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EL (SEGUNDO) NAPOLI DE MAURIZIO SARRI: ANÁLISIS 2016/17


El próximo miércoles el Napoli volverá a pisar el césped del Santiago Bernabéu. 29 años después de aquella primera y única ocasión que lo hizo, a puerta cerrada y con Diego Armando Maradona, el Real Madrid acogerá el duelo de ida en este doble enfrentamiento que está por llegar. En San Paolo no solo se disputará el encuentro de vuelta, más, sobre seguro, el sino completo de la eliminatoria. Será un choque largo, de 180 minutos, donde si bien es cierto que, por calidad individual, el equipo de Zidane podría partir con ventaja. La misma, no obstante, debería ser otorgada al conjunto de Sarri en el aspecto colectivo. Muchas cosas han cambiado a lo largo de los últimos meses en el cuadro napolitano, que llega en un estado de forma muy óptimo, tanto en lo anímico como en lo futbolístico. El Madrid está avisado.

Lorenzo Insigne (25), Dries Mertens (29) y Marek Hamsik (29) celebran un gol de esta temporada. Foto: MundoDeportivo

El Napoli 2016/17 arrancó la temporada de mal en peor, en el plano meramente futbolístico. Pues a la salida de Gonzalo Higuaín, en dirección a reforzar al principal enemigo del equipo por el título, su relevo, el polaco Arkadiusz Milik, cayó fatalmente lesionado en un compromiso de selecciones disputado en octubre. Y aunque desde hace semanas haya vuelto a entrenar con el equipo, todavía no cuenta con el ritmo de competición necesario para afrontar la exigencia de unos octavos de final de la Champions. Y mucho menos con el Real Madrid enfrente. Por ello, Maurizio Sarri ha tenido que echar mano del banquillo, y de su inventiva, para reconstruir un nuevo Napoli. O mejor dicho, dado que en su amplia mayoría de piezas continúan siendo las mismas, una hoja de ruta distinta a la utilizada hasta entonces.

Dries Mertens, como punta, ha salvado una bola de temporada para el Napoli

La lesión de Milik contrajoproblemas más graves, como si perder a su máximo artillero (o a quien estaba encaminado a serlo) no fuese un contratiempo a tener muy en cuenta. Por la naturaleza de su fútbol, y como ya ocurriese el año pasado cuando era Higuaín la referencia napolitana, el Napoli precisa(ba) de un punta móvil, con la misma técnica tanto dentro como fuera del área, del que no solo dependen los tantos sino gran parte del sentido táctico. Y Milik supo entonces cumplirlo bien, para sorpresa de propios y extraños, con la misma fluidez y el mismo acierto con la que había brillado meses antes el argentino. Sin embargo, su infortunio desbarató al completo la línea continuista que pretendía mantener Sarri entre uno y otro año. Con la baza de que, en este curso, dispone de una plantilla mucho más amplia que el anterior, echó entonces mano de la opción más sugerente: incluir en el once a su delantero suplente, más liviano pero igualmente espigado que el argentino y el polaco. Y no muchas actuaciones fueron requeridas para demostrar que la bacante no está hecha para todo tipo de suelas. Gabbiadini no ofrecía la misma elocuencia en la devolución, en ese toque corto que, de espaldas y a muchos metros de la red rival, ampara a todo el colectivo haciéndolo estirar.

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Imagen #1: Pases completados (90%) Mertens vs Torino. (Click)
Tampoco su determinación en los últimos metros terminó por cumplir las expectativas. En otras palabras, las exigencias de un Napoli huérfano de gol y de fútbol (como más abajo detallaremos). Así que, en pleno mes de otoño, sin posibilidad de reforzar el equipo, Sarri debió entonces dar forma al nuevo plan. Uno que no terminase por colapsar al completo todo el sistema. Pues ese inmovilismo táctico es el que ha llevado al italiano a no más que romper su habitual 4-3-3 en apenas contadas ocasiones (por necesidad más que por experimento). De hecho, los fichajes realizados por el Napoli en los dos últimos mercados de fichajes no dejaron sino entrever este conservadurismo técnico que, aunque podría parecer abocado a una regeneración, el mismo Sarri ha terminado por solucionar de la misma forma con la que lo construyó. El Napoli ha evolucionado, sí; pero en la forma con la que ataja los encuentros, no en su filosofía ni mucho menos su estructura. La opción entonces utilizada, desde aquel preciso instante y hasta ahora (con el fichaje deLeonardo Pavoletti de por medio), ha sido incluir a Dries Mertens en la punta de lanza. Alejarlo de su posición hasta entonces predilecta, la de ser el suplente de Insigne y actuar por la banda izquierda. Por increíble que parezca, a sus 29 años y sin siquiera alcanzar el metro-setenta de altura, Sarri ha conseguido hacerlo madurar como delantero referencia del cuadro partenopeo (y las exigencias que esto conlleva).

