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ALLEGRI CONTRA LA ELECTRICIDAD DEL INTER

Este año tampoco será. Y el Inter de Milán ya acumula un lustro sin asaltar el feudo de la Juventus. La última vez que lo consiguió, en 2012, coincide además con la mejor racha nerazzurra de los últimos años (10 victorias seguidas). La misma que, de no haber sido por su eliminación copera en esta misma semana, el equipo, ahora entrenado por Stefano Pioli habría conseguido igualar. El Inter, salvo el último resbalón, aterrizaba en Turín en un buen estado de forma. Tras una remontada de sensaciones, puntos y, en consecuencia, de posiciones en la clasificación, por vez primera en mucho tiempo la previa del encuentro apuntaba a la posibilidad de un quiebro en lo establecido. La contingencia, sin embargo, se esfumó una vez superados los primeros cuarenta y cinco minutos.

Juan Guillermo Cuadrado (28) celebra su tanto conseguido ante el Inter de Milán. Foto: CorrieredelloSport

Pioli cambió el sistema: formó con tres centrales y dos carriles; y la cosa funcionó

Stefano Pioli sabía mejor que nadie dónde se situaba la principal debilidad de su Inter ante la visita al feudo bianconero. La defensa es, hasta la fecha, la parcela más endeble desde que el italiano tomase el testigo. O al menos la que peor, o más lento, ha conseguido evolucionar desde su llegada. Y por ello, ante la ausencia de Ansaldi (sancionado), Pioli probó vuelta de tuerca al sistema hasta entonces propuesto: formó con tres centrales -Miranda, Medel y Murillo-, escoltados por Candreva y D’Ambrosio -esta vez por izquierda- desde los costados. De esta forma, el Inter no solo se protegía más -y mejor- ante un posible contragolpe de la Juventus, fruto del vertiginoso fútbol que él mismo propone sea cual sea el rival al que se enfrente, sino que además con el central colombiano por derecha, ayudado muy de cerca por Candreva, Pioli introducía un mayor refuerzo ante la banda izquierda de la Juventus; la misma que, desde hace varias semanas, frecuenta Mandzukic y el fútbol que el propio croata conlleva a sus espaldas (con Alex Sandro como lateral por el mismo costado).

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Imagen 1: Planteamiento inicial del Inter: Candreva muy abajo. (Click)
No obstante, la variante táctica de Pioli contrajo su parte negativa. O, cuanto menos, la no tan buena. Con Candreva tan abajo, tan exigido en la cobertura de un central que tampoco acostumbra a cerrar como el último de la defensa por derecha, el Inter se veía así desprovisto en numerosas ocasiones de uno de sus pilares ofensivos (Imagen #1). Porque si por algo destaca el italiano, conviene subrayarlo, es por su potencia; pero el paso de los minutos en un encuentro de tanto -y tan constante- intercambio termina por desgastar a cualquiera. Porque el primer tiempo que disputaron la Juventus y el Inter fue de puro ritmo. Pura tensión. Un insistente reparto de golpes en el que, a los puntos, ninguno mereció irse por debajo al descanso. Aunque, como esto es fútbol y no boxeo, la puntería terminó por desequilibrar el primer asalto. Y el derechazo de Cuadrado noqueó, en el sitio y, sobre todo, en el momento que más daño provoca, al conjunto interista. Un golpe del que, sumado a la lectura táctica que aplicó Allegri en el segundo tiempo, terminó por atenuar el encuentro.

El golpe anímico del tanto y la lectura de Allegri cerraron el partido antes de tiempo

Massimiliano Allegri alineó por quinta vez consecutiva en lo que va de campaña el sistema 4-2-3-1. En el que, además del doble pivote, la novedad del mismo reside en su ataque. Dybala volvió a formar por dentro, aunque con la libertad de caer hacia la banda, en una tenaz permuta que mantuvo con Cuadrado por hacer más estrecho el ataque de la Juventus. Así, debido a la larga hilera con la que defendía el Inter cada vez que replegaba (hasta cinco defensores, contando a los carrileros como laterales), la movilidad de Higuaín fuera del área y el empeño de Mandzukic a la izquierda del sistema terminaron por hacer el resto. El argentino, el ‘9’ de la Juventus, esta vez sí requirió cierto protagonismo alejándose de la marca defensiva del contrario, para recibir, descargar y, en definitiva, proyectar a los suyos. El Inter, con el paso de los minutos, fue perdiendo fuelle. Intensidad en sus acercamientos. Y ante todo presencia en mediocampo. Allegri introdujo a Marchisio por Dybala, en un cambio que transformó al equipo en un 4-3-3 y que terminaría (con Alves y Rugani) en 5-3-2. 

Massimiliano Allegri tras el partido, en PremiumSport: "Me marcho muy contento. Ha sido un partido de altísimo nivel, casi como una semifinal de Champions, por lo que también debo felicitar al Inter. Más allá del resultado, he pedido a los chicos realizar una actuación a la altura y me encuentro muy satisfecho. Hablar de números (del sistema) es muy simplista; lo importante era salir con la actitud necesaria. Todos los días escucho aquello del 'módulo definitivo', pero con todos estos futbolistas dime de qué otra forma podríamos jugar". 

A día de hoy, solo la Juventus y el Chelsea pueden presumir de una misma cosa en todo el panorama europeo. Más allá del liderato que tanto uno como el otro ostentan en sus respectivos campeonatos, ambos muestran un aplomo inatacable cada vez que consiguen ponerse por delante. Una fiabilidad defensiva que, pese al intento de reacción que probó Pioli antes de que su contrario moviese un ápice de su planteamiento, dio por finalizado el encuentro. El Inter lo procuró con Kondogbia y Gagliardini en el medio, a la vez que Éder se situó a la espalda de Icardi (y lo que reubicó a Perisic a actuar por derecha en el tramo final del encuentro, por más cansancio de Candreva que invento técnico). Pero para entonces, con más de media hora por delante, el partido tocó su desenlace. El desenfreno de los primeros cuarenta y cinco minutos se dieron por concluidos. El ritmo bajó, aunque no por ello la brega en mediocampo, ni la intensidad con la que, desde aquel preciso instante hasta el final, de vez en cuando conseguían inquietarse el uno al otro; sin olvidar el trabajo que Chiellini y Bonucci realizaron sobre Icardi y Joao Mario. Allegri volvió a acertar con los cambios. Lo que empujó a la Juventus, con el piloto automático puesto, a dar un paso de gigante en la carrera por el que, de conseguirlo, será su sexto Scudetto consecutivo.

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