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LA SAMPDORIA PROGRESA ADECUADAMENTE

La Sampdoria de Marco Giampaolo avanza en la dirección correcta. Ha tardado, una vez alcanzado el último tramo del curso, pero el técnico, al fin, ha logrado alcanzar el punto más álgido de su propuesta. Será, este 2016/2017, un curso a buen seguro recordado en el lado blucerchiato de Marassi, no solo por el doble triunfo, resultadista y, por ende, moral, ante su enemigo principal, el Genoa; sino porque además, en lo estilístico, el conjunto ha recuperado una identidad. La base de un proyecto. Y la renovación del suizo (hasta 2020) parece ser, tan siquiera, el primer gran avance hacia una evolución destinada a seguir creciendo con el paso del tiempo.

Fabio Quagliarella (34) y Luis Muriel (26) celebran un gol durante esta temporada. Foto: Sampdoria.it

El sistema, siempre muy marcado, constituye la piedra angular del proyecto

Marco Giampaolo se ha mostrado arraigado, ya desde su etapa en el Empoli, a un esquema muy definido. El 4-3-1-2 o, lo que es lo mismo, el dibujo formado por un pivote, dos interiores y un enganche a la espalda de una doble punta. Las piezas, en cuanto a nombres se refieren, tampoco han variado en exceso a lo largo de esta campaña en el conjunto doriano. Y como mejor muestra de ello, el registro que, a estas alturas, ilustra una clara diferencia de minutos entre los titulares y aquellos con no tantas oportunidades: hasta ocho futbolistas del primer equipo, repartidos entre posiciones muy distintas, se sitúan en torno a la barrera de los 2.500 minutos. Sustancial, por lo tanto, resulta la diferencia entre el decimoprimer nombre más utilizado y los que le prosiguen a la cola: alrededor de, como mínimo, ocho participaciones data el escalón que los distingue en cuanto a protagonismo sobre el campo. Su patrón, a decir verdad, independientemente de su contrario, tampoco varía en demasía: el colectivo, más si cabe cuando actúa como local, establece una presión a gran altura que favorece, a su vez, si se cumple, una recuperación más cercana a balcón del área. No obstante, de dicho ejercicio resulta la primera gran traba, su transición ataque-defensa; pues el modelo, conviene subrayar, se encuentra en fase beta.  

La Sampdoria, décima clasificada, atesora más puntos (45) en 33 jornadas disputadas que en toda la temporada anterior (40 en 38 encuentros).

Mapa pases Lucas Torreira vs Pescara: 94% de acierto. (Click)
En aquello de los elementos, como decíamos, uno de los que más encuentros acumulan es Lucas Torreira, el regista del sistema. El uruguayo, a sus 22 años, y a pesar de ser su primera campaña en Italia, se ha convertido en uno de los futbolistas más destacados de su sitio: dirige, cual brújula, a toda la Sampdoria. Cerca del mismo, a uno de sus lados, en función de quién ocupe el contrario, se encuentra otra de las extremidades funcionales. Edgar Barreto, por sus características, ha favorecido la rápida adaptación de su compañero, quien, de un tiempo a esta parte, destaca por ser uno de los pivotes más dinámicos de la competición. El paraguayo no distingue, precisamente, por su habilidad técnica; sino que, más bien, es de los que ejerce sus (no pocas) funciones a golpe de riñón: como por ejemplo, por alto, inclusive a los centrales y a quien desempeñe el interior opuesto, compensar en el salto los 1,67 metros que definen a Torreira. Y si uno, decíamos, orienta hacia dónde avanza el todo, una vez los centrales evaden la responsabilidad del esférico; el otro, a lo suyo, dirime a la salida más sencilla. Definen el cuándo, el lugar y también el cómo. Ambos interiores, ya sea izquierdo o derecho (Linetty, Praet o el propio Barreto), ofrecen una solución constante a Torreira: ensanchan el pase, lo que tantas veces obliga a crear la estrategia, con el apoyo lateral (Regini/Dodo y Bereszynski) por los carriles de fuera.  

La irrupción de Patrik Schick ha ayudado a potenciar el momento actual del equipo

Luis Muriel cayó lesionado en el último parón de selecciones, a causa de un problema muscular que lo tendrá todavía apartado durante semanas de la actividad regular. La baja del colombiano, el arma, en cuestión, más peligrosa que hasta aquel preciso instante atesoraba el colectivo, amenazó con desarticular todo lo establecido. El atacante, en una versión ciertamente análoga a la del compatriota que viste para el Milan, se caracteriza por ser una herramienta de lo más independiente. A la vez de resolutiva, en la última parcela contraria. Si bien este 2017 apuntaba, por su propio pretexto, a ser el año de su tan esperada irrupción; dicha lesión, además de haber puesto freno al proceso definitivo de evolución, ha supuesto que, Giampaolo, con tal de no variar un ápice del entorno, haya entregado el testigo a un joven que apenas supera la veintena. Y lo cierto es que ha acertado. Patrik Schick ha tomado el encargo con una firmeza insólita. Tan plausible como, en cuestión, ventajosa para los suyos. El atacante checo, en tan solo un mes, se ha descubierto como una de las principales revelaciones de la presente campaña.

Patrik Schick 2016/2017: 12 goles y una asistencia en 30 partidos disputados (entre Serie A y Coppa Italia).

Mapa de calor Shick vs Inter de Milán: ataque-banda derecha. (Click)
Está por ver, todavía, qué sucederá cuando vuelva a estar disponible Muriel. Ya que, como tantas veces se ha encargado de demostrar el propio técnico, la primera opción no parece apuntar a un nuevo sistema compartido por sus tres puntas al mismo tiempo. Aunque esa, una vez llegue el instante, será otra historia. Por el momento, el delantero ofrece a la Sampdoria un manual de registros a la propuesta repletos de utilidad. A pesar de su (casi) metro-noventa, dispone de una amplísima variedad de recursos, que a menudo lo dejan caer hacia ambos lados, con predilección hacia el derecho, donde ayuda a construir el puente que, no pocas veces, se atranca en la fase ofensiva del conjunto (una vez desfallece el intento colectivo de obstaculizar la circulación contraria; y donde se muestra su fragilidad más ilustre: la partición medular). Mientras Bruno Fernandes, y en otras ocasiones Praet, como enganches, ocupan un papel parecido -salvando las distancias- al que regía Riccardo Saponara en el Empoli meses atrás; Schick interviene no solo por alto -con lo que participa de manera activa en la estrategia, en ataque y defensa de los balones parados-; sino también por bajo, donde utiliza su técnica para frenar y acelerar la acción a su antojo. En conexión con Fabio Quagliarella, quien persiste a salir del once, en una reconversión (dada su pérdida de velocidad) que facilita la combinación entre ambos en tres cuartos; suponen, en estos momentos, la mejor noticia de una Sampdoria que, de aquí a mayo, seguirá testando una fórmula (al parecer) de lo más halagüeña.


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