ir ensamblando la propuesta sin la peor consejera de por medio. El futbolista serbio, a sus 31 años, no detenta la explosividad en su carrera de antaño. Es cierto que sus primeros pasos, tras la arrancada, continúan generando ventajas sobre una amplia mayoría de los contrarios, pero esto se debe a que Kolarov ha sabido canalizar esta potencia gracias a una mejora en su lectura táctica. El de Belgrado, más allá de su eléctrico pie izquierdo, desarrolló de la mano de Pep Guardiola en el Manchester City una serie de inputs que ahora, en Roma, está empleando en según qué situaciones. No es de extrañar, por tanto, que a estas alturas sea el futbolista de la Roma que más veces interviene por partido (96,5), que sea quien más pases en la mitad del equipo rival completa (34,7) ni que también lidere, de hecho, el registro de centros al área (3,33). Kolarov, en otras palabras, se ha erigido en un instrumento de gran versatilidad. 

La salida del esférico del equipo, conviene apuntar, continúa siendo orquestada desde dentro. De Rossi, como elemento más posicional del mediocampo, es quien retrasa habitualmente su posición para facilitar la maniobra desde bien abajo. Sin embargo, son cada vez más los equipos que saltan a presionar a la Roma. Y estos, por norma general, lo hacen sobre los primeros receptores que acumula el equipo a mitad de camino, sus interiores. Con Nainggolan y Strootman, a quienes Di Francesco ha situado al contrario de cómo se convirtió en costumbre -ahora, el belga por derecha y el neerlandés por izquierda-, encimados y obligados a recibir de espaldas, es entonces cuando irrumpe Kolarov desde el lateral izquierdo. La Roma ha encontrado una solución de plenas garantías para dañar con la pelota, además de protegerla. Perotti -diestro por izquierda, quien acostumbra a recortar hacia dentro- o El Shaarawy -a quien le gusta trazar la diagonal hacia el área- son quienes acompañan a Kolarov desde el extremo, aunque en ninguno de los casos infieren en la otra gran especialidad del serbio: su centro desde la línea de fondo. A fin de cuentas, con dicha profundidad, Di Francesco ha hallado una ruta más práctica de llegar hacia Dzeko. Un recurso donde Kolarov, al margen del balón parado (dos goles de falta), está resultando muy determinante (dos asistencias).

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