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ICARDI NO ENTIENDE DE CADENAS

El Inter se bastó de tan solo diez minutos para asaltar el Olímpico. El tiempo que necesitó Mauro Icardi para romper con su aciaga racha en la capital de Italia. Ya que hasta la fecha no había visto aún puerta en sus siete visitas a Roma, ayer, con un doblete en el segundo tiempo, consiguió redirigir a los suyos en este buen arranque: seis puntos de seis, con solo un gol encajado por seis a su favor -de los cuales, cuatro son del argentino-, en estos dos primeros encuentros del curso. Los dos tantos ante la Roma, los cuales maquillaría Vecino en la recta final, plasmaron un molde parecido: girando, ganando espacio con el cuerpo y armando el disparo a la media vuelta. Dentro del área. Marca de la casa del de Rosario.

Mauro Icardi (24), celebra uno de los tantos conseguidos ante la Roma en el día de ayer. Foto: Tuttosport

La Roma fue muy superior en el cómputo global…

Eusebio Di Francesco volvió a ser adalid de emplear un sistema formado por interiores y extremos. Como ya hiciese en Sassuolo y en su debut de la semana pasada en Bérgamo. Tan solo introdujo un cambio con respecto a este último encuentro. Y por obligación, conviene resaltar, debido a la baja de Bruno Peres; la cual decidió suplir con Juan Jesús como lateral diestro, dando entrada a Fazio en el centro de la zaga. La Roma adoptó una dinámica muy marcada desde un principio, en una versión más convincente de aquella que lució ante la Atalanta el pasado fin de semana. Con un centro del campo formado por De Rossi, Strootman y Nainggolan -devolviendo así al belga a la posición de interior-, Di Francesco ordenó a los suyos presionar muy arriba la salida de balón del Inter. Por lo que, asfixiando en un constante emparejamiento de sus piezas con el doble pivote y la mediapunta interista, la Roma se mostró más sólida desde los primeros compases. Con Vecino y Gagliardini en el medio y Valero por delante, ni siquiera volver a centrar a Candreva, como ya hiciese ante la Fiorentina, fue remedio suficiente para que Spalletti lograse sacudirse el yugo al que fue sometido.


Pues en este mismo aspecto, el de la presión tras pérdida, residió la respuesta principal a buena parte del encuentro. Mientras que la Roma, una vez se deshacía del control de la pelota, activaba de manera automática el ejercicio medular por recuperarla; el Inter, por su parte, no encontró la forma de plantear una respuesta similar a su contrario cuando era ellos quienes perdían el esférico. Puesto que no todas las piezas laboraban siempre al mismo tiempo en este aspecto, el cuadro 'giallorosso' detectó en este hecho una ruta sencilla, a pocos toques, con la que dar fluidez a su posesión. Di Francesco, al contrario que en su debut, posicionó en esta ocasión a Nainggolan y Strootman en los perfiles contrarios -esto es por derecha e izquierda, respectivamente-, aunque a falta de seguir testando esta variante, la misma no supuso trascendencia alguna a la hora de acometer el juego. Ya fuese por dentro, con De Rossi muy activo, tanto en la presión sobre Valero como en hacer rodar el cuero de un lado al otro, o por fuera, prodigando a Kolarov por el costado izquierdo; la Roma consiguió aunar la circulación, cual fuese el derrotero, sobre el juego de espaldas de Edin Dzeko. Pues el bosnio, lejos del área, volvió a sevir de nexo entre el ataque y el medio.

…Hasta que Icardi irrumpió dentro del área 

Pues en este sentido, y aunque Defrel no se pueda comparar con Salah; entre el propio francés, las incursiones de Perotti hasta línea de fondo por izquierda, el juego de Dzeko y la llegada de sus interiores, la Roma consiguió generar ocasiones hasta bien entrada la segunda parte. Tras el descanso, Spalletti decidió retirar del campo a Gagliardini, lo cual resituó a Valero a jugar en el medio, a la vez que Joao Mario entró para ocupar la mediapunta. Y ni por esas, sin embargo, el Inter consiguió trazar una ruta ofensiva con la que, al menos, lograr acercarse al área defendida por Alisson. Hasta que casi de manera fortuita, de una recuperación a gran altura, Candreva -de nuevo alejado de su asidua posición como extremo-, consiguió poner a Icardi el balón entre sus piernas. Literalmente. Pues el envío, a todo esto, tampoco fue el soñado; en ambos goles -primero por mediación de Candreva y después de Perisic entrando por izquierda- Icardi se atribuyó gran parte del mérito debido a su buen hacer dentro del área: para revolverse y armar la pierna. Dos goles, como dos mazazos, que de pronto, y a pesar de que la Roma llegó a estrellarse hasta en tres ocasiones contra la madera, terminaron por sentarla de bruces sin saber muy bien ni cómo ni en qué momento perdió un encuentro que llegó a meritar otro resultado. 

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