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PAULO DYBALA ANTE SU GRAN NOCHE

Paulo Dybala está llamado a marca una época dentro de la élite mundial del fútbol. A sus 22 años, el argentino es uno de los nombres más destacados de la Serie A, donde con su equipo, la Juventus, ha acostumbrado a protagonizar jornada sí y jornada también actuaciones que mucho tardarán de ser olvidadas en la máxima distinción del deporte rey en Italia. Hace algo más de doce meses, a causa de una lesión, se ausentó del cruce con el Bayern en octavos, cuando los suyos cayeron amargamente apeados. Por lo que ahora, en su quinta temporada en el Calcio, Europa aguarda ansiosa por acoger su esperado gran salto.

Paulo Dybala (22) celebra uno de los goles conseguidos durante esta temporada con la Juventus. Foto: El Gráfico

Massimiliano Allegri, en su nuevo sistema, le ha entregado la mediapunta al argentino

Paulo Dybala se mueve como pez en el agua en su nueva demarcación. El paso al sistema 4-2-3-1 le ha retirado del costado derecho, desde donde arrancó los primeros meses de la presente temporada como (falso) extremo de un 4-3-3, para situarlo por dentro. Más centrado, como ya despuntase en el Palermo; aunque, por aquel entonces, muchas veces era él quien ocupaba la punta y el Franco Vázquez quien se resguardaba por detrás. En esta ocasión, a la espalda de su compatriota Gonzalo Higuaín, Dybala funciona como enganche del sistema, donde se ha erigido por su propio empeño como la piedra angular sobre la que se sustenta el ideario táctico del colectivo. El argentino, desde hace ya tiempo, se sabe de la responsabilidad que conlleva su técnica. Y desde su aterrizaje en Turín no ha hecho otra cosa que retroalimentar dicho protagonismo. Resulta habitual, ya fuese en el 3-5-2, el 4-3-3 o el sistema que organiza a la Juventus hoy en día, que Dybala sea el encargado de bajar más abajo, a la altura de mediocampo, para facilitar la salida más fluida del cojunto. Y si además uno atiene al manejo de su pierna izquierda y la orientación, a menudo involuntaria, de dejarse caer hacia la banda para combinar con Alves (y ahora también Cuadrado), el paralelismo, con otro argentino de cuna, resulta inevitable en repetidas ocasiones.

Paulo Dybala, sobre Leo Messi: "Es alguien al que admiro por lo que hace como jugador y del que veo sus partidos desde que empezó. Ha sido mi ídolo desde siempre. Y entiendo las comparaciones, pero la gente debe saber que yo no soy Leo Messi, ni quiero serlo en el futuro. Leo solo hay uno, igual que Maradona. Yo soy Paulo Dybala". 

Mapa de calor Dybala vs Chievo: 90% pase, 7 regates y 2 asistencias.
Sin embargo, la nueva estrategia de la Juventus no ha tenido un impacto simplemente numérico, sino que, en cuanto se refiere su credo ofensivo, la maniobra también ha virado en virtud de sus múltiples recursos (así como carencias, dicho sea de paso). Para empezar, en estático, la Juventus ha perdido la fluidez de antaño con la que, desde una segunda línea, a través de sus interiores, sostener el empuje contra el rival y su propia área. Mandzukic o Sturaro, tras la lesión de Pjaca -primer suplente del croata-, no funcionan como extremos al uso, de esos que reciben para encarar, driblar y pisar línea de fondo. Allegri, en cambio, los emplea como bisagras de una formación instruida tras cada pérdida en formar un 4-4-2. El exatacante del Bayern y el Atlético, además, es un as en eso de imponerse en el juego aéreo; no solo en la salida del esférico -ante presiones muy pronunciadas como puede ser, en este caso, la del FC Barcelona-, sino también para buscar el remate cuando la Juventus opta por la solución más recurrente. Desde el costado derecho, Juan Guillermo Cuadrado y Dani Alves forman, con la ayuda de Dybala, el sector más desequilibrante en estos momentos para los bianconeri. Con el colombiano, a menudo, bien abierto al costado, la diagonal de Alves y/o la atracción del argentino ofrecen un marco más ventajoso al extremo que, tras el regate, acaba sirviendo el centro.

La baja de Sergio Busquets, en la ida, puede ser un filón a explotar por la Juventus 

La razón invita a pensar que, en el Juventus Stadium, así como en el cómputo global de la eliminatoria, el cuadro italiano deba saldar una presión a gran escala del conjunto azulgrana. Al menos, según parece, es lo que ha venido preparando Massimiliano Allegri desde que el sorteo volviese a cruzar su camino, dos años después de Berlín, con el de Luis Enrique Martínez. A lo largo de las últimas semanas, ante rivales como el Napoli o incluso el Chievo Verona, no ha resultado extraño ver a una Juventus que, como si ante eso mismo se estuviese previniendo, ha decidido ocupar buena parte de sus encuentros en un ejercicio de destreza defensiva. Desde su propia parcela del campo, cediendo cualquier tipo de iniciativa, el conjunto ha pasado a formar en un 4-4-2, con Dybala e Higuaín en punta, donde cada recuperación, sin intención de buscar el esférico a muchos metros de su portería, se convertía en una estampida hacia la transición ofensiva. Y donde Dybala, si la Juventus consigue librar el primer escalón del FC Barcelona, podría adoptar un rol esencial, como el de en su día Morata ante el cuadro alemán; pues en el Juventus Stadium los del asturiano no podrán contar con su cortafuego mejor especializado para este tipo de situaciones. Si el de Córdoba, desde su ingenio, llegase a construir una vía de escape para asomar la cabeza, a la vez que la pericia de su técnico logra mantener la entereza en la parte más baja del campo, la Juventus tendrá entonces hecho más camino del que, a simple vista, podría enseñar su estrategia de un claro tinte proteccionista.

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