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DZEKO Y DE ROSSI ANTE UNA FIORENTINA MUY CORTA

La Roma sigue muy viva en la Serie A. Tras caer ante la Sampdoria y certificar después su pase a las semifinales de Copa (donde se enfrentará a la Lazio), el equipo dirigido por Luciano Spalletti recuperó la senda de la victoria en un partido que, contra todo pronóstico, resolvió de una manera muy cómoda. Anclada en el segundo puesto, sin perder de vista a la Juventus por el liderato (4 puntos), la Roma se encuentra en un estado muy bueno de forma. No solo físico, sino también futbolístico. La nueva estrategia giallorossa, bajo la incógnita de si se mantendrá o no ahora con Salah, funciona de manera automática. Así, sin forzar en exceso, sirviéndose de la inocencia viola, selló la goleada por 4-0.

Edin Dzeko (30), durante un partido con la Roma esta temporada. Foto: ESPNFC.com

Sin Nikola Kalinic (lesionado), a la Fiorentina le costó mucho estirar de la manta

Nikola Kalinic es, sobre el campo, mucho más que el delantero centro de la Fiorentina. El croata no solo es quien más goles aporta al conjunto toscano, sino que además supone una mina muy valiosa de recursos fuera del área. Y entre ellos, destaca el de estirar al equipo cuando corre desde su propio campo. O combinar en el contrario, de una manera tan rápida como técnica, para dejar la pelota de cara a la zona más eficiente del sistema: la pareja de mediapuntas. Anoche, en el Olímpico ante la Roma, Paulo Sousa no pudo contar con Kalinic (por lesión), así que en su lugar apareció Babacar. Y el africano, más pesado, más lento y, en resumen, tan distinto al balcánico ofrece otra serie de variantes al juego viola. Unas que, ante un escenario como el de ayer, ante un equipo como la Roma y el constante ida y vuelta que lo mismo conlleva, el senegalés no responde de la manera más eficiente. No es lo suyo. El área queda lejos. Y eso se nota, tanto en él, en la Fiorentina y en el propio desarrollo del encuentro.

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Sin un pivote con la técnica adecuada con la que recibir, girar y aguantar, bien para descargar como para iniciar la transición por su misma cuenta, Sousa exigió entonces más cosas a sus mediapuntas. Y también a sus extremos. Los mismos que, a unos cuantos metros de la zona protegida por Szczesny, debían proyectar al resto como si jugasen sin una referencia por delante. Porque Khouma estaba, pero muy marcado. De esta forma, no solo Bernardeschi, también Valero e incluso Chiesa, se encontraban en la tesitura de encarar a una Roma que, ante una referencia tan fija (Babacar), el trío de centrales conseguía a menudo imponerse con comodidad. El resto de veces, no obstante, terminaba con quiméricos golpeos desde larga distancia. Así que en esas, el cuadro de Spalletti consiguió adueñarse más pronto que tarde del encuentro. La manta, algo corta por los pies, parecía bien sujeta con el regreso de Gonzalo Rodríguez al centro de la zaga. Hasta que un despiste de ‘La Roca’, ya habitual pero no por ello experto en la posición del central diestro, y sin restar mérito al envío de De Rossi y al desmarque de Dzeko, terminó por descorchar un primer tiempo en el que, por claridad, fue la segunda gran oportunidad (tras un mal remate de Bruno Peres en el segundo poste).

Spalletti volvió a apostar por el 3-4-2-1 como sistema: con El Shaarawy en la mediapunta

Imagen #1: Mapa de pases de De Rossi vs Fiorentina (97% acierto).
Luciano Spalletti volvió a confiar a los suyos en el mismo 3-4-2-1 que ha venido utilizando desde que Salah marchase con Egipto a la Copa África. Si unas líneas más arriba subrayábamos que el trío de centrales, compuesto por Rudiger, Fazio y Manolas, gozó de la molicie de atender desde el arranque a un atacante menos participativo como Babacar -pues si Kalinic se acerca a la pelota fuera del área, el africano es más bien todo lo contrario-; De Rossi desde el mediocampo y Dzeko en punta materializaron la superioridad del césped en tantos. El italiano, habitual ancla de la Roma, no solo sujetó un mediocampo donde Strootman se despegaba de manera constante, sino que además participó en hasta tres de los cuatro goles de los suyos. Así que con el bosnio muy móvil, en el esplendor de la versión que esta temporada acostumbra en una parcela remota a la del guardameta contrario, sumado a la efectividad de la que disfrutó el mediocentro y la irrupción de Nainggolan y El Shaarawy por dentro, el cómputo terminó por desequilibrar el contexto del segundo tiempo por completo. Sousa probó con Ilicic, moviendo así a Bernardeschi hacia la izquierda; para terminar después con Tello, a pie cambiado, con una Fiorentina incapaz de desprenderse de su fracción correspondiente del terreno. Se volcó la Roma, cómoda en lo defensivo y mandona de ahí hacia delante, con unos carrileros (Emerson y Peres) muy proyectados, con una fluidez y una intensidad que, tanto en el remate de Fazio, el contragolpe de Nainggolan y el cierre de Dzeko -aprovechándose del enésimo descuido toscano-, terminó por deshacer el catre en el que intentó arroparse Sousa en su visita al segundo máximo artillero del campeonato (48 tantos). 


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