Porque el futbolista belga sí, al contrario de las sensaciones que dejó la reciente incorporación invernal del Southampton, ha respondido de la mejor forma posible. Mertens, en esa corta estatura, encierra los principios esenciales de quien actúa como punta napolitana. El internacional por Bélgica, acostumbrado a recibir muy cerca de la línea de cal para después encarar y desequilibrar a través de su gambeta y su punta de velocidad, ha tenido que cambiar su registro para adaptarse a una posición más centrada. Y hacerlo en tiempo récord. Con mayor presencia de espaldas, influencia en el juego e insistencia en la devolución. Mertens se ha convertido en ese nexo que tanto ansiaba el Napoli (Imagen #1): bien para salir desde los interiores, como para que los extremos, sin importar desde qué lado ofrezcan el esférico, encuentren en el ‘14’ una pared o una combinación que proyecte así sus diagonales. Manteniendo, no obstante, constantes sus otras facetas al espacio y en la resolución. Pues sigue siendo ahí, al espacio, en el filo de la ruptura y el fuera de juego, donde Dries acostumbra a explotar su mejor versión. Y eso, ante pasadores como Hamsik o Jorginho, lanzadores de la vertical naturalidad que desenvainan velocistas como Insigne, Callejón o el mismísimo belga hacen del Napoli un equipo peligrosísimo aunque parezca acostado sobre su propia parcela del campo.

Marek Hamsik, desde el interior, es uno de los futbolistas más determinantes del momento

Por el contrario, el del ataque no ha sido el único inconveniente que ha debido afrontar Maurizio Sarri en lo que va de curso. Incomprensiblemente, fuese o no un problema meramente físico, Jorginho pareció olvidarse de cómo hacer jugar al Napoli. Meses antes, el centrocampista carioca, fichado por Rafa Benítez cuando todavía éste militaba en el Hellas Verona, se convirtió, de largo, en el mejor regista de la Serie A 2015/16. Su posicionamiento, su frescura a la hora de realizar cualquier entrega y, en definitiva, la manera con la que dirigía al conjunto partenopeo desde su privilegiado sitio del mediocampo encandiló a cualquier tipo de valoración acerca de su figura. Jorginho arrancaba desde los centrales, de entre Albiol y Koulibaly, lo que así lo liberaba de cualquier intento de presión contraria, y comenzaba entonces a distribuir a su antojo. A través de los interiores o, en repetidas ocasiones, directamente al extremo. Más concretamente el izquierdo, donde Insigne lo esperaba bien abierto. La jugada, que el Napoli terminó por convertir en automatismo, iniciaba en el brasileño y terminaba con Higuaín rematando. O con Callejón entrando por el segundo palo. A toda velocidad, con Insigne, Ghoulam y Hamsik como intermediarios.

Pero este mismo mecanismo, al cual terminó el curso y los rivales no acertaron a dar con el remedio, se desquebrajó por sí mismo esta temporada. Jorginho perdió su fútbol. Su gracia con el esférico. Lento e impreciso, sus envíos no gozaban de la fluidez de antaño. Erróneos y a destiempo, los contrarios encontraron entonces la grieta al sistema napolitano. El brasileño fallaba, el Napoli no avanzaba (pues tampoco sus interiores ofrecían la solución correcta) y, por ende, el cuadro atendía completamente desorganizado la pérdida. Así que, como ocurría al mismo tiempo en el ataque, Sarri debió cerciorar la corrección en una plantilla que, por su propia suerte, este año sí contaba con un relevo de garantías para cada puesto. Sencilla explicación que, sumado al gol de Zaza en su enfrentamiento directo con la Juventus, concluyó por desfondar a los napolitanos en el último tramo de la carrera de fondo en la que se convirtió el Scudetto 2015/16. Saltó a escena Diawara. Fichado del Bologna este mismo verano, el africano no goza de la inteligencia posicional de Jorginho, pero su físico ultimó por disimular este aspecto. En parte fue Diawara, en la otra Mertens y por último, aunque no por ella menos importante, el giro táctico que Sarri otorgó a su mediocampo y sus extremos. 

