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LA PRIMERA DE SUSO, DONNARUMMA Y MONTELLA

Cinco años han debido transcurrir para que el Milan vuelva a proclamarse campeón a título oficial. Desde la tarde de ayer el club rossonero ha ampliado su palmares en hasta siete Supercopas nacionales, empatando, curiosamente, con el cuadro bianconero como los dos italianos más laureados (también) en esta distinción. Aquella última vez, en 2011, fue ante el Inter y con Allegri en el banquillo ganador. Y desde la misma, disputada en Pekín, el Milan perpetró una racha maldita que ha extendido hasta nuestros días. Esta vez, con el livornés en la zona técnica rival, y en su segunda final seguida ante la Juventus, el Milan consiguió romper con su maleficio. Se impuso a la Juventus, en un duelo que se alargó hasta los penaltis y que, quien sabe si, como ya ocurriese hace un lustro, pero ahora en el sentido contrario, el destino tiene reservado un punto de inflexión al equipo rossonero.

El Milan alza la Supercoppa d'Italia 2016, la 7º en su palmares histórico. Foto: AC Milan

Suso, desde la derecha, perforó el sistema defensivo de Allegri

Porque la Juventus salió como desde hace tiempo se convirtió en habitual cada vez que juega dentro de Italia. Dominando, desde el esférico, el conjunto turinés pretendió encerrar a su contrario. Sin embargo, la ausencia de Leonardo Bonucci en defensa supuso la primera traba para los de Massimiliano: el central italiano es el primero en recibir de Buffon y sacar el balón jugado, así que sin él, y aunque Rugani muestre aptitudes -o intenciones- para ello, la Juventus perdió a su principal conexión con Marchisio. Montella supo de esta carencia, por lo que decidió establecer su presión a media altura, más concretamente donde se situaba el ‘8’ juventino. Así que sin Bonucci, primer conductor, ni Marchisio, principal receptor, la Juventus se vio obligada a buscar una salida alternativa: el juego directo. Si bien esta carencia no se percibió hasta bien entrado el primer tiempo, dada la altura que adoptaron ambos conjuntos desde el inicio, la profundidad de Lichtsteiner y Alex Sandro por los costados, además del recorrido que Khedira y, sobre todo, Sturaro ejercieron, ocultaron la máxima carencia que afrontaba la Juventus en el encuentro. Pjanic se movía por delante, en tres cuartos, donde inclusive Mandzukic se convirtió en el pivote sobre el que la Juventus salía en largo, mientras Sturaro y Alex Sandro, como (falso) volante y lateral oprimieron al Milan contra su propio área.

Porque el equipo de Montella, durante el primer tramo de encuentro, se mostró incapaz de responder al empuje bianconero. El asedio, cada vez más incesante, se transformó en un continuo disparo-despeje que engrosó el número de córners que la Juventus botó en la final. Y precisamente mediante Pjanic, desde la esquina diestra que defendía Donnarumma, el campeón italiano encontró su premio desde bien temprano. Dada la comodidad con la que abrió el escenario, la Juventus quiso entonces imitar su plan más repetido durante las últimas semanas: una vez con el marcador a su favor, el equipo se junta en su propio campo y espera a un contragolpe que redondee el partido. Y sin embargo, con aquello que no contaba Allegri fue con encontrarse su segundo escollo en un momento tan plácido: la lesión de Alex Sandro. Sin el brasileño, la Juventus perdió su estabilidad ofensiva y también la que refiere más cerca de su propia área. Y fue cuando entonces emergió la figura de Suso, no por casualidad, en el mismo costado que comenzó a defender Evra.


Vincenzo Montella, tras el partido: "Hemos iniciado algo contraídos. Naturalmente, pienso que la experiencia ha marcado la diferencia en el arranque del partido. Tras esto, hemos crecido y hemos actuado con mucha más decisión. Hemos concedido el mínimo indispensable a esta Juventus y en el global de los 90 minutos hemos creado mucho más que ellos. Ha sido un encuentro muy largo, pero entiendo que hemos vencido a partir de la recta final del primer tiempo". 

