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A LA ESPALDA DE MODRIC Y EN LA CABEZA DE RAMOS

Dos cabezazos de Sergio Ramos y un rechace bien aprovechado por Álvaro Morata, en el tiempo de descuento, sentenciaron la expulsión del Napoli de Maurizio Sarri de la Champions. El cuadro partenopeo, quizás, no mereció un destino tan fatalista después de que, un escalón por encima a lo que lució en el Bernabéu, lograse poner contra las cuerdas durante los primeros cuarenta y cinco minutos al Real Madrid. Atado de pies y manos, sometiéndolo sobre su propio campo, el fervor del escenario clamó la cabeza del Campeón, completamente arrodillado. Sin embargo, casi primerizos en estos lares, no terminaron sino pagando la ingenuidad de dejar con vida al equipo blanco en la Copa de Europa.  

Sergio Ramos (30) celebra junto al resto de sus compañeros uno de sus dos tantos. Foto: RPP.pe

El resultado no debe hacer olvidar el primer tiempo napolitano: se comieron al Madrid

Maurizio Sarri sorprendió a propios y extraños con su alineación titular. Tras probar a Zielinski durante numerosas semanas consecutivas, como titular incluso en la visita a la capital de España, el napolitano no obstante se sacó de la manga la opción de Marko Rog en los dos últimos compromisos del Napoli antes de recibir al Real Madrid: ante la Juventus (en la Copa Italia) y la Roma (en la Serie A)Y ni uno ni otro terminaron por resultar de la partida. De inicio, en ese interior diestro que durante el curso anterior no fue más que suyo -como así se terminó notando con el paso de los meses-, Allan fue quien saltó al césped. El brasileño, que no había jugado desde el pasado 19 de febrero cuando se retiró lesionado, encarnó la (única) intención con la que Sarri abordó el encuentro desde su arranque. El Napoli, en su 4-3-3 de carrerilla, protagonizó uno de los juegos más eléctricos, imponentes y, en definitiva, superiores de todos cuantos Zidane ha conocido en su aún corta experiencia en el banquillo merengue.

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Con una presión altísima y unas líneas tan alzadas, el cuadro partenopeo se adueñó, sin pero alguno, de los primeros cincuenta minutos de encuentro. Con un Diawara de regista, quien continúa creciendo a pasos aiggantados, y una vez más por delante de Jorginho; el Napoli consiguió instalar el bloque sobre el rectángulo del campo defendido por su contrario. El Madrid, por su parte, una vez recuperadas las piezas más cotizadas de su tridente, respondió con la misma formación -sobre el papel- que los italianos. Pues, conviene ser bien remarcado, algunos de sus miembros se esforzaron en desdibujarla entre envíos erróneos y malas colocaciones, muchas de las mismas fruto del desenfreno impuesto por Hamsik y sus secuaces. Porque el guineano, colocado a gran altura, comenzó a filtrar balones al eslovaco. Y el capitán, desprotegido de cualquier atención por parte de los blancos (Modric), los distribuía rápido, a un toque, en busca de Mertens e Insigne. Así, con Modric constantemente fuera de sitio y una BBC que, desde el inicio, no mostró señas de perseguir a sus pares, Casemiro entró en colapso. Y no existe peor noticia para este Madrid que el brasileño quede desbordado en su zona.    

Solo a balón parado, el Madrid proporcionó el suficiente aval para sellar su pase a cuartos

Con Mertens dejándose caer hacia ese mismo lado, el izquierdo del ataque, donde además Insigne comenzó a picar por dentro, el Real Madrid no encontró tapón a mano con el que cortar la hemorragia que el ‘17’ partenopeo estaba animando cada vez que recibía el esférico de cara a portería, o, en el peor de los casos, con posibilidad de giro. De esta forma, con Hamsik tan suelto y un Madrid desorientado, a merced de su mismísimo desacierto, el Napoli consiguió encontrar la vía con la que plantarse delante de Navas. Y no demasiadas ocasiones necesitó Mertens, uno de los ‘9’ más en forma entodo el continente, para solventar el buen hacer de los suyos. Incluso pudo hacer el segundo, como respuesta al palo de Cristiano Ronaldo, haciendo sonar una de las otras tres maderas que sujetan la gracia del estadio San Paolo. La del portugués, en una acción rápida tras una recuperación a gran escala, fue de las pocas veces que el Madrid consiguió intimidar a Reina durante el primer tiempo. Apenas un par de cabalgadas de Bale por derecha, que terminaron siendo despejadas por los centrales en cuanto este colgaba el centro, otorgaron a los de Zidane el único despegue que resultó certero

Hasta 18 de los 21 goles que Sergio Ramos ha conseguido desde la Final de Lisboa 2014, han sido con el Real Madrid empatando o perdiendo su respectivo encuentro. [Vía OPTA]

El francés, conforme con los dos tantos conseguidos por Sergio Ramos a la salida de dos saques de esquina servidos por Toni Kroos, apreció que el escenario podría beneficiar al Real Madrid si, con un Napoli ya de todas volcado al ataque -cosa que no llegó a suceder-, transformaba el segundo tiempo en un intercambio de golpes. Por ello, decidió apostar por Lucas Vázquez en el sitio del extremo galés. Después entraría Morata, por Benzema, en una línea ciertamente continuista con aquello que el 'galo' quiso probar minutos antes con el ingreso del coruñés; y que el internacional español se encargó de rematar llegando desde la segunda línea. Para el final, en un intento de contemporizar un encuentro que, tras el segundo cabezazo de Ramos, pareció estar del todo resuelto; introdujo a Isco. El malagueño, en los pocos minutos que dispuso, se encargó de dilucidar la importancia que podría haber encontrado su figura minutos antes sobre el césped: para el Madrid, sin apenas proyección ofensiva durante el primer tiempo, el mediapunta y su capacidad para esconder la pelota en el otro lado, podría haber significado el giro que ayudase a esprintar hacia su sombra. Y no la de Keylor.

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