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MASSIMILIANO ALLEGRI YA LO HABÍA SOÑADO

Seis minutos. Poco más de 360 segundos le bastaron a Paulo Dybala para derribar de un zurdazo a la media vuelta, con efecto al palo largo, la puerta que hasta entonces lo mantenía a la espera de la élite más mediática del fútbol europeo. El futbolista de la Córdoba argentina comandó uno de los primeros tiempos más insolentes, por rival, contexto y ensayo de madurez, de todos cuantos tiene constancia la Juventus en su recuerdo más cercano. El paso firme, aunque ni mucho menos decisivo, lo sitúa algo más cerca de las semifinales de la Champions; pero antes, y aunque solo Massimiliano Allegri conozca la fórmula, deberá confirmar a todo el continente que está preparada, con el Camp Nou de testigo, para cortejar a la más deseada.

Paulo Dybala (23) dispara en la acción del segundo tanto ante la mirada de Javier Mascherano (32). Foto: RegioDeporte

Massimiliano Allegri mantuvo el 4-2-3-1 de las últimas semanas: en lo numérico y estratégico

La Juventus de Turín saltó a por el Fútbol Club Barcelona. Y para ello, Massimiliano Allegri mantuvo el plan de base de las últimas semanas: no solo en cuanto al esquema, sino también la estrategia. Con Miralem Pjanic y Sami Khedira como doble pivote, mientras que Juan Guillermo Cuadrado y Mario Mandzukic actuaron, como venía siendo habitual, por el costado izquierdo y derecho del campo; el cuadro bianconero localizó pronto el lado más endeble del Fútbol Club Barcelona. La misma zona que, no por casualidad, venía siendo en uno y otro conjunto la parcela más desequilibrante durante las semanas más recientes. Luis Enrique salió a protegerse en defensa, con Gerard Piqué bien abierto por derecha, emparejado con el atacante croata de la Juventus por piernas y por alto; y como sorpresa, de propios y extraños, introdujo a Jérémy Mathieu en el costado contrario, enfrente de Cuadrado, Alves y las esporádicas recepciones de Dybala, en el sector más creativo e imprevisible de los italianos. La Juventus arrancó el encuentro muy intensa, voraz en su presión, y decidió entonces, según el guion soñado por su técnico, dar un paso atrás al poco tiempo que el argentino lograse hacer el primero en una jugada que llegó por la banda, como también fue el segundo, aunque de inicio fue Cuadrado y más tarde Mandzukic quienes sirvieron la asistencia.

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La Juventus fue todo un torbellino de mediocampo hacia atrás para el Fútbol Club Barcelona. Javier Mascherano, quien arrancó el encuentro como pivote en mediocampo, se vio tremendamente superado por la movilidad que acumulaban los turineses en tres cuartos de campo, sobre todo en el caso de sus puntas; a lo que además, desde atrás, se sumó la aparición de futbolistas como Pjanic o Sami Khedira. Mientras que Mathieu, por izquierda, no fue capaz de poner remedio a la electricidad del extremo colombiano en cada acercamiento con el esférico controlado. En lo defensivo, con el marcador a su favor, la Juventus también se mostró sólida en sus funciones: pues, a la vez que Mandzukic, desde su costado, actuaba a menudo como un doble lateral complementando a Alex Sandro; en mediocentro, bajo el repliegue en 4-4-2, la Juventus no concedió su paso atrás a la improvisación. Khedira, como elemento más dinámico del doble pivote, saltaba siempre a la presión sobre Mascherano; Pjanic hacía lo propio hacia el interior izquierdo de Iniesta y Chiellini, como central zurdo, a la altura de Ivan Rakitic. Un perímetro bien acotado en torno a la situación del esférico, donde la Juventus fue capaz de mantener controlada cada recepción de Leo Messi entre líneas. Aunque el argentino, por lo general menos estático de lo que estuvieron (en el primer tiempo) el resto de sus compañeros, brindase la capacidad para driblar y saltar el cerco sobre él impuesto.

Luis Enrique cambio la forma tras el descanso y la Juventus fue perdiendo fuelle 

Las probaturas de Massimiliano Allegri a lo largo del último mes de competición obtuvieron su recompensa. Su equipo, en términos puramente algebraicos, completó la mitad de pases y de tiempo con el balón en su dominio que su contrario: 35% de posesión y 300 envíos efectuados por el 65% y los 629 azulgranas. Cedió la iniciativa, más con el marcador tan de cara, para relucir su  versión contragolpeadora tan minuciosamente preparada hasta la fecha. Así, a los espacios que cualquier tipo de pérdida, en cualquier zona del campo, sufría el Barcelona cada vez que se desprendía de la pelota: figuras como la de Dani Alves, como lateral especializado a la hora de superar las presiones; Pjanic y Khedira, bien compenetrados en sacar desde tan abajo al colectivo; como la de Higuaín o el propio Dybala en hacerlo estirar sobre el campo rival, permitieron a la Juventus edificar su principal vía de fuga. Con André Gomes en la medular, que entró en el descanso por Mathieu, el Barcelona comenzó a defender con cuatro atrás; a la vez que abrió hacia la derecha a Rakitic. Aunque solo Messi, siempre muy vigilado en la frontal -y pese a todo consiguió filtrar algún que otro balón al área dominado por Buffon-, el empeño de Luis Suárez contra Chiellini y las pocas veces que Neymar consiguió girar a su compatriota por izquierda, consiguieron inquietar a una Juventus que, tras el tercero, comenzó a acusar su propio peaje. Mermada por el tremendo desgaste que conllevó su arranque, mostró ciertos síntomas de flaqueza durante la segunda mitad, a lo que Allegri intentó remediar con cambios cada vez más atrás en lo táctico -en primer lugar Lemina por Cuadrado, Rincón por Pjanic y Barzagli por Dybala-. El Camp Nou, el próximo martes, evaluará en su correcta graduación la preparación de una Juventus que, a estas alturas, no es nimiedad, se siente firme candidata al trono.

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