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SCHICK MINÓ CUALQUIER PUENTE

Italia se encuentra al borde del abismo. Tras ganar ante Dinamarca en la jornada inaugural, el tropiezo en Tychy ante la República Checa (3-1) habilita una única opción de permanecer con vida en el torneo: ganar a Alemania, la selección que, junto a España, se ha mostrado más convincente en lo que va de Europeo, y esperar a que el cuadro escandinavo del grupo, ya eliminado (tras caer 3-0 ante los germanos), haga lo propio precisamente ante el cuadro checo. Di Biagio, quien realizó numerosos cambios en comparación con el primer encuentro, volvió a pagar caro una falta de productividad que ha venido arrastrando Italia desde antes de aterrizar en Polonia. Y lo peor, en vistas al sábado, no parece siquiera cerca de alcanzar solución.

Marek Havlik (21), en el momento del segundo gol ante Italia. Fuente: Getty Images


Italia introdujo rotaciones con respecto al debut: ninguna respondió positivamente

Luigi Di Biagio decidió hacer variaciones en el segundo encuentro del torneo. El partido que, en una competición tan corta y en un grupo de tal exigencia, situó al filo del precipicio a una de las principales candidatas a reinar el Europeo. A pesar del buen inicio italiano, como sucediese hace escasos días en Cracovia, donde el combinado azzurro pretendió imponer un ritmo alto, de suma intensidad, a sus primeras acciones sobre el balcón contrario. Andrea Petagna, quien de nuevo volvió a repetir en punta, escoltado por Berardi y Bernardeschi otra vez en sus costados, el cuadro checo supo ataviar pronto al delantero de la Atalanta. Y, por consiguiente, al cuadro transalpino en general. Con un Petagna muy vigilado en cualquier recepción, cual fuese la altura y la dirección del giro, ambos extremos perdieron el nexo sobre el que proyectar la diagonal fuera-dentro de la que presumen en Fiorentina y Sassuolo. Así que, con Petagna desconectado del colectivo, y dos extremos que hacían agonizar el juego de manera interior ante el repliegue checo; ni Conti ni Calabria lograron ensanchar el terreno. Pues de poco sirvió en este sentido disponer de un lateral diestro por izquierda.

Patrik Schick, referencia de la República Checa, detectó pronto la dolencia italiana

Lo que agujereó el 4-3-3 italiano. Más allá del buen arranque del combinado durante el segundo tiempo, seguramente el mejor tramo del colectivo en la efeméride del torneo, y la repercusión de Federico Chiesa desde el banquillo (y repitiendo por izquierda), la República Checa volvió a tomar el timón del encuentro a medida que los minutos fueron descontando (como sucedió hasta el descanso). Uno de los cambios que ejecutó Di Biagio con respecto al choque ante Dinamarca fue, además del ya mentado Calabria -siendo diestro por izquierda-, la inclusión de Cataldi en lugar de Gagliardini. Sin el centrocampista del Inter, fundamental en la victoria ante los daneses, Italia pasó a echar en falta centímetros en su medular. Algo que, acompañado de la ausencia de Caldara, quien presume de uno de los marcajes al hombre más asfixiantes -como ha explotado en la Atalanta de Gasperini-, los azzurri cedieron al atacante de la Sampdoria un espacio aéreo letal de acuerdo a sus características: bajar, prolongar o recibir de un salto en el que siempre lograba imponerse. El delantero de la República Checa, durante primera y segunda mitad, logró hostigar por alto a sus contrarios, facilitando así la salida y generando un roto en tal parcela que ni medios ni centrales acertaron a resolver, mientras Soucek, Travnik y Jankto fueron azuzando de esos metros un dominio irrevocable en el resultado.


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