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SAÚL Y CORREA SONARON DISTINTO

El encuentro entre Roma y Atlético de Madrid dejó patente que, por muchas vueltas de este deporte, el fútbol seguirá sustentándose por dos principios básicos. Dos conceptos que, como romanos y madrileños ilustraron en el Olímpico, no por ser más veces repetidos, ni por encontrarse fuertemente arraigados a cualquier pensamiento lógico, dejan de ser menos ciertos. El primero hace referencia a que el fútbol, tal y como hoy en día lo conocemos, basa en los errores su principio como juego. O dicho de otra forma, errar menos que tu contrario y aprovechar sus fallos para acercarte al segundo credo: anotar siempre un gol más. Dos reglas básicas que ninguno supo solventar anoche en pos del cero a cero con el que abandonaron el campo.

Saúl (22) disputa un esférico ante los futbolistas de la Roma. Foto: Atlético de Madrid

El costado de Filipe y Bruno Peres copó las miradas del primer tiempo

Ya no solo de cara a puerta, que también, la primera parte entre Roma y Atlético vislumbró una grosa cantidad de equivocaciones. Empezando por la Roma, Di Francesco dispuso del habitual 4-3-3 por sistema. Un módulo que, como ya sucediese ante el Inter, volvió a atender un cambio sustancial con respecto a los meses anteriores: el perfil de Nainggolan y Strootman en mitad de campo. A diferencia que en tiempos anteriores con Rudi García o incluso Luciano Spalletti, tanto belga como neerlandés actuaron en distintos registros a los que tenían por costumbre. Esto es, con Nainggolan por derecha y Strootman por izquierda, la primera lectura que trasciende del cambio es que el nuevo técnico de la Roma pretendió que, en caso de llegar al área, tanto el uno como el otro lo hiciesen en una situación más ventajosa en caso de armar el disparo. Pero no fue por ahí, en cambio, donde sonaron los tiros. Por derecha, con Bruno Peres, Defrel y la irrupción en segunda línea de Nainggolan entre el central (Godín) y la espalda del lateral (Filipe Luis), la Roma adivinó la zona por la que hacer daño al Atlético. Conbalón, que conviene remarcarlo.

La misma zona, curiosamente, que vislumbró el conjunto rojiblanco a su parecer. El primer tiempo se tradujo en un constante intercambio de golpes entre Filipe Luis y Bruno Peres. Aunque la Roma armaba su ofensiva con más velocidad en campo contrario, los de Simeone lograron amenazar más seriamente a su oponente con un movimiento que, sin embargo, nada tenía que ver con dicho costado. Mientras Koke, por delante de Filipe Luis, interpretó de buena manera lo que el colectivo precisaba de sus botas sin necesidad de contactar con el esférico, el propio Simeone acertó en raspar la rendija que dejó la Roma entreabierta. Griezmann y Vietto, como pareja ofensiva, no precisaron de realizar un gran desgaste para taponar la principal ruta de salida. Mientras el francés atacaba al poseedor del esférico y el argentino hacía lo propio con el otro central, el espacio entre ambos resultó ser tan minúsculo que ni Manolas ni Juan Jesús arriesgaron a trazar un solo esférico vertical en dirección a De Rossi. Así que con el capitán fuera del juego, al menos en cuanto a la salida se refiere, la posición de Thomas-Gabi por dentro colmó entonces la orientación que Di Francesco tuvo que dar a su circulación: la banda derecha.

Saúl Ñíguez representó la parte distinta del encuentro

Aunque si el planteamiento estaba tan claro, ¿por qué encontraron Roma y Atlético tantas opciones para hacerse daño? Es aquí donde reside la primera premisa anteriormente descrita. Sin balón, los primeros cuarenta y cinco minutos de locales y visitantes acumularon un sinfín de errores sintomáticos a la altura del curso en la que nos encontramos. Ninguno, a decir verdad, completó una buena presión sobre su rival. De esta manera, sin peaje alguno, uno puede llegar a entender la friolera de dieciséis remates que ambos se repartieron por igual antes del descanso. Pues solo un hombre fue capaz de imperar su fútbol en un dominio tan alterno. Mientras que Koke, por izquierda, conseguía conectar con su mediocampo por dentro para generar la superioridad conveniente con la que traspasar al trío de centrocampistas con los que formó la Roma; Simeone consiguió conectar a un cuarto hombre para la causa: Saúl Ñíguez. También por dentro, cediendo el carril a Juanfran (quien no quedó bien parado con cada pérdida ante Perotti), fue a partir de esta retahíla de toques interiores con la que el Atlético logró instaurar sus mejores minutos de la primera mitad. 

Y también de la segunda, a decir verdad, pues de nuevo el de Saúl fue el nombre más destacado sobre el campo. El futbolista del Atlético, partiendo siempre del flanco derecho, se convirtió en el único capaz de servir en ventaja a sus propios delanteros -algo que jamás consiguió la Roma con Dzeko-. Lo hizo con Vietto, quien abandonó el césped del Olímpico incapaz de solventar el mal que arrastra de cara a puerta, y volvió a repetirlo con Correa, una vez el ‘11’ rojiblanco ingresó al césped con su particular bravura a cuestas. El Atlético, que fue empotrando a la Roma con el paso de los minutos, abandonó la capital italiana incapaz de batir a Alisson (quien cuajó intervenciones de mucho mérito) por una cuestión nada desconocida para su técnico. Di Francesco, que acabó armando a su equipo en un 5-3-2, se pudo dar por satisfecho de que al final, para el recuerdo, vio cómo sus chicos tomaron el impulso suficiente para al menos, que no es poca cosa, pisar el área de un Jan Oblak que volvió a dejar su portería a cero en la máxima competición continental. 
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