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HIGUAÍN Y BUFFON EN LA COMPETICIÓN DE DANI ALVES

La Juventus de Massimiliano Allegri ha alcanzado su punto tan ansiado. El conjunto turinés acaricia, a falta de resolver la contienda de vuelta en casa, su segunda final de la Champions en tan solo dos años. Y esta vez, arribado este punto, amenaza claramente a galardonar un ciclo que empezó mucho tiempo atrás con Antonio Conte en su banquillo. La Juventus, hecha y derecha, presume de ser el mejor equipo a estas alturas del torneo (diferenciando convenientemente, entre equipo, como colectivo; y plantilla, por un cúmulo de nombres). Y como sostén de su éxito, una racha que extiende en hasta diez horas de juego sin haber recibido un solo tanto, habiéndose ya enfrentado a FC Barcelona y Mónaco (en 90 minutos); siendo, estos dos, los principales artilleros que posee a día de hoy el fútbol europeo.

Leonardo Bonucci () y Gianluigi Buffon () durante un tramo del encuentro. Foto: Juventus.com

Massimiliano Allegri, sin Cuadrado desde el inicio, formó un 3-4-1-2 con la BBC en defensa

La previa del encuentro se encontró, entre ambos conjuntos, muy marcada por las ausencias de última hora. Mientras que el Mónaco perdía a Mendy por izquierda, lo que hacía variar las alas de la defensa para situar a Sidibé por dicho costado y a Dirar por derecha, en un suceso que terminaría minando parte de las expectativas monegascas en el torneo; la Juventus, por su parte, no pudo contar con Cuadrado desde el arranque. Y a decir verdad, sin que todavía echase a rodar el balón sobre el césped, la eliminatoria pareció dar un giro por completo en cuanto al guion imaginado. El conjunto bianconero dispuesto en un 3-4-1-2, tras mucho tiempo sin hacerlo, recuperaba a su BBC defensiva en un encuentro de tal categoría. Abrió a Dani Alves al costado: sobre el papel, para actuar como doble lateral, por delante de Andrea Barzagli; aunque, a decir verdad, se pasó gran parte de la noche actuando como carrilero. Y todo lo que eso implica, lo bordó. El brasileño fue uno de los nombres propios de la cita, más allá de sus dos asistencias a Gonzalo Higuaín, por el fondo y la forma que fue capaz de ilustrar a su actuación individual. Dani Alves, muy por encima de los otros veintisiete, exhibió su tan curtida pericia en la Copa de Europa. Pues por algo destaca como el único que la ha levantado.

Mapa de calor: Pjanic + Marchisio vs Mónaco. Omnipresentes.
La Juventus salió muy entera al primer compás de la velada. Miralem Pjanic y Claudio Marchisio, como doble pivote tras la sanción de Sami Khedira, permitieron agarrar el dominio de los suyos en los instantes iniciales. El bosnio, del primero hasta el último minuto que estuvo sobre el campo, brilló como nunca antes lo había hecho con la Juventus. Como mediocentro. Y en una competición como la Champions. Estuvo absolutamente en todo cuanto fue exigido. Ya que no solo defendió el corazón de su propio área, cuando al final de cada parte el colectivo decidió medir sus fuerzas a pocos metros de Gianluigi Buffon, sino además para lucir un clinic técnico con y sin esférico. Los italianos, de inicio, consiguieron salir muy sencillo desde su propio campo. Y esto, no obstante, encierra dos lecturas tan distintas como, una vez mezcladas, esclarecedoras de tal episodio: Leonardo Bonucci, otro de los grandes nombres en clave Juventus, encontró suma facilidad para conectar con sus dos mediocentros, a un solo golpe, el de su pase, para desbaratar el primer escalón de la presión entre Kylian Mbappé y Radamel Falcao. El otro concepto, en cuanto al propio Mónaco, hace referencia a la naturaleza de sus dos mediocentros. Fabinho y Bakayoko, dos futbolistas de tal vuelo, sobre todo en el caso del segundo, no encontraron el modo para acompañar el ejercicio que sí estaban realizando los volantes. El que exigía un Leonardo Jardim desgañitado. Y el que ellos, más bien todo lo contrario, interpretaron hundiéndose sobre su propio espacio. Lo que resultó fundamental.  

Kylian Mbappé, de sus propias botas, concedió una versión que atemorizó a la Juventus

Gran parte de las previas se habían centrado en el duelo individual que Kylian Mbappé y Paulo Dybala, dignos sucesores de la orden mundialista del fútbol, y que ahora se debaten entre el presente y la promesa, estaban a punto de formalizar. Ambos, siendo justos, estuvieron a la altura de las expectativas. Aunque el francés, de su particular intencionalidad, aquella que dignifica el intenso estilo de este Mónaco, a todo ritmo, y que de poco necesita para generar una ocasión de verdadero peligro, fue capaz de poner a esta Juventus contra su propia portería. Le desquitó del dominio, de su salida de balón y, sobre todo, fue la principal –y única- pieza que consiguió desposeer a esta Juventus de su principal fortaleza. Todos le temieron, menos uno. Y Gianluigi Buffon, de nuevo y en alguna que otra ocasión más durante el encuentro, mantuvo muy de cara las expectativas del conjunto. En el encuentro. Y como ya hiciese ante Andrés Iniesta en cuartos de final, del cruce en su más amplia totalidad. El juego posicional del Mónaco en el centro del campo terminó por convertirse, sin embargo, en el principal aliado del bando bianconero. Dani Alves supo leer a la perfección el momento. Se apoyó en Dybala. Y carrera contra el viento estampó una de las mejores individualidades que atesora durante este curso la Champions. La remató Higuaín, como si esa pelota pesara una tonelada, para golpear de forma crítica todo lo que, poco antes, había enhebrado el galo.

La entrada de Moutinho fue positiva, pero la Juventus volvió a retroceder sus pasos

Mapa de despejes de la Juve vs Mónaco: 44. Resistió la ofensiva lateral.
Con el marcador a favor, como viene siendo menester del ideario táctico de Massimiliano Allegri a lo largo de los últimos meses, la Juventus decidió recular su posicionamiento. Entregó la iniciativa. La posesión, que terminaría corriendo a cuenta del Mónaco. Y mostró, desde el gol de Higuaín y hasta que arribó el tiempo de descanso, el por qué por todos era tan temida en el cruce de semifinales. Leonardo Bonucci, acompañado por Giorgio Chiellini y Andrea Barzagli a cada uno de lados, puso el listón muy alto. En cada despeje. Cada balón dividido. Cada acción medida, ya que contaba con un amarilla en su parecer, sobre las dos referencias ofensivas del cuadro rival. Lo puso a tan altura que incluso al propio Chiellini le fue difícil de alcanzar en el último tramo, donde el Mónaco se volcó a acercar posturas en el marcador, una vez introdujo a Moutinho en mediocampo y liberó a Bernardo Silva de jugar tan escorado. El de Pisa se mostró algo nervioso en distintas situaciones, con Radamel Falcao merodeando su sitio, hasta el punto de que fue el mismísimo Gianluigi Buffon, por bajo y después por arriba, quien mantuvo en pie la estructura colectiva. El portugués, desde el sitio de Bakayoko, dotó a sus compañeros de una mayor fluidez a partir de sus decisiones. Y eso, si no llega a ser por el desacierto del uno o el extraordinario tino de su contrario, hubiera permitido que el Mónaco viajase la próxima semana a Italia sin la obligación de despojarse de todas las riendas desde tan temprano.  

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