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DRIES MERTENS EN TIERRA DE NADIE

El Napoli afrontó su encuentro ante el Genoa, correspondiente a la 24º jornada liguera, con la mente puesta en el Santiago Bernabéu. No sabemos si también buena parte de las piernas, pues este detalle no lo desvelará Sarri hasta un rato antes de las 20:45 del próximo miércoles. Sin embargo, la sensación que sí trasciende de todo ello es que, con las obligadas ausencias de Callejón y Hysaj, el Napoli varió poco con respecto al equipo que formará dentro de tan solo cinco días ante el Real Madrid. Lo resolvieron los de Sarri, y bien, aunque la proximidad del trascendental encuentro y las dificultades impuestas por Juric desvelaron una versión algo más espesa de lo que habitualmente acostumbra.

Dries Mertens (29) y Emanuele Giaccherini (31) celebran uno de los tantos ante el Genoa. Foto: TuttoSport

Como ya probase en Florencia, Ivan Juric volvió a apostar por un juego de marcas defensivas

Desde que Ivan Juric tomase el testigo genovés, tras ascender con el Crotone desde la Serie B, el equipo ha mantenido una línea ciertamente continuista con respecto a lo que ya proponía Gian Piero Gasperini. El sistema, a decir verdad, y salvo variaciones puntuales, continúa estando formado por una líneas de tres futbolistas atrás, dos carrileros por fuera, un par de hombres en la mediapunta, otro más formando un doble pivote y un punta con mucha hambre. Incluso no solo el módulo, sino también los conceptos parecen amamantados por el croata del ahora técnico del Atalanta. Así, como ya ocurriese hace solo una semana en Florencia, y durante reiteradas ocasiones ha repetido a lo largo de este mismo curso, el Genoa volvió a formar con un dispositivo de marcajes al hombre. Esta vez, el escenario era San Paolo, ante un Napoli caracterizado por la constante movilidad de sus piezas (sobre todo en el aspecto ofensivo), y el experimento genovés bien fue responsable de la tremenda pesadez con la que el cuadro de Sarri embocó el túnel de vestuarios al tiempo del descanso.

Imagen #1: Hamsik e Insigne bajan hasta mediocampo. (Click ampliar)
Por su parte, y como era de esperar, Maurizio Sarri no movió un ápice de su infranqueable 4-3-3. Y las únicas variaciones, a tenor de lo que suceda el próximo miércoles en Champions League, parecieron cubrir más exigencias (las de Callejón y Hysaj, ambas por sanción) que probaturas ni descansos por parte del cuadro partenopeo. De esta forma, con Maggio y Giaccherini en el costado derecho, cubriendo las bajas del lateral albano y el extremo español, el Napoli formó con su once más en forma del momento: con Reina bajo los palos; Albiol, Koulibaly y Ghoulam acompañando al veterano capitán napolitano en la defensa; con Diawara como regista escoltado por Hamsik y Zielinski desde los interiores; mientras que Insigne y Mertens hicieron lo propio con el (re)debut en Serie A de Giaccherini. La tarea genovesa no ofrecía dudas: la persecución, de mediocampo hacia adelante, fue total. Y sin embargo, para lamento del técnico y los suyos, las lesiones privaron al encuentro de adoptar un escenario muy distinto con el que finalmente terminó concluyendo. Con los centrales y los carrileros (Lazovic y Laxalt) muy abajo, en constante atención a cualquier movimiento del tridente ofensivo napolitano; a la vez que el doble pivote no perdía de vista al par de interiores, al Napoli le costó mucho entonar su dominio territorial. No salía con fluidez, los futbolistas no giraban cómodos y, en definitiva, le costó asentarse en campo contrario.

El plano físico y la irrupción de Mertens por dentro terminaron por reventar el encuentro

El contexto genovés, conviene ser subrayado, adoptó tintes especialmente parecidos al de hace escasos días en el Artemio Franchi de la Fiorentina. El equipo, muy atrás, más pendiente de no ser dañado que del estropicio que él mismo podría causar, no consiguió apenas intimidar el área defendida por Reina. Simeone, como única referencia ofensiva, acompañado por Rigoni y Palladino a su espalda, se vio en la constante tesitura de lidiar por su propia cuenta con una defensa napolitana que, a razón de su gradual asentamiento, defendía siempre de cara y muchas veces por alto con el argentino muy lejos (y muy solo) del área, debido a la posición tan retrasada de los carrileros. Las lesiones hicieron mella. Sin llegar al descanso, Juric ya se había visto obligado a prescindir de dos cambios (Orbán y Cataldi en lugar de Gentiletti y Veloso) y el movimiento de las piezas napolitanas terminó por hacer el resto. Futbolistas como Hamsik o Insigne, sin todavía rebasar los primeros cuarenta y cinco minutos del partido, retrocedieron varios metros su puesto (Imagen #1). La intención, claro está, no era otra que alejarse de sus marcas, ganar tiempo y, por encima de todo, un espacio que resultase decisivo en el devenir del encuentro.



Sin embargo, y pese a que el Napoli fue de menos a más durante la primera mitad, no fue hasta la segunda parte cuando un nombre propio destacó por encima de los demás. Se enfundó la capa y, sirviéndose del cansancio que también se fue apoderando del conjunto rossoblù, cambio por su cuenta el signo del choque. Mertens, como viene acostumbrando en este curso desde que Sarri decidió colocarlo como referencia ofensiva, comenzó entonces a ofrecerse más y mejor por dentro. Con más ímpetu. Con mayor reiteración. Bajo una regular celeridad que, para entonces, no hubo marca ni piernas de refresco capaces de poner remedio. En pleno éxtasis técnico del belga, el primero en aprovecharse fue Zielinski, recogiendo un rechace desde el balcón del área que supuso el primer martillazo sobre los de Juric. Éste lo probó con Taarabt, acorde con un guion lo más parecido al del pasado domingo. Aunque en esta ocasión, el equipo no supo/pudo servir/aprovechar una sola ventaja a su '9' (Simeone), que vio como Giaccherini permitió que entonces sí, con veinte minutos más de lo estipulado, Sarri y los suyos se permitiesen el lujo de pensar en su próximo viaje a Madrid.


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