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SIN ESCALÓN ENTRE GAGLIARDINI Y PETAGNA

La Italia de Luigi Di Biagio, una de las apuestas más recurridas a proclamarse campeona del Sub-21 europeo, hizo acto de presencia en Cracovia. Para medirse a Dinamarca, debido al grado de exigencia, dispuso de sus mejores armas sobre la mesa. En un encuentro en el que logró imponerse por cero a dos, gracias a las esporádicas individualidades de Pellegrini y Petagna. Un primer asalto que encerró, como suele resultar lógico a estas alturas de cualquier torneo, más grises que claros. Pues si las mejores impresiones acabaron señalando a ciertos nombres en lo individual, tan solo la solidez del final esgrimió el mejor hacer colectivo.

Federico Bernardeschi (23) controla un esférico durante el encuentro ante Dinamarca. Foto: Getty Images


Gagliardini supo ver el paso atrás; pero Pellegrini-Benassi no lo acompañaron

Dinamarca bordó el planteamiento durante los primeros cuarenta y cinco minutos. A través de una propuesta más concisa que la transalpina, y mediante el 4-4-2 que esbozó de principio a fin del choque, el conjunto danés basó su estrategia en ceder cualquier conato de iniciativa. Aunque dicha decisión, conviene destacar, no resultaría del todo gratuita a la distintiva azzurra. Roberto Gagliardini, como pivote de un triángulo en mediocampo que Lorenzo Pellegrini y Marco Benassi cerraban desde el interior zurdo y diestro de manera respectiva, pronto entendió que el bien colectivo debía ser conducido dando un paso atrás a su sitio. Pues Italia, que había iniciado el partido más volcada, incisiva y en teoría más voluntariosa que su contrario, fue perdiendo fuelle con el paso de los minutos. El del Inter, de esta forma, algo más cerca de sus centrales, y más distante por consiguiente de la primera línea de presión danesa, provocaría, según la lógica, que los suyos comenzasen a gozar de una posesión más fluida en fase de salida. O más sencilla, cuanto menos. Aunque la medida, en cambio, se cobró el efecto contrario al pretendido.

Ni Pellegrini ni Benassi, como decíamos, interiores del 4-3-3 italiano, se cercioraron de la repercusión que un simple paso atrás podría haber proyectado ofensivamente al bloque en general. De esta forma, sin un trazo de pase claro sobre la génesis de la propuesta, ya que la pareja de medios naufragaba en dicha parte del juego entre los centrocampistas y atacantes escandinavos (como si ellos mismos de adentrasen en la propia jaula), obligaba al propio Gagliardini a hacer rodar el esférico de manera horizontal, a no muchos metros de distancia, combinando con Barreca y Conti hacia la única zona, la de los laterales, que ofrecía una entrega segura. Pues resulta de este preciso matiz el que, apagón mediante, llevó a Italia a basar sus intenciones de ataque a lanzar en largo sobre sus extremos, Berardi y Bernardeschi, quienes atendían a actuar bien abiertos a la cal. O sobre Petagna, de espaldas y a muchos metros de la portería, para recibir, girar y combinar con su par más cercano. Una necesidad particular de cada integrante del tridente que, en lo general, terminó por lastrar la puesta en escena de Italia. Pues Di Biagio, quien probó a cambiar de costado a sus extremos a poco del descanso, prorrogó su atención de dar con la verdadera tecla.

Una vez se puso por delante Italia, el encuentro cambió su guion por completo

El propio centrocampista del Sassuolo, de un genial escorzo de chilena, logró adelantar a los suyos. Un tanto, recién iniciada la segunda mitad, que hizo cambiar entonces las tornas de lo que hasta el momento relataba la contienda. Sin la urgencia de tener que ver puerta, una vez Pellegrini consiguió abrir la lata, la Nazionale reescribió el escenario: más junta, más compacta; a lo que el ingreso de Federico Chiesa en lugar de Berardi, señalar que para actuar como hombre más ensanchado por izquierda, terminó por desenfundar la intención italiana: aprovechar los espacios que Dinamarca, obligada a tomar el esférico por su cuenta con tal de afrontar una desventaja tan corta, pudiese dejar descubiertos a sus espaldas. Pero ninguna de estas premisas hizo girar el resultado, ni siquiera la incertidumbre, debido a que ni los unos apretaron en exceso ni los otros, lo suficientemente cómodos mandando en largo sobre Petagna, quien trajo de cabeza a los centrales con el mismo repertorio estilístico que ha venido luciendo en Bérgamo, y mediante el cual terminaría ampliando la renta. Y sirviéndose en lo defensivo de la transición que Caldara y Rugani ejecutaban por delante de Donnarumma, Italia expuso su primer acto como candidato.

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