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EL DERBI DE NAINGGOLAN Y SPALLETTI

La Roma acumula ya una decena de enfrentamientos sin conocer la derrota ante su vecino y rival más cercano. Con un balance de cinco victorias y el mismo número de empates, hay que remontarse al 2013, a la final de Coppa Italia, para dar con el último triunfo conseguido por la Lazio. El domingo, en el Olímpico, ambos equipos se dieron cita en el enfrentamiento que, por situación y calidad de sus plantillas, resultaba más parejo de los últimos años. A los puntos, el reparto fue de una parte para cada equipo. Sin embargo, los de Spalletti consiguieron alargar una racha que, debido a sus ausencias y el dulce momento por el que transitaban los de Inzaghi (quintos y sin perder desde septiembre), parecía muy cercana de encontrar su desenlace.

Radja Nainggolan celebra el 0-2 frente a la Lazio. Foto: www.Sport.be

Las bajas obligaron a Spalletti a reorganizar el sistema

La lesión de Mohamed Salah a pocos días del encuentro, siendo junto a Edin Dzeko el futbolista más en forma para la Roma desde el principio del curso, caló como un jarro de agua fría en la disposición que Luciano Spalletti pretendía para enfrentarse a la Lazio. Esta, salvo sorpresa, hubiese sido idéntica a la que ha organizado a la Roma durante las últimas semanas: un doble pivote, tres futbolistas por delante y mucha velocidad aprovechando el pivoteo que el atacante bosnio realiza lejos del área. Sin embargo, sin Salah y con un El Shaarawy que también arrastraba molestias físicas, Spalletti debió entonces dar una nueva forma a su estrategia. Consciente de que, al igual que ocurre con ellos mismos, la Lazio con espacios es uno de los equipos más intimidatorios del Calcio, cerró filas. Propuso a los suyos en un 3-5-2 repleto de vigilancias individuales. Así, mientras que la Roma cedía todo tipo de iniciativa durante el inicio, Bruno Peres actuaba sobre Lulic, Strootman perseguía a Milinkovic-Savic y Rudiger hacía lo propio con Keita. O al menos lo intentaba, porque la velocidad del extremo -con un arranque más explosivo que el de su par-, asentó el peligro de la Lazio durante buena parte del primer tiempo.

Imagen #1: Presión de la Lazio en salida de la Roma. (Click)
Keita entraba por izquierda, Felipe Anderson martilleaba a Emerson por el sector contrario e Immobile llegó a rematar hasta dos veces (aunque ambas fuera) desde dentro del área. La Lazio apenas dejó salir a la Roma, a la que intentó ahogar con una inteligente presión tras pérdida (imagen #1): cuando Szczesny debía sacar de puerta, el trío ofensivo de la Lazio se alzaba a la misma altura que los centrales de la Roma, lo que obligaba al resto del equipo a dar un paso hacia el frente para no fragmentarse. De esta forma, con los tres centrales cubiertos, los tres centrocampistas muy encimados y los carrileros custodiados por los laterales, el guardameta polaco no tenía otra opción que el balón largo sobre Dzeko. Aunque, esta vez, no disponía de ningún velocista puro (Salah) que aprovechase el espacio generado a sus espaldas. Cuando la Roma salía desde mediocampo, la Lazio entonces organizaba a los suyos de acuerdo a la cota que marcase el esférico: mientras De Rossi, como regista, podía campar con el balón a sus anchas, Inzaghi probó a esconderle todas las líneas de pase (#imagen 2). Lo que surgió efecto, pues el agobio de la Roma se alargó hasta prácticamente el descanso.

Imagen #1: La Lazio esconde vías de pase a De Rossi. (Click)
Algo antes, eso sí, la Roma encontró la fuga que más tarde haría saltar por los aires. El emparejamiento de Rudiger con Keita, que en un principio se pudo traducir en una clara ventaja para el equipo laziale, no fue sino la vía de escape por la que salió Spalletti. En la primera y única ocasión que la Roma pudo atacar como más le gusta, corriendo por alguno de los costados, Bruno Peres se impuso sobre Lulic y el penalti que más tarde sería señalado como fuera del área, evidenció la debilidad que la Lazio consiguió disimular durante la primera media hora de encuentro. Una vez consciente la Roma de esa baza a explotar por banda, Spalletti volvió a su dibujo más habitual de las últimas jornadas: pasó al 4-2-3-1 (#imagen 3), ordenando a Perotti y Peres a presionar sobre Basta y Lulic. Con Nainggolan ya fuera del mediocampo, intimidando cada recepción de Biglia en la medular, y Emerson defendiendo de cara -y no a la misma altura que como carrilero- a Felipe Anderson, la Roma igualó la contienda devolviendo el paso lanzado por la Lazio desde un primer momento.

