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SE DEJARON ESCAPAR EL UNO AL OTRO

El Torino de Andrea Belotti recibía al Inter de Mauro Icardi en un duelo muy marcado desde la previa por el rendimiento individual de sus dos máximos artilleros, primero y tercero en el cómputo global del campeonato liguero; y en lo colectivo, con los de Sinisa Mihajlovic en mitad de tabla y los de Stefano Pioli que no quieren perder la esperanza de alcanzar la Champions. Y al final, ni los unos ni los otros. Porque ni el italiano ni el argentino vieron portería así como tampoco asistieron a sus compañeros, a pesar del dos a dos. Un empate que no beneficia a turineses ni a lombardos. Ambos, por remotos que puedan parecer sus objetivos, han desperdiciado una ocasión para arremeter contra sus más cercanos.

Geoffrey Kondogbia (25) y Andrea Belotti (23) pugnan por un esférico durante el encuentro. Foto: Calciomercato

El Inter, tras el gol, deshizo sus propios pasos: y eso lo aprovechó el Torino

Solo un error a balón parado, un acierto en la estrategia o, simplemente, una mezcla de ambas -porque Moretti peina en el primer poste y Perisic pierde la marca de Baselli-, empañó el primer tiempo del Inter en el Estadio Olímpico de Turín. Stefano Pioli volvió a repetir el mismo 4-2-3-1 que días antes goleó a la Atalanta en San Siro. Tanto en estructura como en nombres. Ever Banega volvió a ser el mediapunta titular -en detrimento de Joao Mario, una vez más-. Y el argentino, desde bien temprano, quiso adueñarse del encuentro. Escoltado, como viene siendo habitual, por Gagliardini y Kondobia como doble pivote, en un duelo que midió sus fuerzas con la pareja de interiores granata (Baselli y Acquah), el rosarino volvió a flotar a la espalda de Icardi. Y al espacios de los dorsales medulares del Torino, en un espacio inabarcable para un futbolista como Lukic. Así, con Banega recibiendo cómodo en 3/4 de campo, el desmarque-ruptura de Icardi aportó el suplemento diferencial con el que estirar el dominio interista, empujando al Torino contra su campo. Este dominio, del que pudo rascar mayor provecho, se convirtió en un 7-0 en cuanto a remates se refiere en 20 minutos. Aunque ninguno entre palos.

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No mucho más necesitó el Inter, a decir verdad. Ya que el primer disparo que consiguió medianamente centrado, acabó con la pelota en el fondo del arco. La jugada de Kondogbia por en línea de fondo, evidenció dos aspectos muy determinantes en lo que sugiere la dinámica de uno y otro equipo a lo largo de los últimos meses: en primer lugar, el francés, potenciado desde la llegada de Gagliardini, quien lo libera de numerosas destrezas defensivas así como también de la elaboración, es una de las mejores noticias a título individual de Stefano Pioli como técnico interista. La otra, en clave turinesa, referencia a su nivel defensivo: la concatenación de errores individuales de hasta cuatro futbolistas que, entre presiones y liviandad en sus marcajes, Joe Hart redondeó (para mal) con un tenue disparo raso que se le resbaló de las propias manos. Tras el gol, sin embargo, el Inter no consiguió adaptar a su actuación una marcha más, la misma que noqueó hace pocos días al cuadro de Gasperini. Aunque tampoco, dicho sea, logró el control necesario con el que asentar un entramado sólido en defensa. Esto permitió al Torino, a través de conducciones de Iturbe o Ljajic, y la autárquica destreza de Belotti, crecer en sus prestaciones ofensivas. Invocadas, tiempo antes, con el empate de Baselli en un córner.

La entrada de Eder desquitó el fuerte arranque del Torino en la segunda parte 

Como tantas veces ocurre en este tipo de situaciones, ambos conjuntos regresaron del descanso en una fotografía ciertamente parecida a cómo embocaron el túnel de vestuarios. Con el Torino muy crecido, muy agresivo en su presión a gran altura, el Inter terminó por acularse contra su propia área. Apareció Belotti, quien se había pasado los primeros cuarenta y cinco minutos -y en total, casi los noventa- bregando con los defensores interistas. Primero Miranda y Medel, después el brasileño y Murillo debido a la lesión del chileno. Y con Acquah, por derecha, cada vez más presente en la recuperación y toma de decisiones, el Torino escaló los metros suficientes (que le faltaron en la primera mitad) para instalarse en la parcela rival. En esas, de un ataque que inició el propio Gallo en el medio aprovechándose de un renuncio en el repliegue del Inter, el africano colocó la pelota en la escuadra de Handanovic. Sin embargo, Pioli metió a Eder. Y el brasileño, a la espalda de Icardi -entró por Banega, quien fue de más a menos-, cambió el signo del encuentro. El Inter aceptó el invite: se desplegó en cada recepción de Eder y el partido se rompió por todos sitios. Lo probaría Mihajlovic con Maxi López, en un 4-4-2, que ayudaría a Belotti a lidiar con los zagueros; pero la puntería de ambos, y unas cuantas intervenciones de mérito de sus porteros (después de que Hart volviese a errar, esta vez en el 2-2 de Candreva), dejaron el resultado en un empate que poco contenta a cualquiera.

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