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HAMSIK A POCOS TOQUES CONTRA EL NIZA

El Napoli de Maurizio Sarri, en su tercer año de convivencia, volverá a disputar las tres principales competiciones del curso futbolístico. Y llegados a este punto, con la versión final del proyecto alcanzada, la exigencia debe entonces dirigirse en estas alturas a acometer el asalto por el recuerdo imborrable de todo deporte. Aquel que siempre se podrá tocar. Y el cual, permanezca o no anclado a la memoria, podrá ser rememorado en todo momento con tan solo echar un vistazo a la vitrina de los trofeos. El club partenopeo, bien maduro de acuerdo a sus pretensiones futbolísticas, advierte, como tantas otras veces sucedió en la historia, a caer en el olvido si antes, de una vez por todas, no hubiese logrado tallar su nombre en el olimpo de los respetables.

Marek Hamsik (30), durante el encuentro de Champions League ante el Niza. Foto: SSC Napoli

Hamsik volvió a marcar la diferencia

El Napoli se impuso con suma claridad al Niza durante los primeros cuarenta y cinco minutos de la vuelta. En todos los sentidos, desde la presión, la recuperación, el repliegue y también el peligro. Y esta superioridad, más concretamente, albergó un nombre y apellido muy concretos: Marek Hamsik. El eslovaco, desde que el propio Maurizio Sarri decidiese reconvertirlo al interior izquierdo del equipo, ha ido experimentado un crecimiento proporcional a la evolución que ha ido teniendo el proyecto; y en estos momentos, de cara a esta temporada, ambos se encuentran completamente hechos. Hamsik, partiendo de dicha posición, ha ido sacrificando kilómetros a sus piernas en detrimento de su cabeza. Así que, de una manera más posicional, a muy pocos toques, fue como el ‘17’ partenopeo logró anular cualquier tipo de intención por parte francesa. Cerca de Jorginho, con el brasileño como encargado de seguir completando los primeros pasos en salida, la conexión entre ambos permitió al Napoli asentar su dominio sobre el campo contrario. Situación que Insigne, Mertens y Callejón decidieron potenciar, como puntales del tridente ofensivo, actuando en un ratio pequeño pero muy dañino: a la espalda del mediocentro.

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Con los extremos y el atacante favoreciendo tal situación de dominio, distribuyéndose por la zona más concurrida del campo; Hamsik, como nexo entre ambas zonas, logró conectar siempre con cualquiera de estos. O con Ghoulam, como lateral izquierdo, quien también se benefició del hecho de que todos sus compañeros pisasen sobre el campo contrario. La movilidad de los tres de arriba hizo el resto, no solo en cuanto al argumento ofensivo se refiere sino también en cuanto al repliegue. Con Walter, Tameze y Seri en el círculo central según el dibujo, lo cierto es que en fase de salida Favre hizo siempre variar el dispositivo: mientras que Walter adelantaba su sitio, siempre más cerca del costado -el cual completaba en caso de pérdida-, Sneijder fue el encargado de retrasar su sitio para agilizarle las cosas a Seri. Aunque para entonces, con los extremos bien abiertos por fuera y Mertens como punta de lanza, fue Sarri quien consiguió emparejar sus piezas en mediocampo con las de su contrario: de tal forma que en ningún momento el Niza, ni en la primera ni en la segunda mitad, realizase una salida cómoda. Ya que si logró estirarse fue, como en San Paolo, gracias a la electricidad de la presume Saint-Maximin.

Saint-Maximin fue el mejor argumento del Niza
Tanto en la ida como en la vuelta, Saint-Maximin respondió como la peor amenaza a la que se enfrentó el Napoli en la eliminatoria. Con Sneijder haciendo de interior izquierdo en el momento de organizar el juego desde abajo, la línea de pase más concurrida fue la que conectaba directamente con el atacante francés, en su misma banda. Mientras que Balotelli cayó en numerosas ocasiones a merced de Albiol y Koulibaly, muy agresivos a la hora de encimar al atacante italiano, Saint-Maximin fue el encargado de poner patas arribas el entramado partenopeo. En cada arrancada, en cada acción que nacía desde sus botas, el joven fue el único capaz de encender las alarmas. Así fue incluida la segunda mitad, cuando Favre decidió introducir oxígeno en su parte más ancha del terreno con Lees-Melou y Marcel, a quien Sarri encontró respuesta con el dinamismo que ofrecen mediante sus cambios de ritmo Rog y Zielinski. Insigne, al borde del final, en una de sus clásicas acciones que perecen en el borde del área rival, puso la sentencia a una eliminatoria que, además de reintegrar al Napoli en la mesa de los grandes, señala a Hamsik como una de las amenazas de todo comensal dispuesto a alzar la copa.

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