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LOS PARCHES DE MAURIZIO SARRI

Si por algo se caracteriza Maurizio Sarri es por el pragmatismo con el que siempre ha dirigido a sus equipos. El proyecto de su segunda temporada en Nápoles soñaba con dar desde el inicio un paso adelante en la consecución de los objetivos. La amplitud en el fondo de armario así como el regreso del equipo a la Champions pretendía congeniar de una vez por todas un Napoli capaz de escalar la distancia que todavía hoy mantiene con la Juventus. Sin embargo, 12 jornadas después, las lesiones y los bajones en el rendimiento han influido en que la brecha -en liga- sea ya de siete puntos con los bianconeri (con un partido menos). Y lo que todavía es peor: el Napoli, en lo táctico, parece ser un bote que carece de los tapones necesarios para tanto agujero.

Amadou Diawara durante un partido del Napoli esta temporada. Foto: ilNapolista

Sarri volvió a apostar por Mertens (punta) y Diawara (regista)

El sábado, frente a la Lazio, Maurizio Sarri volvió a alinear a Dries Mertens y Amadou Diawara desde el inicio. Lo que, dicho de otra forma, suponía la suplencia de Manolo Gabbiadini y Jorginho. Ambos, tanto el atacante italiano como el regista brasileño, son dos de los principales señalados en no haber dado el do de pecho en este arduo arranque de campaña. Pero, vayamos por partes y de atrás hacia adelante. Hace unos meses, regresando a la 2015/16, Sarri consiguió armar al equipo en un inquebrantable 4-3-3 -que todavía mantiene- y entregó el timón de la nave a Jorginho. El brasileño, escoltado por Allan y Hamsik desde los interiores, era el encargado de hacer jugar al equipo: por bajo o en largo, en la salida de pelota; así como de que el mismo respondiera siempre en un mismo bloque, como nexo entre la primera –la defensa- y la última –el ataque- línea del campo. Pero muy poco queda de todo aquello. Al menos en los nombres, pues Allan no solo se ha topado con la competitividad de Zielinski por el interior diestro, sino que el propio brasileño parece a años luz del rendimiento que alcanzó en el curso anterior.

Diawara vs Napoli: 94% pase, 44% tackles y 3 robos (Click)
Lento, impreciso, casi tímido en cada uno de sus envíos, la caída en la productividad de Jorginho bien podría deberse a cualquier inconveniente físico, o a un simple bache en su maduración futbolística. Pero, sea como fuere, Sarri ha debido corregir a tiempo la dolencia antes de que ésta se extendiera por todo el colectivo. Y en esas, se ha topado con el desparpajo de Amadou Diawara como relevo al brasileño (que la temporada anterior disputó con el Napoli 35 de las 38 jornadas). Fichado este mismo verano procedente del Bologna, desde su debut en la idea contra el Besiktas, el joven -19 años- guineano ha ofrecido otro aire al mediocampo napolitano. Sin poseer, fruto de la edad, las nociones tácticas de una posición con tanto peso como la del regista, su atrevimiento y su potencia física han conseguido disimular, en parte, la debilidad que hubiese supuesto tener (a este nivel) a Jorginho sobre el césped. No será quizás, por ahora, el pasador que todo entrenador desearía para su equipo, o al menos del más desequilibrante, pero Diawara se ha servido de pocos minutos (322) para reactivar la zona más ancha en el jardín de Sarri.