Nainggolan y sus propios errores defensivos condenaron a la Lazio

Con dos equipos tan pendientes de imponer su fútbol, de dar con el espacio justo con el que armar su contragolpe antes que su contrario, cualquier despiste podría resultar decisivo para decantar la balanza hacia uno u otro lado. La Roma mantuvo el 4-2-3-1 con el que finalizó el primer tiempo, pero esta vez con la intención de asestar ella primero el golpe y no quedar esta vez tan pendiente de evitar que la Lazio fuera quien lo diese. El equipo de Spalletti se asentó en campo contrario, comenzó a hacer recular a su rival y entonces, en el fútbol como en la vida, cobró sentido aquello de que quien golpea primero lo hace dos veces. Si Bruno Peres abrió la veda, la lectura de Spalletti aventajó a los suyos sobre el terreno. No en el marcador, porque de eso se encargó Strootman sirviéndose de un terrible error de Wallace. Sino en la estrategia. Lo primero que hizo la Roma, además de instaurarse sobre el suelo enemigo, fue cortar las alas de la Lazio. Con Strootman y De Rossi aguardando en mitad de campo, el trío de centrales compuesto por Rudiger, Manolas y Fazio atendieron a apagar cualquier intento transitorio por parte del equipo celeste. A su vez, con Emerson y Peres alzados a buena altura, pero sin futbolistas como Salah o el propio El Shaarawy para desmarcarse a la ruptura, Radja Nainggolan ejerció como el más decisivo de los segundos cuarenta y cinco minutos

Luciano Spalletti: "No tuvimos un inicio cómodo, porque Lucas Biglia apenas dejó espacio a Diego Perotti. Por ello, le he dicho a Radja Nainggolan de encontrar ese espacio, de explotarlo. Y cuando lo ha hecho, nos hemos sentido mucho mejor y hemos empezado a jugar más sencillo. En fase de posesión, hemos acumulado hasta cinco futbolistas por delante; pero cuando ha tocado replegar lo hemos hecho con cuatro defensores. Antonio Rudiger se ha encargado de tapar Keita, de ser ese cuarto hombre por derecha. Mientras que Bruno Peres ha jugado muy ofensivo, tengo que decir que Emerson ha realizado un partido extraordinario".

Imagen #3: La Roma pasó del 3-5-2 inicial al 4-2-3-1 habitual. (Click)
El belga se dejó ver por todo el frente. Cayó por izquierda, por derecha y también por el centro, y aportó ese último empujón que necesitaban los suyos. Antes de que Strootman abriese la lata, un centro del propio Nainggolan por izquierda hizo temblar los cimientos del Olímpico con un cabezazo de Dzeko que Marchetti consiguió desviar de dentro. De aquel sector, no obstante, se terminaría de adueñar Perotti, a la vez que Emerson lo doblaba por su dorsal. La Roma, y esto sí es novedad, recuperó la profundidad por el costado izquierdo -muy mermado desde la baja de Mario Rui-. Ante una Lazio desconectada, incapaz de tomar respuesta al tanto que le puso en desventaja, también en parte al efectivo ejercicio posicional con el que la Roma mantenía neutralizado su contragolpe. De una cabalgada que Nainggolan consiguió realizar por dentro, desde el perfil diestro, interior desde donde también ayudó para no hacer retroceder a todo el sistema, mandó un disparo lejano al que Marchetti dedicó demasiado tiempo en lanzarse a atajar. Fue el segundo, a escasos diez minutos del final, de una victoria que encumbra a ciertos nombres propios y mantiene al colectivo segundo, a solo una semana de su enfrentamiento directo con el Milan, no solo por los puestos Champions sino por además empuñar el testigo de la resistencia contra la Juventus.

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