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EN EL MOMENTO ADECUADO

No resulta descabellado argumentar a estas alturas, tras un verano de lo más ajetreado entre idas y venidas, que la Juventus 2017/2018 resulta ser un proyecto sin fondo ni forma. Todo lo contrario, como se pudo apreciar en la Supercopa disputada ayer en Roma, a la Lazio de Simone Inzaghi. La cual, en el presente mercado, se ha movido en la dirección y con los protagonistas adecuados para no desperdiciar un ápice del trabajo que viene completando. Pues tal trofeo, al que tuvo acceso como finalista de la última Copa, supone un merecido reconocimiento a una escuadra que avanza en el sentido indicado.

Los futbolistas de la Lazio posan con la Supercopa de Italia. Foto: beIN Sports / Reuters


La Lazio, con Immobile en punta, se organizó en un 3-5-1-1

Inzaghi avisó desde bien temprano cuales serían sus intenciones. Sin Keita Baldé entre los convocados, y con Felipe Aderson y Caicedo aún poco rodados como para medirse a la Juventus, la Lazio quiso mantener el mismo plan de base que meses atrás. Al menos en cuanto a su estructura, ya que los centímetros de Milinkovic-Savic, quien formó a la espalda de Ciro Immobile, ofrecen otro tipo de recursos muy distintos de los que presumen senegalés y brasileño. Organizado en un 3-5-1-1, el cuadro supo encontrar pronto la debilidad a los de Allegri. No le fue necesario presionar muy arriba, a gran escala, ni tampoco organizar un repliegue corto, en el borde de su propia área, para evidenciar desde el inicio, según la estrategia que confeccionó la Juventus para presentarse en el Olímpico, que estos meses estivales no están siendo los más apacibles en la parroquia bianconera. Puesto que sin Bonucci como eje principal del sistema, el equipo ha perdido algo más que su bastión defensivo.


Así que la Lazio, como se debe hacer ante este tipo de situaciones, le echó cara al asunto. Con el serbio por detrás de Immobile; y con Luis Alberto, a su vez, cubriendo la vacante que había dejado en el mediocampo Milinkovic-Savic, a uno de los lados de Lucas Leiva; el colectivo agarró pronto el testigo del encuentro. Y lo hizo sin necesidad de adueñarse de la pelota. Pues esta, de principio a fin, siempre premió en el reparto estadístico a Pjanic y compañía. El equipo romano avistó la zona por donde meter mano al encuentro. Y esa decisión, en primera instancia, supuso acotar la zona de influencia a la que tuviera acceso a la Juventus. De esta forma, a lo largo de la primera mitad, resultó habitual ver al centrocampista bosnio de la Juventus recibir muy cómodo de sus centrales, Benatia y Chiellini, pare girar, avanzar o combinar en corto con Khedira. Y no mucho más. Pues mientras los de Allegri engrosaban las cifras de posesión a la altura del doble pivote, la Lazio mantuvo atado cualquier atisbo que amenazase su parcela.

Allegri encontró respuesta en el banquillo: Douglas Costa brilló por fuera

Con Cuadrado y Alex Sandro, cual extremo y lateral zurdo, vigilados muy de cerca por Lulic y Basta; la acumulación interpuesta por Inzaghi en mediocampo supo hacer lo propio con Higuaín y Dybala, hasta privar a la Juventus de cualquier posibilidad de salida. La Lazio, sin precisar de un control sumamente elaborado de la pelota, logró ir encajonando a su rival contra su propio campo. Una vez recuperaba el cuero, en pocos toques, el argumento ofensivo requería un esfuerzo ímprobo de Immobile para lidiar él solo, esta vez sin velocista que lo acompañara, contra los espacios y los centrales. Y no pocas veces se impuso el italiano. Logró provocar el penalti que él mismo se encargó de transformar. Y de no ser por Buffon, quien mostró mejor destreza bajo el larguero que para achicar en el uno contra uno, el descalabro de la Juventus pudo ser peor al descanso. Que lo sería, conviene destacar, al inicio de la segunda parte. Momento en el que Allegri, reticente a cambiar su plan con respecto a la final de Cardiff, decidió dar entrada a los nuevos. Y ninguno de los cambios resultó en vano. 

Douglas Costa, De Scilio y Bernardeschi alcanzaron cierto grado de incidencia en el encuentro. En ese mismo orden y de mayor a menor calado. El brasileño, que arrancó muy abierto por derecha, respetando las reglas del 4-2-3-1, comenzó a incidir mucho muy pegado a la cal. Tanto para regatear como para después poner el centro, su posición a banda cambiada le exigió a su pie izquierdo un constante recorte hacia dentro. El cual, una y otra vez, a diferencia de lo que había conseguido antes Cuadrado, le permitió a la Juventus ganar metros en campo contrario. Por allí actuó también De Sciglio, más ofensivo que Barzagli cuando se trata de actuar como lateral, quien potenció esta última fase de dominio. Y por último, entró Bernardeschi, quien resituó a Costa de lado, mientras él entraría a jugar por el derecho. El empuje que adoptó la Juventus llevó a Inzaghi a relevar sus costados dando entrada a Marusic y Lukaku por Basta y Lulic. Aunque el verdadero agitador del encuentro, como en otras tantas ocasiones, volvió a ser Dybala. El argentino golpeó en dos ocasiones a balón parado. Aunque de nada sirvió porque el guion, como si ya estuviese escrito -eso, y que la Juventus se olvidó de volver a cerrar la puerta en el último suspiro-, advirtió en beneplácito de quien nunca se dio por rendido.

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