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CON ALVES MÁS CERCA DE DYBALA

La Juventus acogió el cuarto enfrentamiento directo ante el Milan en lo que va de curso. El segundo, tras el cruce en cuartos de Copa Italia, celebrado sobre el césped turinés. Y lo cierto, es que de todos, sería muy difícil tener que quedarse con tan solo uno de ellos. Esta vez, dado el momento de la temporada, el premio final atendía a objetivos tan distintos como ambiciosos: el Milan, que no estuvo lejos de al menos rascar un punto en su visita, de lidiar batalla por Europa; la Juventus, a quien terminó salvando Dybala desde la pena máxima, meter una marcha más en su carrera por el sexto Scudetto consecutivo: suma 31 encuentros sin conocer derrota como local en la Serie A (37, si se suma su participación en Copa).

Mehdi Benatia (28) y Paulo Dybala (23) celebran uno de los tantos conseguidos ante el Milan. Foto: La República

Pese a la retahíla de ausencias, Allegri mantuvo su 4-2-3-1: con Alves como (falso) volante

Cuadrado por sanción, Chiellini y Sturaro por problemas físicos y Mandzukic que, a última hora, se sumó a la lista de indisponibles, obligaron a Massimiliano Allegri a reconstruir las piezas de su sistema, sin por ello trastocar un ápice del mismo. El 4-2-3-1 se encuentra totalmente instaurado en el día a día de la Juventus, y como prueba no existe mejor ejemplo. De esta forma, el cuadro bianconero afrontó el encuentro con una banda derecha de improvisto para la ocasión: mientras Barzagli, a quien no le resultó extraño, actuó como lateral en la defensa de cuatro; Alves, por su parte, partió de una posición que a menudo frecuenta como evolución en su fútbol. El brasileño figuraba como extremo por derecha. Sin embargo, el rol fue muy distinto al que acostumbra a tener Cuadrado en esa misma demarcación. Flanqueado por Barzagli a su retaguardia, se convirtió en un interior alzado. Un nexo, como acostumbra, de Dybala y el mediocampo cada vez que asoma en la frontal del área. Pues Alves, de hace tiempo, ya no pisa la línea de fondo como antaño, sino que ahora es un recurso más sobre el balcón. Y eso, mezclado con el '21' (muy motivado en la noche de ayer, como redención a lo sucedido en Doha), se convierte en una exigencia muy difícil de hacer frente.

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Así, con una Juventus dominadora, aunque sin por ello llegar a arrollar ni mucho menos, la congenia entre carioca y argentino, sumado a la vehemencia de Benatia irrumpiendo desde atrás, desequilibró una balanza que Montella, muy pragmático en cuanto a su planteamiento, se empeñó en igualar desde bien temprano. El ex del Barcelona no solo participó de la ofensiva bianconera, sino que además se implicó de forma regular en cuanto al repliegue se refiere, en un 4-4-2 que Pjaca completaba por izquierda. No lo cerró la Juventus, sin embargo, quien decidió dar un paso atrás tras el uno a cero, aunque sin alcanzar la grandilocuencia de otras ocasiones. En su habitual 4-3-3, muy mermado también en cuanto a ausencias se refiere, Montella prefirió resguardarse bien por abajo, y que entonces Deulofeu, Bacca y Ocampos -ante los problemas de Suso, que no llegó a recuperarse a tiempo- fuesen quienes estirasen de la manta por su propia cuenta. Y lo consiguieron, al espacio, sirviéndose de una de las pocas ocasiones que los tres de arriba consiguieron escapar con velocidad. Fue antes del descanso, y la carrera de Deulofeu por el costado (que Bacca resolvió entre las piernas de Buffon), a quien Motella reubicó de derecha a izquierda justo después de encajar el tanto de Benatia, terminó por 'castigar' a Barzagli tras el descanso en detrimento de Lichtsteiner.   

Montella, en un 4-3-3/4-5-1, supo leer bien el encuentro: y a punto de estuvo del premio

Imagen #1: Repliegue 4-5-1 del Milan vs Juventus. (Click para ampliar)
Saltó replegado en cuanto a su estrategia se refiere, en una declaración de intenciones que lo acompañó hasta el pitido final. Y no muy lejos anduvo de hacer tropezar a la Juventus ante su propio público, una proeza que mantiene vigente el Frosinone desde principios de la anterior campaña (en Serie A). Con Zapata como lateral por derecha, dada la ausencia de Abate, con Paletta y Romagnoli como pareja más repetida de centrales; y De Sciglio actuando por izquierda; además de Pasalic y Bertolacci, desde los interiores, como escoltas de Sosa -ante la baja de Locatelli-; el Milan pasó buena parte del partido reorganizado en un 4-5-1 (Imagen #1), donde Bacca resultaba ser la punta de lanza. El objetivo era muy claro: trastabillar el fútbol de la Juventus, regalándole la iniciativa, armado desde su propio campo y, en cuanto tuviese ocasión, explotar la potencia al espacio de sus tres atacantes. La Juventus, en lo colectivo, y a pesar de lo que reflejan resultados como el de Do Dragao, no ha mostrado todavía la mejor eficacia (ni eficiencia) para resolver este tipo de repliegues bajos.

Gianluigi Donnarumma protagonizó hasta 10 intervenciones durante el encuentro: récord individual en esta Serie A 2016/2017. [Vía OPTA]

Y aunque el de los rossoneri tampoco se acostara a pocos metros de Donnarumma, el napolitano sí exigió un mayor desgaste a sus extremos obligándolos a actuar como volantes más puros. Cambiándolos de costado, o incluso haciéndolos funcionar como referencia principal. Sin Bacca, de quien Vincenzo decidió prescindir poco después del descanso, sumó a Kucka y más tarde a Poli en la causa: lo que dejó a Ocampos y después a Deulofeu (una vez entrado Vangioni) actuando como ‘9’. El Milan, plagado de centrocampistas, trababa la fluidez bianconera (que Pjanic-Khedira, como doble pivote, ni Higuaín desde la frontal, tampoco consiguieron remediar), aunque no por ello se defendió mejor. La Juventus llegó, y además protagonizó diferentes empujones durante el segundo tiempo, que un buen Donnarumma a poco estuvo a punto de volver a desquiciar a Allegri y los suyos: realizó hasta 10 intenciones, instaurando así un récord en la Serie A 2016/17. Y cerca estuvieron de ser 11, pero esta vez el destino tenía guardado un desenlace muy distinto al que protagonizó con Dybala desde el punto de la pena máxima por la Supercopa de Italia

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