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IMMOBILE, ANDERSON Y MILINKOVIC-SAVIC SIN PROTECCIÓN

La Lazio ha ganado, apenas, dos de los últimos 21 ‘derbis’ disputados. Más detallada, sin embargo, esta dupla de victorias recobra una importancia mayúscula en la grandeza que hoy se presupone al cuadro albiceleste. El primero de estos triunfos, en 2013, le llevó a levantar la Copa que no alcanzaba desde 2009; la segunda, mucho más reciente, data de hace un mes, cuando le dio por ganar en la ida de las semifinales del presente torneo. Aquella victoria, por dos a cero, allanó la senda por la que esta vez, sin necesidad de conseguir el triunfo, le llevará a disputar su tercera final copera de las cinco últimas ediciones.

Ciro Immobile (27) celebra su gol conseguido en la noche de ayer ante la Roma. Foto: LazioNews24


Ciro Immobile y Felipe Anderson explotaron el mayor defecto de la Roma actual

El resultado de la ida, el sistema de Luciano Spalletti así como la respuesta táctica de Simone Inzaghi fue, sin que el balón todavía rodase sobre el pasto, el mejor adviento de lo que podrían deparar los segundos noventa minutos de la contienda en el estadio Olímpico. Armada, y nunca mejor dicho, en un sistema 5-3-2; la Lazio, conocedora de su renta, salió a defender su derecho a disputar la final de la Copa Italia. Replegada sobre su propio campo, en no más de 60 metros entre su portero, Strakosha, y su línea más adelantada, cedió la total iniciativa del esférico. A la espera de que, a través de cualquier pérdida, la doble punta formada por Felipe Anderson y Ciro Immobile, como principales referencias ofensivas, diese con el mazazo decisivo a la eliminatoria. Sin Marco Parolo, por sanción, Inzaghi debió optar entonces por Senad Lulic como interior, lo que resituó a Milinkovic-Savic a ocupar el perfil diestro del mediocampo. La apuesta, que entablaba su riesgo por aquello de esperar durante hora y media a un equipo que, a estas alturas de la temporada, ha conseguido anotar casi un centenar de goles (98), encontró sentido explotando la principal debilidad de esta Roma.  

La Roma, a pesar de la victoria final, quedó muy lejos de cualquier atisbo de remontada

Tras el descanso, Luciano Spalletti introdujo a Bruno Peres. Desde el arranque, tras la vuelta al 4-2-3-1 de antaño, fue Antonio Rüdiger el encargado de ocupar el lateral diestro. El alemán, gracias a su buen físico, lidió una y otra vez durante la primera mitad, tanto en defensa y en menor medida en ataque, con Jordan Lukaku. De un centro suyo, es más, provino el empate de El Shaarawy al borde del descanso. Antes, en una de sus pocas salidas controladas sobre el campo contrario, Milinkovic-Savic había empujado un rechace provocado por Immobile, tras una acción de mucho mérito del italiano dentro del área de Alisson. Por ello, Spalletti, con la exigencia que requería el resultado, se imaginó una segunda mitad muy parecida a como resultó ser el arranque de la primera: un ataque constante, muy volcado, donde la internada de los brasileños (Bruno Peres y Emerson Palmieri) se antojase fundamental en mandar balones al área (a Edin Dzeko). Sin embargo, con lo que pareció olvidarse; o, mejor dicho, con lo que menos estaba dispuesto a contar fue con la fragilidad que mostraron los suyos de mediocampo hacia atrás, en el tramo decisivo del encuentro. Una vez más.

Sergej Milinkovic-Savic vs Roma: 4 disparos, un gol, 2 key passes, una asistencia, dos regates y 2 tackles. [Vía WhoScored]

No es algo nuevo. Y será, muy probablemente, uno de los males endémicos que han marcado la hecatombe en la que ha quedado la Roma de Luciano Spalletti (eliminada de la Copa y a 6 puntos del Scudetto). No estaría De Rossi en mediocampo, el hombre-ancla del cuadro, y el avance natural de futbolistas como Kevin Strootman y Radja Nainggolan, por contexto y propias cualidades, dejó a Leandro Paredes completamente desprotegido ante la primera línea de presión de la Lazio. Quien tampoco precisó de una mordiente a gran altura: con la defensa en mediocampo y el cuadro muy volcado, dos flechas al espacio como son el carioca (y después Keita Baldé) y el italiano en el frente laziale, a lo que hay que añadir la presencia de Milinkovic-Savic -tanto por alto como por bajo-, esfumaron cualquier opción de remontada giallorossa. Una de las muchas que Immobile tuvo tras el descanso, acabó dentro. Y aunque Mohamed Salah, poco después, consiguió poner de nuevo el empate (2-2), los de Spalletti no volvieron a adueñarse del encuentro. Ni del resultado, hasta el tiempo de descuento (gracias, una vez más, a la vehemencia del egipcio). Pues ni siquiera, dicho sea de paso, alcanzó un atisbo de sensaciones a las que aferrarse. Terminaría colgando centros laterales, sin mayor argumento que el (intento de) remate por alto ante una defensa que, en ocasiones, acumulaba hasta 7 futbolistas de cara al envío. Con todo merecimiento, la Lazio jugará la final de Copa el próximo 2 de junio. Fecha en la que se cumplirá un año de la salida (y posterior confirmación) de Simone Inzaghi tras el frustrado fichaje de Marcelo Bielsa por el banquillo romano.

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