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PASALIC Y LAPADULA ENTRE LOS AJUSTES DE MONTELLA

Gianluca Lapadula pertenece a esa camada (no pequeña) de futbolistas que tardan en explotar. Que llegan a aunar, incluso, la irrupción con su sazón profesional. Y eso, es lo que ha sucedido con el delantero ítalo-peruano. No fue hasta el curso pasado, una vez rebasada su edad por encima del cuarto de siglo, cuando Gianluca Lapadula exigió al continente una oportunidad de primer nivel. Tras una carrera marcada por las categorías inferiores de Italia, San Marino e incluso Eslovenia, Lapadula sorprendió a propio y a extraños abanderando el regreso del Pescara a la Serie A, gracias a sus 30 goles en 46 jornadas. Su fichaje no fue sino la moraleja de que, buscando otro relevo para Bacca, el Milan aseveraba a Luiz Adriano como su enésimo fracaso.

Gianluca Lapadula durante un partido con el Milan esta temporada. Foto: CalcioNews24
  
Suso y Romagnoli capitalizan las (nuevas) rutas de salida

El Milan de Montella es un ente en constante movimiento. En un aprendizaje continuo de roles y conceptos, el colectivo rossonero pone en experimento, jornada tras jornada, lo aprendido a lo largo de la semana. De esta forma, a pocas semanas de que se presente el ecuador de la temporada, el Milan continúa dando forma a un modelo que aún se encuentra lejos de alcanzar su coexistencia. Las lesiones, los bajones en el rendimiento así como los planteamientos propuestos por los rivales a los que ha enfrentado, han llevado al técnico napolitano a no conformarse con su primer invite táctico. Tras conocerse el infortunio de Montolivo, lo que situó a Locatelli en el eje medular del primer equipo, Montella edificó una estrategia a través de la cual su equipo conseguía salir por bajo, como a él más le gusta, a base de construir constantes triangulaciones en el sector diestro del campo. Consciente, de que los rivales que salen a buscar arriba al Milan, al primero que anulan con sus presiones es a Locatelli -quien tampoco, lógico por otra parte, maneja los recursos con los que desquitarse de la misma-, el técnico encontró entonces un plan de fuga que iniciaba desde el saque raso de Donnarumma y terminaba con el lateral muy alzado (Abate), en consonancia con su interior (Kucka) y extremo (Suso) más cercanos.  

Imagen #1: Triángulo del Milan en salida por derecha. (Click ampliar)
Pero Montella, como era de esperar, ha dado con el contrapeso por el otro lado del campo. Gracias, en parte, al constante crecimiento en el que se encuentra inmerso Alessio Romagnoli, el central supone el eje con el que dar sentido al nuevo proceso táctico. En esta ocasión, y aunque la idea se encuentre todavía a mano alzada, cuando Donnarumma saca por bajo -faceta, la de los pies, que debe seguir mejorando-, los centrales se posicionan muy abiertos. En paralelo y salvando la distancia con la presión, que suele hacer su sombra en el regista, los dos defensores -más a menudo Romagnoli por izquierda- componen el primer vértice de la figura (Imagen #1; Imagen #2). A su zona, y en ayuda ante un contrario que entonces sí se lanza a apretar, el lateral (De Sciglio) y el medio por ese lado (Pasalic/Bonaventura) terminan de trazar el polígono. El movimiento, debido a que el adversario se agolpa con su extremo/volante, interior -si lo tiene- y delantero sobre los jugadores rossoneri y la línea de banda, termina generando un espacio que deja a Locatelli recibiendo de cara y libre de marca. La salida, que se puede centrar por el regista, recoge también su lógica cuando el extremo (Niang) -que queda libre de esa salida, a diferencia de lo que sucedía- inicia la carrera contra el lateral contrario, a menudo desprotegido y fuera de sitio.

Imagen #2: Triángulo del Milan por izquierda vs Crotone. (Click ampliar)
Así, mediante los triángulos imaginarios que trazan las piezas de su 4-3-3, es como Montella trabaja por construir diferentes salidas que, en caso de pérdida, estando muy cerca de la línea de cal y con tantos futbolistas suyos encima, tengan fácil recuperación. O cuanto menos un despeje. Porque esa, la del repliegue, es la otra función sobre la que debe poner empeño el técnico. Una vez que el Milan llega arriba, bien a través de sus laterales como mediante balones largos a la carrera/espacio de sus extremos -donde Niang genera la diagonal por el pico del área; mientras que Suso, siendo zurdo por derecha, gusta de recortar hacia dentro-, la altura de los laterales, que conducen la posesión hacía sus últimos metros, forma un espacio donde el rival aprovecha para armar su respuesta. Pues con el equipo muy volcado, encimando en busca del tanto, esto -hasta dar con el arreglo- supone un arma de doble filo: solo los centrales y Locatelli, en caso de contragolpe, se encuentran de cara para defender. Así que, como ya se aprovechasen equipos como el Empoli o el Crotone en las últimas semanas, el  desajuste al que no llegan (o no suelen llegar) a tapar el regista y el par de centrales, termina por fragmentar al Milan a expensas de la precisión y velocidad que imponga su rival por llegar al área defendida por Donnarumma.

