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DE VECINO A KALINIC PARA DESARMAR A LA JUVENTUS

Nikola Kalinic es, a día de hoy, uno de los atacantes más infravalorados del fútbol europeo. Lo volvió a demostrar anoche, ante su público, y contra nada más ni nada menos que la Juventus de Turín. El croata cargó, como es habitual, con todo el peso del equipo a sus espaldas. Y la carga llegó a buen puerto. O mejor dicho se quedó, pues metafóricamente hablando el equipo viola pasó gran parte del encuentro atracado en el lado bianconero. La actuación de los de Sousa no solo se limitó a minimizar la propuesta de los de Allegri, sino que además sentenció una de las mejores versiones del cuadro florentino desde que el luso jurase su cargo como técnico.

Nikola Kalinic (29) se abraza a su técnico, Paulo Sousa (46), al concluir el partido ante la Juventus. Foto: Gazzetta.it

Kalinic y el doble pivote dejaron sin escapatoria a la Juventus

La Fiorentina exhalaba carácter por los cuatro costados desde el arranque. Y esa marcha más, esa dosis extra de intensidad que le permitía llegar con una asidua anterioridad a cada vuelo, terminó por marcar la diferencia del primer tiempo. También del segundo, aunque el tanto de Gonzalo Higuaín pudiese hacer creer por un momento de lo contrario. Pero, vayamos por partes. Salió Paulo Sousa con su habitual sistema formado por un portero, tres centrales, dos carrileros, un doble pivote, una pareja de mediapuntas y un delantero. Hasta ahí, nada extraño. Sin embargo, si atendemos a los nombres que dieron forma a dicha enumeración, resultó llamativa la inclusión de Carlos Sánchez como central por derecha. Pero anoche, todo se terció de cara para el equipo viola así que ‘La Roca’ brilló con la naturalidad de quien llevase ocupando ese puesto toda su trayectoria. Aunque la propuesta, con Badelj y Vecino en mediocampo, además de incrustar al ya mencionado colombiano en la línea de tres centrales, pudiese parecer conservadora; el designio resultó todo lo contrario. Porque la Fiorentina salió a defenderse ante la Juventus, es cierto, pero conviene matizar que para ello utilizó el mecanismo más eficaz que hasta ahora ha descubierto el fútbol: la posesión del esférico.

El partido de Nikola Kalinic (vs Juventus) en cifras: 85% de acierto en el pase, 4 oportunidades creadas, 3 disparos, un regate, un duelo aéreo, 6 faltas recibidas (4 generadas) y un gol. [Squawka]

Imagen #1: Mapa de pases de Kalinic vs la Juventus. 85% de acierto. (Click)
Con el balón, el equipo toscano arrancó a dominar absolutamente todo. Pues además de la dirección de la pelota, que tampoco entretenía demasiado en mover horizontalmente, pasó a adueñarse también del espacio. Al control del esférico le introdujo, en su dosis correspondiente, la otra clave del éxito: la presión tras pérdida. Así que la Fiorentina, durante largos tramos del encuentros, mandó en lo que posicionalmente se refiere. El equipo sabía dónde y cuándo, en caso de que se produjera, resultaría más sencillo desdeñar la pérdida. Y con la Juventus asfixiada, ante su propia medicina, sin ser capaz de despegarse de su propia parcela, el recurso más repetido por los de Allegri durante la primera parte se lo quiso ofrecer el propio Dybala: el argentino, desde muy abajo, comenzó a reunir una serie de arrancadas que, dada la longitud y la maraña que rápidamente sobre él se cernía, terminaba casi siempre en falta y las otras restantes en una recuperación contraria. Massimiliano no quiso arriesgar a Pjanic, quien arrastraba ciertas molestias, por lo que tuvo que optar por su plan de base: el 3-5-2. No obstante, el mismo se alejó del guion previsto. A la Juventus no solo le costó desplegar, sino que además Vecino comenzó a perforar un agujero que Kalinic, de espaldas a puerta, iba haciendo cada vez más profundo (Imagen #1). El croata tocaba, a uno o dos toques, siempre de cara con la mediapunta -Valero y Bernardeschi-, hasta que la grieta terminó por desquebrajar a la Juventus.  

La Fiorentina se mostró tan sólida, de principio a fin, que anuló (casi) por completo a Higuaín

Lejos de encontrar solución, después sería Badelj el encargado de seguir horadando el hueco. El croata sirvió un balón suave, por alto, a la diagonal interior de Chiesa, que nada más retomar el segundo tiempo dobló la desventaja de la Juventus. De las pocas veces que consiguió estirarse anoche en el Artemio Franchi, Gonzalo Higuaín cazó su decimosexto gol de la temporada. Incluso tiempo después tendría para haber vuelto a sellar un nuevo rescate, como ya ocurriese en el enfrentamiento de hace unos meses, de no ser por los reflejos de Tatarusanu y la connivencia colectiva que se desquitó de la amenaza. También pudo ampliar su renta la Fiorentina, pero el destino no tenía más goles reservados para este partido. Fue entonces cuando apareció el otro gran logro viola de la noche. 

Y es que, tras el gol de Higuaín, como no podía ser de otra forma, el físico de los unos y el ánimo de los otros advirtió con sobrescribir una sinopsis muy distinta a la que terminó siendo. Pero esto no sucedió por una sencilla razón: pese a los cambios, que transformaron y volcaron a la Juventus, el escenario apenas se inmutó. La respuesta de Sousa fue la apropiada. Así, futbolistas como Cristóforo reforzaron el mediocampo; Tello aportó piernas de refresco ante el tremendo desgaste de Chiesa -quien le ha comido la tostada por el puesto-; e Ilicic sirvió como excusa para que el Franchi reconociese a Valero su gran labor, independientemente de donde actúe. Y como muestra de todo ello es que con Pjaca y Alex Sandro por izquierda (ante Carlos Sánchez), Cuadrado por derecha, Dybala como enganche y Mandzukic e Higuaín dentro del área, la Juventus no consiguió siquiera pellizcar la firmeza mostrada por la Fiorentina. Ahora, una vez alcanzada, lo valioso será mantenerla.

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