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BONUCCI Y CHIELLINI LO NEGARON TODO

Massimiliano Allegri se salió con la suya. La Juventus saltó al Camp Nou a recoger lo que antes, en su debido momento, se había encargado de sembrar. Volverá dos años después a unas semifinales de Champions League, con el de Livorno como testigo presencial de todo lo ocurrido, tras bordar un planteamiento táctico ya presupuesto desde el pitido final en el feudo italiano. Logró aguantar con soltura el continuo envite que intentó arrojar el FC Barcelona. Algo que, sin embargo, no logró practicar en su máximo exponente: quizás, por una simple cuestión de puntería; y, en demasía, por el sentido organizativo que exhala esta Vecchia Signora.

Chiellini (32), Bonucci (29) y Barzagli (35) celebran ante Piqué (30) en el Camp Nou. Foto: The Guardian

El Barcelona supo contener el buen arranque de Dybala, y llevó el encuentro hacia un sector

La Juventus no ingresó al césped azulgrana con las mismas intenciones que el PSG de Unai Emery hace escaso mes y medio, gracias, en buena parte, al arranque que quiso protagonizar Paulo Dybala. El argentino, completamente liberado desde la mediapunta del 4-2-3-1, intentó advertir de su presencia, y por la de todos los suyos, una vez la pelota echó a rodar sobre el campo. Luis Enrique Martínez volvió a reorganizar el 4-3-3 de antaño con Piqué, Umtiti y Jordi Alba como centrales y lateral izquierdo.  Pues fue por ese sector, precisamente, donde transcurrió el guion del segundo acto. El conjunto azulgrana, capitaneado por los tres futbolistas ya mentados ante las transiciones que pretendió sacudir la Juventus, logró poner freno a los primeros -y mejores- 15 minutos ofensivos de los bianconeri durante la contienda. Y en este aspecto, como diferencial sustancial con respecto lo ocurrido hace escasos siete días, el técnico asturiano pudo contar con su mejor especialista ante este tipo de situaciones defensivas tan expuestas: Sergio Busquets. Con Andrés Iniesta e Ivan Rakitic un escalón por encima del ‘5’, anclados en la zona más cercana a la parcela de los tres-cuartos, el Barcelona logró mantenerse con vida -o no despedirse definitivamente de ella-, sin embargo, a través de continuas respuestas individuales a las tempranas carreras por derecha del bando turinés.

"Bonucci y Chiellini, como pareja de centrales, se impusieron por alto, bajo, hacia delante y hacia atrás; parecía que hasta en distintos sitios al mismo tiempo". 

Así, Piqué, Umtiti y Alba, mediante emparejamientos directos con Cuadrado, Dybala e Higuaín, incluida la vigilancia de Sergi Roberto sobre Mario Mandzukic, lograron sostener estos primeros compases del choque. Los siguientes, y hasta casi los últimos donde lo real y lo intangible levantaron sus barreras, estuvieron marcados por un claro dominio azulgrana. En cuanto a posesión, acercamientos y alguna que otra ocasión clara de recortar distancias. La situación de Rakitic por derecha, bien abierto, como viene ocupando desde la lesión de Rafinha en el 3-4-3, dejó actuar de nuevo a Lionel Messi como enganche del módulo. El mismo, a decir verdad, fue lo más parecido a un 4-1-3-2, asimétrico, donde el argentino se situaba a la misma altura que los interiores en fase de ataque; en el que Neymar comenzó a punzar fuerte, pegado a la izquierda. El colombiano Cuadrado oxigenaba a la Juventus con sus largas carreras al espacio, utópicas en multitud de ocasiones, pero repletas de una tremenda carga lógica. Sin embargo, dichas actuaciones por el costado, en un pulso que a menudo mantuvo con Jordi Alba, no eran del todo completas: no solo en ataque, dado que pocas veces, más allá del primer cuarto de hora, lograba llegar con la pelota controlada a línea de fondo; sino porque una vez la perdía, si esta no se marchaba fuera, no siempre alcanzaba a tender su mano -o mejor dicho sus piernas- a Dani Alves, quien acostumbró a verse en clara desventaja

La Juventus siempre estuvo tranquila en el Camp Nou: se mostró sin sifuras, muy compacta

Así, Neymar y Jordi Alba, desde el sector zurdo del campo, coparon la principal atracción ofensiva del Barcelona durante la primera mitad. Y casi en su totalidad. El brasileño fue, como en la vuelta frente a los parisinos, la herramienta más destaca de la MSN. Messi, quien apenas se despegó de entre las líneas turinesas, detectó dicha proeza: y comenzó entonces a armar su pierna izquierda, cuando Luis Suárez no ofrecía la pared de espaldas, para picar esféricos que aislasen a Alba, Iniesta o Neymar en la línea más sobreprotegida por la Juventus. A pesar de esto, y de las ocasiones que el mismo argentino no consiguió lanzar entre los tres postes de Gianluigi Buffon -quien se marchó de vacío, a excepción de un remate de Mascherano en la recta final del encuentro-, el cuadro bianconero se expuso siempre muy sereno. Muy tranquilo. Sin cometer, a groso modo, ni un solo error en su amplísima maniobra defensiva.

Giorgio Chiellini y Leonardo Bonucci, como dupla de centrales, se impusieron por alto, bajo, adelante o hacia atrás, sobre cualquier intentona promulgada por el Barcelona. Estuvieron en todo, parecía que hasta en distintos sitios al mismo tiempo, y sin gesticular debilidad alguna en sus actuaciones: a nivel particular y, sobre todo, como pareja de conveniencia. Otra que destacó en lo suyo, a tenor de la exigencia -ya que el Barcelona, a pesar del resultado final (0-0), no jugó un mal partido (tampoco perfecto)- resultó ser la compuesta por Sami Khedira y Miralem Pjanic. Alemán y bosnio, en el doble pivote de la Juventus, se ocuparon como lanzadores y primeros pasadores (en repetidas veces a un Gonzalo Higuaín que, no obstante, acusó en reiteradas decisiones jugar tan lejos del rectángulo de Ter Stegen), imperaron, con total naturalidad, en la corona de su propia área.

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