Pasalic y Lapadula han emergido como opciones muy válidas

Lo normal, una vez recupere su forma, es que Carlos Bacca vuelva a ser la referencia titular del Milan. Mientras Vincenzo Montella continúa su reforma, dando entrada a nuevos detalles y puliendo los del arranque, la alternativa de reconstruir el sistema y adaptarlo al mismo tiempo para sus dos puntas no parece formar parte de la baraja. Así que con esas, y a la espera de que el colombiano recobre su tono, el Milan ha encontrado en su ‘9’ a algo más que un sustituto. Lapadula ha formado de inicio en las dos últimas jornadas, acumulando un total de cuatro titularidades y otras cinco entradas desde el banquillo, y en hasta tres de sus últimos cuatro jornadas consecutivas jugando ha terminado por resultar decisivo. Entró a escasos diez minutos del final en el encuentro frente al Palermo, y consiguió el tanto de la victoria; abrió y cerró la goleada frente al Empoli; y selló la remontada ante el Crotone, durante el pasado domingo. En definitiva, y dicho de otra forma, la irrupción de Lapadula ha garantizado de manera directa hasta 6 puntos al Milan; que lo mantienen en la pugna con la Roma por los puestos que dan acceso a la Champions.

Imagen #3: Pasalic vs Crotone; 1 gol, 87% pas y 3 recuperaciones. (Click) 
Pero, ¿a qué se debe todo esto? Seguramente esta sea la pregunta más repetida en el entorno rossonero durante las últimas semanas. Y su explicación se encuentra en el juego. El Milan, como decíamos, prosigue con la reconstrucción de sus piezas. Y entretanto que Montella termina de acertar con la orientación justa del plano, por el camino se ha encontrado con dos piezas de un valor muy alto. La primera, quizás menos sonada, se localiza en mediocampo. Al igual que ocurre con Bacca, y para amargura del colectivo, ni Kucka ni Bonaventura atraviesan por su mejor momento (físico). Sin el internacional italiano, Montella no solo pierde a uno de sus futbolistas más polivalentes, sino además a su mayor talento creativo por el sector izquierdo del campo. Mientras que sin el eslovaco, a su box-to-box por el lado contrario. Pero entonces, ha emergido Mario Pasalic. El futbolista croata, aunque de origen alemán, se ha convertido en el mejor recambio a los interiores (Imagen #2). Tanto por derecha -su lado natural- como para jugar por izquierda, el joven cedido por el Chelsea se ha destapado como un apoyo -suele ser él quien le entregue de cara, tras completar el triángulo en la banda- muy cercano a Locatelli. A su vez, en su lista de deberes, a Montella se le acumulan los nombres de Mati Fernández y Sosa, quienes ya sea por ritmo o simple sentido táctico, continúan en la estacada sin aval como recambio.

Gianluca Lapadula 16/17: 4 goles en 9 partidos (338 minutos); un gol cada 84 minutos
Carlos Bacca 16/17: 6 goles en 13 partidos (925 minutos); un gol cada 154 minutos.  

Sin embargo, no es el propio Bacca el principal perjudicado de su ausencia. Ni Montella, ni tampoco el propio Milan. Sino M’Baye Niang. El francés, durante la temporada anterior, cuando todavía Mihajlovic se sentaba en el banquillo milanista, alcanzó su segunda cota más alta en su rendimiento profesional. En el 4-4-2 primero y en el posterior 4-3-3 que formuló el técnico serbio, Niang destacó por una función diferencial: servir como lanzadera al propio Carlos Bacca. Si bien durante su cesión en el Genoa, con Gasperini, Niang despuntó por izquierda -como juega ahora en el Milan- por su zancada y regate en velocidad, ahora, meses después de todo aquello, continúa sin sentirse cómodo en la propuesta de Montella. El napolitano, que ya probó frente al Empoli a situar a Bonaventura como extremo -en una de sus muchas funciones-, confía en engrasar la pieza del galo. Porque a lo largo de las últimas temporadas Bacca ha sido el mejor, de eso no hay duda, pero la conexión terminó por reforzar la propuesta de Mihajlovic. Y para muestra: cómo la lesión del francés durante la anterior campaña nubló la dirección del colectivo

Mientras Bacca, con o sin el mejor nivel de Niang, se ha caracterizado por su autosuficiencia con la que tirar del carro: bien para buscarse él mismo el espacio hacia al que correr, como para encontrar la posición más ventajosa en el remate; Lapadula, como ya hiciese en el Pescara, no exige de más al resto. Incluso, más bien lo contrario. Peleón como muy pocos, sobre todo cuando brega de espaldas a portería, su carácter y su pie izquierdo lo han llevado en alguna ocasión a cambiar el sentido del juego en el momento que se acerca a la zona de medios -diferencia fundamental que mantiene con Bacca; la otra, su maniobra puramente técnica-. No obstante, cuando más dañino se muestra el ítalo-peruano es cuanto más se aleja del esférico. Así actúa cuando el Milan sale en transición, intuyendo la zona de remate, como también cuando despliega el fútbol que más le divierte: a la espalda de su contrario. Ahí, con espacios, Lapadula marca diferencias. Por fuerza y dinamismo en su carrera. Tal y como sucede con Bacca, y tantas veces ha enseñado vistiendo con el Milan y tiempo atrás para el Sevilla. Ambos brillan ante un último pase, que los ponga delante del portero o los catapulte a salir con el esférico. El desenlace siempre suele ser el mismo. 


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