Por muchas similitudes, tanto en lo bueno como en lo malo, una certera comparación con Diawara en este Napoli sería la figura de Casemiro en el Real Madrid. Y al igual que le ocurre al futbolista de Zidane, el ‘42’ del Napoli presenta ciertas dificultades a la hora de dinamizar la salida de pelota. Siempre por bajo, como es consigna desde la llegada de Sarri, su constante ofrecimiento y su toque ágil, aunque muchas veces sencillo, ha obligado a Marek Hamsik -quien tampoco pasaba precisamente por su mejor momento- a retrasar unos metros más su posición en mediocampo. En el último encuentro se pudo ver que, con el eslovaco muy abajo y Zielinski siempre pendiente de una posible pérdida en la salida (imagen #2), el Napoli acumuló muchos minutos del primer tiempo ante la Lazio con un mediocampo dispuesto en paralelo; algo que, sumado a la maraña que Inzaghi dispuso por dentro, atascó –como viene siendo habitual en sus últimos encuentros y casi desde que inició la temporada- el inicio de jugada para el cuadro partenopeo. En defensa, la exuberancia del guineano da un plus al equipo: pues, aunque no esté siempre bien posicionado, su velocidad y corpulencia son el mejor agarre -para que el equipo no se parta- cuando el rival sale al contragolpe.

Como ya ocurrió en Estambul, Hamsik emergió en la segunda mitad

No siempre, dado que la salida no era del todo limpia, conseguía tener la pelota bajo su control el Napoli en los últimos metros del campo. Pues como Diawara no es un futbolista acostumbrado a hundirse entre los centrales, y además la presión de la Lazio -de más a menos- tampoco obligaba a ello, Dries Mertens también se vio obligado a retrasar su posición para tocar de espaldas muy lejos del área. Por banda, debido a que Inzaghi formó durante prácticamente todo el encuentro con Felipe Anderson y Lulic formando un doble lateral por derecha y por izquierda, el equipo sureño tampoco era capaz de progresar. Así que el movimiento del belga sería el único capaz de desatascar el embrollo que se formó en la medular. Pero no lo hizo, y puesto que en cada recepción suya en tres cuartos siempre tenía la sombra de Wallace pegada a su espalda, el equipo de Sarri volvió a acusar su segundo problema en lo que va de temporada: le hace falta un delantero puro, alguien que consiga estirar a todo el sistema. Con las dificultades para progresar de Insigne y Callejón por fuera, y con Hamsik con demasiados metros hacia arriba y hacia abajo, el cuadro partenopeo fue capaz de proponer una solución ofensiva al atasco en el que se convirtieron los primeros cuarenta y cinco minutos. Un simple reflejo de los últimos 720 (minutos) del Napoli, exactamente los mismos que lleva sin poder contar con Milik. 

Imagen #2: El MC del Napoli en paralelo. (Click ampliar)
El partido se abrió, como suele ocurrir en muchos de estos casos, por más agotamiento de uno que soluciones del otro. Fue en el segundo tiempo, cuando la Lazio no fue capaz de sostener -como sí hizo durante la primera parte- una línea medular de contención, y a los espacios, con mayor o menor acierto en otros muchos aspectos, la plantilla de Sarri sigue siendo muy difícil de parar. Y quién mejor para explotarlos, como lleva haciendo toda su carrera, que Marek Hamsik. El capitán napolitano, como ya ocurriese en los segundo cuarenta y cinco minutos de la vuelta frente al Besiktas, tiró del carro. Encontró sus espacios desde el interior zurdo, y desde ahí consiguió desequilibrar el encuentro. Poco duraría la alegría, hasta que Keita Balde se cercioró de la tercera y, por ahora, última flaqueza que presenta el Napoli 2016/17: su defensa. Sin Raúl Albiol desde hace ya unas cuantas semanas, el nivel de Kalidou Koulibaly dista mucho de aquel central imponente, regular y seguro que llegó a dominar el año pasado el Calcio (durante buena parte de la temporada). De las pocas salidas que consiguió proyectar la Lazio, el atacante español consiguió poner el empate definitivo, en un balón donde Pepe Reina evidenció que tampoco él pasa por su mejor momento. Quizás, por empeño o simple físico, pudo merecer más el Napoli. No lo obtuvo. Y lo que sí esclarece de todo esto es que no solo ha desaprovechado una oportunidad frente a un rival directo, sino que en el ecuador de la primera vuelta y con la clasificación de Champions todavía sin resolver, presenta más dudas que certezas. Y Sarri no termina de dar con el remedio. 
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