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HASTA QUE QUISO CRISTIANO RONALDO

El Real Madrid superó la eliminatoria por currículo, que por algo lo tiene, ante un Bayern de Múnich que como ya sucediese en el Allianz hace escasos días volvió a ir perdiendo fuelle con el paso de los minutos. O se lo fue quitando el equipo blanco, correctamente dicho. Porque el equipo de Zinedine Zidane, tanto en Alemania como anoche en el Santiago Bernabéu, tiró de escudo para imponerse a los alemanes. No precisó un fútbol excelso, algo que los de Carlo Ancelotti tampoco llegaron siquiera a rozar en la eliminatoria, para alcanzar su séptima semifinal seguida de la que muchos, a razón de estos encuentros, consideran su torneo por excelencia.

Cristiano Ronaldo (32) pugna por un esférico con Jerome Boateng (28) y Philipp Lahm (33). Foto: SB Nation

El Bayern, desde Ribéry, quiso adueñarse del partido. Pero le faltaron muchos elementos

Pues a veces, y como botón no existe mejor ejemplo que lo que a punto estuvo de suceder en esta eliminatoria, bastan más elementos que la grandeza de un simple escudo. Y eso, en algunos momentos, no anduvo lejos el de acabar pagándolo excesivamente caro el propio Real Madrid. Porque tanto en el segundo tiempo de Alemania como el primero disputado en la capital española, el conjunto merengue acusó una falta de acierto inusitada para un equipo de tales peloteros. Porque en eso, desde el inicio, con un dos a uno de ventaja en su casillero, quiso convertir Zinedine Zidane a sus chicos. En un 4-4-2, que tan solo Isco Alarcón poseía potestad para desdibujar en un 4-3-1-2, actuando con total libertad a la espalda de Karim Benzema y Cristiano Ronaldo; el conjunto blanco intentó, con un futbolista más en la medular que su contrario, generar una superioridad que le permitiese escapar holgadamente de la lógica presión que el Bayern efectuaría (y realizó) desde el arranque. De esta forma, con el malagueño y con las continuas caídas de Karim Benzema a la zona de medios, el Real Madrid pretendió establecer una hoja de ruta lo bastante solvente con la que plantarse en campo contrario.

Con lo que no pareció contar Zidane, sin embargo, fue con la actuación de Franck Ribéry. El francés, más centrado que Arjen Robben desde el costado derecho, permitió al Bayern poseer un futbolista más en la presión, donde Vidal presionaba a Casemiro mientras Lewandowski y Thiago hacían lo propio con Nacho y Ramos (quien se mantuvo pletórico, en cada balón aéreo); y además actuaba como un elemento de atracción constante, cada vez que atacaban con el esférico controlado, de Carvajal y el centrocampista brasileño, lo que a su vez despejaba el carril para las incursiones de David Alaba por izquierda y aclaraba la zona de tres cuartos para la irrupción de Arturo y Alcántara. Fueron esos primeros sustos blancos, hostigados por un Ribéry activo a la espalda de Luka Modric -quien no alcanzaba siempre, por no decir casi nunca, a remediarlo-, lo que llevó a Zidane a resituar a Isco unos metros más abajo. Menos móvil. Más cerca del costado izquierdo.

"Zidane, testigo presencial de los espacios que el Bayern estaba dejando, metió a Asensio por Benzema; y el cambio fue un acierto".

El ‘22’ del Real Madrid se convirtió entonces en un liberador físico: mediante carreras horizontales, entre la primera y la segunda línea de presiones muniquesas, ejerció como balón de oxígeno. Los de Chamartín, con Isco más contemporizador, a muchos metros del área, evidenciaron mediante Benzema y Cristiano grandes problemas para despegar de su propio campo. El Bayern, por su parte, no es que consiguiese tampoco poner demasiadas trabas a esto, pues los centrales, a la espalda de Xabi Alonso, quedaban algo desguarnecidos a los dinámicos toques del atacante galo. Y ante ello, desde los costados, no tardaron en cerciorarse dos figuras que acabarían resultando trascendentales en el devenir de la eliminatoria con tantos metros por delante y sin Gareth Bale -y Asensio en el banquillo- para rentabilizarlos: Carvajal y Marcelo.

De nuevo, desde el banquillo, Marco Asensio resultó fundamental para Zinedine Zidane

Pues precisamente de un disparo de Carvajal, quien se sumó al ataque a la par que Cristiano y Benzema, el Real Madrid consiguió desatarse en la parcela rival. Momento en el que, como ya hemos comentado unas líneas más arriba, la escasez de acierto permitió a los bávaros embocar los vestuarios con las posibilidades intactas a cómo se habían presentado en Madrid. Marcelo, aunque minutos más tarde destacaría por su inhumana electricidad, como ya sucediese en Lisboa, en el tramo final de la prórroga, resultó fundamental también en su propia área: donde, una vez en el primero y a poco de empezar la segunda mitad, despejó dos ocasiones de la misma línea de gol. Como también harían Jerome Boateng y Matts Hummels, con sendos disparos de Sergio Ramos y Cristiano Ronaldo. Y en su plenitud Manuel Neuer, como uno de los nombres más destacados de los 210 minutos que se alargaron el envite de cuartos. Sin embargo, como ya sucediera en el encuentro de ida, una pena máxima hizo virar de forma radical las tornas del choque: Robert Lewandowski no falló y, de un giro inesperado, el Bayern se volvió hacer dueño.

"Robben, desde su costado, repitiendo su jugada preferida, resultó uno de los futbolistas más destacados del encuentro".

Volvió a escena con más ahínco, pues nunca había salido de ella, Ribéry copando el centro-izquierdo de la ofensiva alemana. A la vez que Robben, a sus 33 años, sin cesar un instante en su carrera por el costado, y repitiendo aquella jugada que tanto degusta al recortar dentro y armar su pierna izquierda; esta noche, sobre todo, para servir el centro picadito a la espalda de los centrales y la cabeza o el cuerpo del delantero polaco, o, en su detrimento, la incorporación del mediocentro chileno -como cayó el uno a dos, poco después que Cristiano hubiese conseguir empatar-. Zidane, testigo presencial de los espacios y la escasa seguridad que los de Ancelotti estaban mostrando para disimularlos, introdujo a Asensio por Benzema: y el cambio fue todo un acierto. Como ya hiciese en Alemania, tanto por izquierda como por derecha –una vez el Bayern se quedó con uno menos-, Asensio se desató como pegamento para estirar, sin desquebrajar, al Madrid con sus aceleraciones. 

Thiago, más en medio que en los primeros noventa minutos, fijó dicha posición con la entrada de Joshua Kimmich, en un 4-4-1 con Müller como punta, y Douglas Costa por izquierda -quien no sumó ese regate y velocidad tan propios suyos-, una vez Vidal forzó su salida antes de tiempo. Y si en el Bayern, que acabaría cayendo con las botas puestas durante la prórroga, la eliminatoria de Manuel Neuer y Arjen Robben -anoche, más que nada-, merecería un epílogo aparte, no menos requeriría Cristiano Ronaldo. El luso, sin cuajar una gran actuación futbolísticamente hablando, en cuanto a desmarques, apoyos y coberturas entre otras muchas cosas se refiere, se permitió el lujo de pasar casi desapercibido para marcharse con un hat-trick del campo. Con cinco goles en una eliminatoria ante el Bayern. A quien solo Asensio, con un desparpajo plausible, se atrevió a dejarlo marchar con ‘solo’ balón y medio bajo el brazo a semifinales.

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