El español, pegado a la banda y explotando su recurso preferido, no solo igualó la contienda sino que además la terminó por superar. De un recorte hacia dentro y un envío cruzado al segundo palo, como más le gusta al gaditano, Bonaventura firmó el empate. Un gol que cambió de forma radical el devenir del encuentro. Pues la Juventus, reculada ante su propio paso, sin sus mejores hombres en salida -uno fuera de la lista y el otro continuamente presionado- y sin uno de sus principales focos ofensivos (Alex Sandro), se vio desapropiada de la manija del encuentro; se impuso el Milan, que recobró su orden defensivo, se alzó como colectivo y bombardeaba constantemente el área de Buffon gracias a un Suso que, a la postre, equivaldría medio título.

Dybala funciona, Pjanic no tanto, para jugar por detrás de Mandzukic-Higuaín

Dado Higuaín por inamovible, el momento de Mandzukic así como el del propio Dybala -que hasta hace bien poco arrastraba los problemas físicos que sufrió precisamente en el último partido frente al Milan-, Allegri probó a entregarle de nuevo la mediapunta a Miralem Pjanic. Pero el bosnio, una vez más, resultó no estar del todo acertado. Se movió, como decíamos unas líneas más arriba, a la espalda de la doble punta; presionaba sobre Locatelli cuando el Milan iniciaba -por bajo-; y además sirvió desde el banderín la asistencia a Chiellini. No obstante, el ex futbolista de la Roma volvió a deambular por una posición que no termina de hacer suya. La misma de la que sí se ha apropiado, con muchos menos minutos disputados en ese mismo rol del 4-3-1-2, Paulo Dybala. Allegri lo introdujo en el segundo tiempo para jugar, como ya probase por primera y única vez (con el partido ya resuelto) ante el Dinamo Zagreb, a la espalda de su compatriota y el croata.

Leer más: Miralem Pjanic, mucho más que un buen golpeo

Y la diferencia fue abismal. Cierto es que influyó el físico, en defensa de Pjanic, pues como resulta lógico el Milan no encimaba con la misma celeridad e intensidad del arranque. Pero aun así, y con los cambios de por medio, Dybala entró para hacer lo que mejor sabe: en primer lugar se adueñó para después revolucionar a su manera. La cosa funcionó, pues aunque Bacca tuvo opciones para haber dejada encarrilada la final, la entrada del ‘21’ produjo un impacto que volvió a noquear al Milan. Aguantó el equipo de Montella la embestida bianconera que capitaneó el joven de Córdoba: probó a Donnarumma en unas cuantas ocasiones, arrancando siempre una marcha por encima que su par e incluso llegó a servir en bandeja el tanto a Evra -aunque el del francés no sirvió por fuera de juego-, y todo esto con menos de media hora reglamentaria por delante.

La serenidad de Gianluigi Donnarumma sirvió en bandeja el título

El portero del Milan arrancó la final con dos frivolidades que le pudieron pasar factura al Milan desde bien temprano. En ambas ocasiones, un despeje y otra un recorte sobre Sturaro, evidenciaron que el balón con los pies no es (¿todavía?) la mejor cualidad de la que presume Donnarumma. No obstante, sin dar importancia a un ápice del contexto, el joven guardameta transformó esa debilidad en una fortaleza. No volvería a fallar, aunque nunca hubiese llegado a hacerlo, por lo que ni siquiera en lo que restó de final dejó indicios de ello. Algunos los blocaría, otros los despejaría, pero Donnarumma se mostró siempre muy atento en cada una de sus intervenciones. Concentración que alargaría por encima de la prórroga, donde el cansancio se convirtió en el principal protagonista de la media hora que transcurrió entre el 90 y el 120 de partido, y llegaría hasta la crucial tanda de penaltis. Allí, en un duelo histórico, se batió frente a frente con su referencia. Fue un Gianluigi (Buffon) contra ‘Gigio’ (Donnarumma), y como si la ficción superase a la realidad, el alumno se impuso sobre su mentor. 

Aunque el balance bien se podría zanjar en empate, pues ambos sacaron un lanzamiento -a Lapadula y Dybala respectivamente-, la atajada por el del Milan cobró mucho más peso. Donnarumma se lo paró a Dybala, arriba, en el quinto penalti de la tanda, con una mano cruzada que trasciende a cualquier ley de la física habida y por haber. Después sería Pasalic, que entró en el segundo tiempo por Locatelli, quien certificaría un triunfo que, pese a todo, será siempre recordado por la estirada del joven guardameta. Fue la primera del Milan después de mucho tiempo. La primera que Donnarumma dio a los suyos. Porque el italiano, aunque no tenga más que 17 años, ya es presente en la élite del fútbol. 


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