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BORJA VALERO PARA CORREGIR AL INTER

El traspaso de Borja Valero al Inter rompe con todos los cánones del fútbol moderno. En este caso, el futbolista no arrastra ingentes cifras monetarias a su paso, así como tampoco aterrizará bajo el pretexto de ser una de esas tantas promesas que, sin dejar de serlo, maniatan de manos al bolsillo a quien pronto confía de su brote un legado eterno. En pos de mostrarse indolente ante el paso del tiempo, como solo unos pocos consiguen hacerlo en su sitio, el madrileño decidió adoptar una reconversión que le hace circular con viento de cola en este último proceso de su trayectoria. La cual, adoptando este nuevo destino, reniega a caer tan pronto en el olvido. 

Borja Valero (32) durante un partido con la Fiorentina la temporada pasada. Foto: SportYou

Por lo que venía mostrando el Inter, el fichaje cobra mucho sentido

Dado que el español atesora aún mucho fútbol, el movimiento del Inter sí puede trascender como uno de los más inteligentes a razón de inversión, cualidades y necesidad entre ambas partes. Borja Valero venía precisando desde hace tiempo un escenario mayor con respecto a sus maneras, las de un mediocentro ibérico en un fútbol tan variopinto como es el italiano, por lo que la renovada ambición del conjunto lombardo podrá ser ese ansiado escalón que de haber llegado antes, una vez ha rebasado ya la treintena (32), quién sabe qué proyección podría haber amparado la carrera de uno de los futbolistas más talentosos que ha exportado España y que amenaza al filo del retiro sin haber vestido jamás la indumentaria nacional a nivel oficial. Pues debido a la laudable calidad que detenta, será, eso sí, la piedra angular del proyecto que dirigirá Luciano Spalletti, en un Inter que venía exigiendo un perfil parecido al de Valero. Y que ahora, de un solo golpe, se ha hecho al mismo tiempo con un medio de corte creativo y que además presume del (último) pase más cotizado de este deporte.

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Valero vs Udinese: arranca desde mediocampo (90% de acierto en pase).
Los últimos fichajes del Inter en mediocampo no han sido, a tenor de los resultados,  los más fructíferos en la que muchos consideran hoy en día como la parcela más determinante del terreno. Por exigencia y aun menos rendimiento, los capataces más recientes de la medular nerazzurra se terminaron quedando cortos con aquello que Stramacioni, Mazzarri, Mancini, De Boer o Pioli, cada uno en lo suyo y de acuerdo a su estilo, han venido exigiendo a sus mediocentros. Melo, Medel o el penúltimo Kondogbia, a excepción de Gagliardini, algún ramalazo de Brozovic y el adiós mediante de Kovacic, no han contentado la demanda cual talento imaginativo en su salida. Y es por ello que si el Inter no termina por incluir a otro centrocampista de estas lides de aquí al cierre de mercado, Valero se vea obligado a pasar mucho tiempo bajando a recibir muy abajo, en una versión afín a la que mantuvo Banega durante su paso, lo que le llevará a completar un constante ida y vuelta entre el medio y la corona del área rival.

Valero se verá obligado a completar una ida-vuelta constante

Valero vs Lazio: mucho movimiento en 3/4 y baja hasta mediocampo.
Así como en el ataque, Mauro Icardi se ha venido quedando algo aislado con respecto al resto del colectivo, y sobre todo de sus pares ofensivos -los extremos y, cuando Banega bajaba, también del futbolista más inmediato a su espalda-, la llegada de Valero pretenderá corregir este (otro) mal endémico que ha venido arrastrando el Inter en todos -o casi todos- sus encuentros. Algo que ni De Boer ni Pioli fueron capaces de encontrar remedio durante el año pasado, entre primero su compatriota y después Joao Mario, a una posición que, por pretensiones entre distintos sectores, no siempre le aportó el flujo constante que un "9" como Icardi precisa para desarrollar su versión más completa. Ya que de inicio, quizás, al igual que pretendió Paulo Sousa en la Fiorentina, el método inicial conste de acercar a Valero al área contraria con tal de ejecutar, con mayor preeminencia por el pase que el disparo; el plan corre el riesgo de volver a mostrarse descubierto si el envoltorio de su mediocampo no adopta el poso apropiado (por ahora Gagliardini-Kondogbia). 

A la espera, entonces, de conocer el rol definitivo que adopte en la escuadra. Todo ello maquillado por un plus técnico que le hace acariciar cada esférico, en cada control o envío, lo cual facilitará la agilidad con la que el Inter avance en campo rival. De esta forma, entre ofrecer al argentino un enlace constante de cara a puerta y contactar con los dos extremos -o cuantos quiera incluir Spalletti si mantiene el 4-2-3-1, pasa a un 4-3-3 o decide probar suerte con una pareja en tres cuartos similar a la de su estancia en Roma-; a la par, si cabe la necesidad, Valero deberá volver a diversificar su fútbol con tal de mantener fluido el juego que parte desde bien atrás. Precisamente por esa misma exigencia destacó en Florencia. Y no será por desconocimiento del torneo ni del rol encomendado por lo que se podrá dilapidar el nuevo (y al fin ilusionante) movimiento nerazzurro.



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