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Desde el aterrizaje de Sarri todo se encuentra entremezclado en el Napoli. Y esto no explica sino la fortaleza colectiva mencionada en la introducción de este mismo texto. Aunque por encima del resto un nombre destaque en otro nivel, en un escalón quizás no superior pero que sí merece ser catalogado distintamente. Marek Hamsik necesitaba de Maurizio Sarri, por lo que el italiano, conocedor de su trascendencia, necesitaba recuperar al eslovaco más pronto que tarde. Y lo consiguió, con el mismo método con el que meses después ha repetido de urgencia -sin ser el mismo caso- con Mertens: alejarlo de su posición natural. Hamsik necesitaba un cambio, algo distinto, pues su carrera conducía irremediablemente al estancamiento. De modo que Sarri decidió apartarlo de la mediapunta, donde años atrás había brillado como cremallera entre el mediocampo y la delantera, y le otorgó de un rol distinto hasta la fecha para el capitán napolitano: el interior izquierdo. Desde ese mismo sitio, como apoyo en salida, en la diagonal de Insigne o el desdoble de Ghoulam a su espalda, sin por ello desmerecer sus otras tareas en la recuperación o el golpeo, bien para lanzar como para seguir dejándose ver por el balcón del área rival, Hamsik ha explotado como un centrocampista multifunción. Su lectura, mucho más completa, lo ha llevado incluso a cerrar en doble pivote esta misma temporada (en las contadas ocasiones que Sarri ha cambiado el sistema). Algo impensable, no mucho tiempo atrás, cuando correr y rematar era su idiosincrasia habitual. 

La transición ataque-defensa no ha quedado desprotegida por Maurizio Sarri

Todavía está por ver quién acompañará a Hamsik en el círculo central en la eliminatoria ante el Real Madrid, pues el regista y el interior derecho en cuestión descifrarán las intenciones con las que Sarri hará acto de presencia en el Santiago Bernabéu. Sabedor, claro está, de que la eliminatoria se cerrará en San Paolo, donde esta temporada el Napoli apenas ha dejado escapar puntos (una derrota en Serie A y otra en Champions), Jorginho y Allan podrían partir con cierta ventaja con respecto a Diawara y Zielinski. El brasileño ha dado muestras de mejora en las últimas semanas, mientras que por el perfil derecho del mediocampo Allan (más físico) y Zielinski (más dinámico) se encuentran a la puja. El polaco, otro de los recién incorporados este mismo verano, bien merece ser considerado como otra solución en este curso. Sarri, ante la dificultad de su mediocampo en hacer avanzar al equipo, ha situado a sus extremos en una posición más centrada. Más cercanos el uno del otro y a la vez del centro del campo. De esta forma, y con Mertens también rondando (lo contrario de Gabbiadini, que acostumbraba a estirar más hacia arriba, dejando así un vacío entre las parcelas), el Napoli se ha mostrado mucho más compacto. Más unido a la hora de hacer jugar el esférico y también de perderlo. Porque el cambio no solo ha afectado la manera de atacar (menos dependiente del sector izquierdo), sino también de armarse en su campo cuando el repliegue se torna necesario.

El Napoli 2016/17: 23 victorias, 8 empates y 4 derrotas; 72 goles a favor, 35 en contra; ha dejado la portería a cero en 9 partidos de los 32 disputados. 

Imagen #2: Repliegue del Napoli vs Bologna: 4-5-1. (Click)
El Napoli 2016/17, con diferentes matices con respecto al de la 2015/16, es un equipo repleto de costumbres. Tanto en la salida, donde el regista inicia (en función de la presión que adopte el adversario, y que seguramente ante el Real Madrid obligue a los centrales a ejercer dicha maniobra), mientras los interiores se abren en un movimiento que arrastra a los extremos a ejecutar por dentro. Los laterales, muy físicos, acostumbran a doblar la espalda de sus complementarios para pisar al menos la zona de tres cuartos. Donde destacan las continuas caídas de Mertens, en un toco-me voy que incita al desconcierto de la defensa. Y en el que, por supuesto, al igual que todos participan de hacer jugar al equipo, de dotarlo de una velocidad adecuada para atacar, también intervienen todos en defensa (aunque la lesión de Albiol primero, y el posterior bajón de Koulibaly, sumado a unos laterales que no defienden tan bien como atacan, podría ser la mina a explotar por el Madrid: en tan solo 9 ocasiones de 32 encuentros disputados ha conseguido dejar la portería a cero esta temporada). 

En definitiva, un 4-5-1 que desprotege al atacante en cuestión (Imagen #2), sea Mertens, Pavoletti o una milagrosa recuperación de Milik, a costa de que el resto se proteja con dos largas hileras a la espera de armar su respuesta. Y donde Pepe Reina, desde el tiempo que viste como partenopeo, vive en una segunda juventud. Su saque con la mano, como su golpeo con el pie, es un filón al cual el Napoli no duda en agarrarse si la cuestión es correr al contragolpe. Para muchos, el meta español está considerado como el más ofensivo del continente. Y no es para menos. Sarri lo tiene todo bien atado. Su equipo, adopte cual sea de los caminos hasta ahora descubiertos, funciona como uno solo. Y en Europa, que cada error cuenta por doble, el Napoli tampoco mirará en este aspecto desde abajo al de Zinedine Zidane: siendo el máximo artillero del Calcio con 72 tantos (57 de ellos, en la competición regular).

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