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UNA CUESTIÓN DE (FALTA DE) ACIERTO

El parón por selecciones, las bajas de ambos bandos y la distancia (de 10 puntos) entre uno y otro en la clasificación convirtieron la previa del Napoli-Juventus en la más descafeinada de los últimos enfrentamientos que han mantenido. Sumidos en la atmósfera que embutió desde bien temprano el encuentro, el mismo terminó resultando, sin embargo, en uno de los mejores choques de aquellos cuantos ha visto en este curso el campeonato italiano. El planteamiento adoptado por Allegri así como la inminente respuesta de Sarri; ambas, prodigadas durante el paso de los minutos, encendieron la mecha de un duelo que pronto saltó por lo alto. Del empate definitivo, no obstante, quien se beneficia es la Roma, segunda, a -6 del líder y +4 del Napoli.

Marek Hamsik (29) celebra el gol del empate conseguido ante la Juventus (1-1). Foto: Calciomercato

El propio plan de la Juventus condicionó su primera mitad: replegó muy abajo

A pesar de las ausencias y el contexto al que enfrentaba, entre el rival y el escenario, la Juventus se mantuvo reacia a cambiar un ápice de su estrategia. Por ello, desde el arranque, Massimiliano Allegri quiso mantener el sistema 4-2-3-1 de las últimas semanas, así como su método de actuación cuando, de la nada, consiguió golpear primero en el marcador. A lo largo de las últimas semanas, las mismas que tiene de vida este nuevo módulo en la squadra bianconera, el conjunto ha evidenciado no sentirse tan cómodo en el momento que su contrario, sea cual sea, repliega en pocos metros y le cede la iniciativa. Y ante ello, el doble pivote tiene mucho que ver. Menos liberado, más ataviado en cuanto a proteger su espacio, la Juventus perdió la capacidad llegadora (y por sorpresa) de Sami Khedira. Algo que, sin embargo, Allegri encontró remedio en el momento adecuado. El mismo, dicho sea de paso, no fue otro que situar a Claudio Marchisio al lado derecho del centrocampista alemán. De esta forma, con el italiano más concentrado en hacer jugar a los suyos (regista), esta responsabilidad -más desarrollada que Pjanic-, liberó a Khedira de un sitio que, con el bosnio, no le permite recorrer tantos metros de forma vertical.

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Porque Miralem Pjanic, como ya demostrase este mismo curso ante la Atalanta, donde más cómodo se siente en esta Juventus es más cerca del área. Un rol que, con la entrada de Paulo Dybala -suplente, a causa de unas molestias-, y los baches por los que ha venido atravesando Marchisio, le han obligado a retrasar su posición una línea más atrás de cómo actuó anoche ante el Napoli. Fue el mediapunta, a la espalda de Gonzalo Higuaín, y no le bastó más que la primera, la única que Khedira consiguió conectar con él al borde del área, para asistir en el 0-1 de la Juventus. Tras esto, como viene siendo habitual, los de Allegri decidieron dar un paso atrás. Más juntos. Mejor protegidos. Una reacción que el Napoli supo aprovechar bien para asentarse en la zona rival. La presión de los de Sarri, asfixiante tras cada pérdida, obstaculizó cualquier vía de salida bianconera que, sin Alves, Sandro, Cuadrado ni Dybala, sus tres mejores armas ante este tipo de situaciones, dejó a la Juventus sin mayor capacidad de despliegue que los balones largos a Higuaín, para que él solo bregase ante la defensa partenopea. Así pues, la avalancha de ocasiones no fue sino una cuestión de tiempo. La Juventus, no tan firme como antaño, regaló el dominio a los de Sarri. Y de no ser por la puntería, pudo haberlo acabado pagando muy caro.

Solo su propia puntería terminó por condicionar a un Napoli muy entero: mereció más 

Porque la sensación, una vez finalizó el encuentro, es que la Juventus acabó ganando un punto. O, lo que es lo mismo, el Napoli terminó perdiendo dos. Porque todo en la segunda mitad arrancó de una manera muy parecida a como inició la primera. Aunque el empuje de los locales, con mayor sed (y necesidad) de victoria, terminó por desequilibrar de nuevo la balanza. La Juventus no tardó en readoptar su bajo posicionamiento, a la espera de que, a través de un contragolpe, asestase el segundo (en su segunda ocasión) golpe definitivo. No llegó, ni siquiera se acercó a Rafael durante los segundos cuarenta y cinco minutos, debido a que el Napoli volvió a ejercer una presión a gran escala. El tridente ligero, formado por Insigne, Callejón y Mertens, se convirtió desde el gol de Khedira y, hasta prácticamente el final del encuentro, en la primera línea defensiva por parte del cuadro napolitano. Los interiores, también alzados (Hamsik al mando), centraron sus esfuerzos en morder desde muy cerca al doble pivote juventino que, tan retrasado y ante el ejercicio físico de su contrario, apenas gozó de espacio ni de piernas con las que sacudirse la presión sufrida. Lo intentó Sarri en la recta final con Zielinski, Ghoulam y Rog -los dos primeros, no por casualidad, para actuar por izquierda: la banda donde Allegri introdujo a Cuadrado-. Quien, conforme con lo hasta entonces visto, y sin demasiado tiempo (ni físico) de Dybala, aceptó proteger lo conseguido con Rincón y Khedira en el círculo central. A pesar de ello, por enésima vez en la noche, la puntería en la recta final (palo incluido de Mertens) acabó desviando cualquier atisbo de zarpazo azzurro. El miércoles, sobre este mismo césped, partiendo con una desventaja de 3-1, Maurizio Sarri y los suyos deberán afinar su punto de mira.

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