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EL MILAN 2017/18 (II): EL CENTRO DEL CAMPO

Vincenzo Montella se encuentra ante el proyecto más imponente de toda su carrera. Al menos, hasta día de hoy. El curso 2017/18 responde como la inversión más ambiciosa del Milan durante los últimos tiempos. Y solo un hombre, entre tanto desembolso y caras nuevas, contará con la tremenda potestad de transformar en realidad la ilusión por regresar al futuro. Con gran parte del vilipendio invertido en su centro del campo, será precisamente este, de acuerdo al vigor por el que se rigen las normas del fútbol moderno, el sector encargado de virar el destino más próximo de un gigante que por fin, tras tantos años de letargo, parece dispuesto a recuperar su lugar de antaño.

Franck Kessié (20), durante un entrenamiento de pretemporada con el Milan. Foto: ACMilan

El Milan contará con tres caras nuevas en mediocampo

Una vez esbozada la partitura defensiva, sobre cómo defenderá y, sobre todo, hará partir desde sus dominios el esférico. Es momento de tratar con esmero la zona más recatada de la columna, la cual, más allá de dar sentido a la pelota, mantendrá en pie a tal imponente colectivo. En dicha zona del campo, el cuadro se ha reforzado con hasta tres nombres de diferente índole. Lucas Biglia, Franck Kessié y Hakan Çalhanoglu. A la espera, eso sí, de descubrir con más detalle qué planea Montella con el futbolista turco particularmente. Estos tres rostros, una vez acoplados, ilustrarán, casi por seguro, las tres piezas más redundantes de la medular lombarda; si es que el ex del Bayer Leverkusen termina por ocupar el interior y no el extremo izquierdo. Tres incorporaciones que, al margen de cualquier casualidad, de acuerdo a su categoría y las prestaciones que pueden desarrollar sobre el verde, suponen una bala de refresco en la línea que secciona al 4-3-3, el sistema más utilizado por Montella en los meses anteriores (2016/17).

“Aunque Bonucci-Biglia sea la ruta principal, Montella ya ha planificado una vía alternativa con Ricardo Rodríguez”.

La aparatosa lesión de Riccardo Montolivo y la urgencia de entregar el testigo del regista a Manuel Locatelli terminaron por dejar algo desprotegido al Milan en el lugar más solemne del módulo. Tanto en la salida, la cual Montella debió dirigir hacia su costado diestro; como en el repliegue colectivo, una vez el contrario armaba el contragolpe; la escuadra rossonera evidenció una serie de debilidades que en este mercado de fichajes no podía dejar al desamparo. De esta forma, Biglia ejercerá por mantener conexa la estructura milanista. Aunque antes de conseguir implantar al argentino -opción que deberá esperar, debido a la lesión muscular que sufre y lo retrasará un tiempo-, el napolitano ha esbozado una nueva plantilla de salida. Esta vez por izquierda, con Ricardo Rodríguez como protagonista. Ya que si Biglia, en ciertos escenarios, no consigue mediar con la presión que acostumbra a efectuar todo contrario que se mide al Milan, la misma que atropelló a Locatelli; Montella, por si acaso, ya ha esbozado otro par de rutas alternativas. Igual de limpias, solo que con distinto epicentro, pues tal ejercicio requerirá de las otras dos patas que alberga(rá)n el centro del campo milanista.

Biglia-Kessié en mediocampo, como motor del cambio

De esta forma, Montella contará con distintas rutas por las que dirigir el esférico. La opción entre Leonardo Bonucci y Lucas Biglia, una vez alcancen el estado físico-táctico adecuado para entrar desde el inicio, apunta a ser la más recurrida. A pesar de que falta por conocer si el central contará (o no) a su lado con un par de escoltas: lo cual arrastraría a los laterales a actuar de carrileros y, por ende, proporcionaría un giro al planteamiento no del todo extraño en la clarividencia del propio técnico. Aunque por el momento, como decíamos, la vía entre italiano y argentino se perfila como la más fiable a la hora de organizar su fútbol y rehuir, a su vez, cualquier atisbo de presión contrario; al ser aún demasiado pronto, y puesto que seguramente ni el propio Montella sepa de qué manera resolver ciertos temas, lo que sí parece claro es que el Milan dispondrá de tantos instrumentos en la organización a razón de superar cuantos cometidos le arroje su rival. Y esos esfuerzos, sea cuales terminen siendo, exigirán numerosas incumbencias a los interiores. 

El costamarfileño fue de más a menos durante su etapa de eclosión en Bérgamo, y como reflejo de lo que es Gasperini como entrenador siempre figuró cual mediocentro (por derecha) del doble pivote. Sin embargo, el estilo de Kessié parece moldeado a las pretensiones que debe adoptar todo interior. Resulta habitual, por su fisonomía, ver al africano abarcar muchos metros entre el mediocampo, desde donde parte, y la frontal de enfrente. En ambas direcciones, pues su recorrido le lleva a sostener un constante balance entre ataque y defensa. Mientras que arriba sabe cómo desenvolverse para combinar y, más que nada, atacar por fuerza el área; en defensa, cuando el repliegue suena por toque de corneta, ahí también Kessié adopta(rá) un papel diferencial. El de Costa de Marfil cumplirá, a tenor de lo visto en pretemporada, como el perfil más parecido al box-to-box que tanto ansiaba Montella: quien por piernas, y no de un excelso saber táctico (como hará Biglia), deberá mantener todo bien amarrado. Aunque si la cosa cambia, y el Milan se rearma en torno a un doble pivote, Kessié será el menos preocupado de los once.

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