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EL SENDERO DE ZIDANE A CRISTIANO: EL MADRID, CAMPEÓN DE LA CHAMPIONS 2017

No importa cómo inicie el asunto. Cómo llegue al descanso. Ni siquiera, una vez se había adelantado, que la defensa hasta entonces más fiable del continente lograse empatarle unos instantes más tarde. El Real Madrid levantó su decimosegunda Copa de Europa. La edición de Zinedine Zidane. Y, por encima de cualquier ser terrenal, la de un Cristiano Ronaldo que, en demasía, ha firmado una decena de tantos entre cuartos, semifinales y final. Cuando, para muchos, realmente inicia tan distinguida competición como la Copa de Europa. Ante Bayern, Atlético y Juventus, el portugués abanderó tres exhibiciones de ensueño. De supremacía. La solvencia del que, por la desgracia de compartir milenio con la genialidad innata más pura que ha conocido jamás este deporte, ha demostrado ser leyenda cual ejemplo de competitividad.

Los jugadores del Real Madrid levantan la Duodécima Copa de Europa, la segunda consecutiva. Foto: Zimbio

La Juventus, con diferentes matices, llegó a dominar toda la primera mitad

Massimilano Allegri volvió a repetir la fórmula de las últimas semanas, aquella con la que consiguió batir el eléctrico planteamiento del Mónaco: la de Barzagli como lateral derecho, Alves por delante del mismo y manteniendo intacto su doble pivote en mediocampo. Estrategia con la que durante los primeros cuarenta y cinco minutos logró tener ataviado, nada más y nada menos, que al Real Madrid más completo de los últimos años en cuanto a técnica individual (y en conjunto) de sus centrocampistas. El rombo entre Casemiro, Kroos, Modric e Isco, en el 4-3-1-2 que volvió a construir Zinedine Zidane, no consiguió progresar con suma facilidad en campo contrario. Pues la Juventus taponó, una vez replegó en el 4-4-2 que redirige a Alves y Mandzukic como volantes, cualquier tipo de combinación o intento de aproximación a los tres cuartos más próximos a Buffon, obligando al Madrid a salir desde sus costados. Así, dada la calidad del uno y la exuberancia física que abandera el otro, el equipo blanco logró golpear primero a pesar del buen hacer bianconero. Carvajal, con suma potencia, arribó hasta el último tercio del césped para servir en bandeja a Cristiano Ronaldo. Un golpe que, cabe mencionar, no resultó definitivo, debido, en resumen, a lo que venían haciendo ambos.

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Pues, de manera proporcional, mientras el Real Madrid decidió recular un paso en su sistema, este lo aprovechó la Juventus para avanzar en su propuesta. Para cercar el lazo sobre una parcela en la que consiguió dejar sin respuesta a los blancos. Y donde antes, como premio a su buen arranque, llegó a acumular distintas ocasiones de peligro sobre la portería de Navas; Mario Mandzukic dejó para el álbum póstumo uno de los escorzos más estilísticos que recuerda la competición hasta la fecha. Ya no solo por su forma, que también, sino por el momento y el contexto. La Juventus demostró la valía que el primer mazazo de Cristiano amenazó con dejar sentenciada. Con croata y brasileño bien abiertos por parte de los bianconeri, Allegri descubrió, más que nada, sus claras intenciones de poner trabas al Madrid en todas sus parcelas. De esta forma, ante una Juventus tan consciente de sus posibilidades y sus excesos, Zidane no encontró mayor respuesta de peligro que el centro lateral. Al que, como si de hace tiempo lo viniesen esperando, Chiellini, Bonucci y Barzagli atendían siempre de cara. Y en ventaja, debido a la superioridad numérica que atesoraban (junto a Buffon) ante Cristiano y Benzema dentro del área.

El Real Madrid, con Cristiano al mando, terminó por engullir completamente a la Juventus

Allegri volvió a disponer de Alves-Mandzukic bien abiertos en las bandas
A golpe de plumazo. El segundo tiempo pareció dar cuenta a una final muy distinta a la que compareció al descanso. La Juventus perdió su ventaja en todos los sentidos. Dejó de presionar como al principio, de combinar con tanta facilidad en mediocampo -donde Pjanic siempre había estado llegando con suma soltura hasta la mediapunta- y, sobre todo, se vio obligaba a achicar los metros que, a la postre, terminaron por definir el desenlace. El planteamiento de Allegri, a fin de cuentas, se acabó tornando en su contra. Los laterales, aquellos a los que había exigido al Madrid a iniciar y finalizar su fútbol, resultaron siendo un arma de destrucción masiva. Sergio Ramos, Raphael Varane y Casemiro, centrales y pivote del sistema, dinamitaron cualquier intento de desapego juventino. Y entonces, previo paso por un Modric, Kroos e Isco que, entonces sí, comenzaron a exponer sus mejores versiones entre regates, conducciones, pases y desquites al contrario, el asunto, recayó bajo responsabilidad del que, por fortuna blanca, jamás se ha dejado arrugar. Sin apenas capacidad de respuesta, con tantos metros entre Alves, Dybala e Higuaín (Cuadrado) y el área de Navas, el Madrid desde sus costados, y con Cristiano Ronaldo por bandera, se adueñó de las tornas de un escenario donde Casemiro y Asensio, como venían demostrando, volvieron a determinar el rumbo europeo del equipo. Se aferró, con apegó, a las asas de una Copa de Europa tan bien gestionada, por la forma, el fondo y el camino escogido. Estamos, por lo que hay, y quizás aún más por lo que se viene, ante un nuevo ciclo de dominio. Ya que por hambre y experiencia, el Madrid ha demostrado no haber otro cortejo tan sencillo, sutil y efectivo como su idilio con la Copa de los Campeones.

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