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LA DIFERENCIA RESIDIÓ EN MEDIOCAMPO

Vincenzo Montella afrontó su primer gran examen como técnico del Milan. Y demostró llegar con la lección bien aprendida. Los rossoneri batieron por la mínima a la Juventus, y ya acumulan tres victorias consecutivas, con un total de 16 puntos de los últimos 18 posibles. La victoria, que no solo recorta la ventaja con el propio equipo bianconero (2 puntos), no es sino la confirmación de que el cuadro avanza por la dirección correcta. Un soberbio derechazo de Locatelli bastó para romper una racha de cuatro años. Aquella vez de 2012, la última que el Milan le ganó a la Juventus, el resultado fue el mismo, el tanto lo marcó Robinho y en el banquillo local de San Siro se sentaba Massimiliano Allegri. Quizás, el principal derrotado en la noche de ayer. 

Manuel Locatelli celebra el tanto de la victoria. Foto: CalcioNews24

Ordena, dirige y encima marca goles importantes; Manuel Locatelli ya está aquí

Manuel Locatelli es la tercera perla rossonera en los últimos dos años. Tras Gianluigi Donnarumma y Davide Calabria, la lesión de Riccardo Montolivo ha acelerado la aparición del joven italiano de 18 años. Como buen diamante en bruto, Vincenzo Montella deberá efectuar un laborioso trabajo por pulirlo, pero el ‘73’ del Milan apenas ha necesitado un par de partidos como titular para demostrar a su técnico, a sus compañeros y a simpatizantes de la entidad rossonera que ha llegado para quedarse. Su partido de ayer frente a la Juventus fue un derroche de carácter. También dejó cosas técnicas, que no pocas, pero por encima de todo Manuel Locatelli jugó con una veteranía impropia para su apenas superada mayoría de edad. En su posición, la del regista, estuvo la clave del encuentro. No solo por el gol, que ya es su segundo tanto en la competición -el primero fue ante el Sassuolo hace un par de jornadas-, tras haber efectuado nada más que dos disparos a puerta; sino más bien porque el desarrollo del partido centró su atención en la salida de ambos equipos.

Vincenzo Montella, tras el partido: "Debemos saber interpretar las distintas situaciones para obtener siempre el mejor resultado. Al inicio del partido he percibido algo de nervios, pero esta plantilla ha sabido soportarlos bien. Hemos hecho un gran encuentro. Me ha gustado mucho el espíritu de los futbolistas, también de aquellos que juegan menos. Ese carácter debe ser nuestra fuerza. Aunque debemos seguir creciendo en lo táctico".  

Montella alineó a su once de gala. Y a diferencia de lo que muchos otros rivales acostumbran a hacer en Italia, él sí salió a por la Juventus. La apuesta no sería sencilla, pero el premio sí lo suficientemente codicioso como para no intentarlo. Salió a buscarla a mediocampo, exactamente hasta el punto donde más le duele al equipo bianconero en este principio de curso. Mientras Barzagli, Bonucci y Benatia -ayer en ausencia de Chiellini- campaban libremente por los primeros metros del terreno, el Milan escalonó a sus hombres en muy pocos metros de la zona de medios. Adelantó la línea de la defensa, a la vez que los laterales vigilaban una posible arranca de los carrileros, Kucka bloqueaba el pase a Pjanic, Locatelli el de Dybala y el trío formado por Bacca, Niang y Bonaventura enjaulaban cualquier tipo de pase dirigido a Hernanes. Atascada, en un juego de marcajes que se repitió a lo largo de todo el encuentro, la Juventus se veía siempre obligaba a salir en largo o hacia alguna de las bandas. Opción que, por supuesto, entraba dentro de lo estudiado por el Milan.

Así transcurrió el primer tiempo, y prácticamente los noventa minutos de la cita. Armado en una presión a media altura, la estrategia del Milan pasaba por encimar la recepción de Hernanes, forzar la pérdida y, desde una zona no del todo lejana, arrancar la transición. El primer tiempo de Giacomo Bonaventura fue de puro desgaste; pues no solo persiguió constantemente la marca sobre el ‘11’ de la Juventus, sino que además él mismo se encargó de dirigir cada contragolpe rossonero. Atrás Gianluigi Donnarumma apenas se inquietó. Si la Juventus conseguía -cosa que no siempre podía- hacer llegar el esférico bajo su control a campo contrario, los problemas no quedaban entonces ni mucho menos resueltos para Allegri. Se lesionó Dybala, el futbolista más activo para participar en esa zona de tres cuartos, y la entrada de Cuadrado no aportó el revulsivo esperado. Quizás porque hasta los últimos minutos de la segunda mitad no pasó a jugar por derecha, el mismo sitio donde consiguió hace pocos días marcar el tanto de la victoria en Lyon. Y a su vez la Juventus basó todo su primer tiempo en subidas laterales -a las que Montella rápidamente quiso ponerle freno retrasando a Suso y Niang de extremos a volantes-, a la búsqueda de un buen remate que jamás llegó.

Plana y excesivamente lenta, la Juventus no termina de arrancar en este curso

Nadie podrá poner en duda que la Juventus atesora la mejor plantilla de toda Italia. Massimiliano Allegri cuenta con algunas de las individualidades capaces de discutir con cualquiera por ser las mejores de toda Europa. Y de eso mismo se ha bastado la Juventus para llegar como líder a la novena jornada del campeonato. Sin ir más lejos, el cuadro turinés resolvió sus dos anteriores encuentros, ante el Udinese (en Serie A) y el Olympique de Lyon (en Champions), gracias a sendas actuaciones de Dybala y Buffon respectivamente. Pues en lo colectivo, no obstante, esta Juventus 2016/17 no ha terminado de encontrar la fórmula. El equipo añora el regreso de Claudio Marchisio, ya que sin él todo se vuelve menos claro. Empezando por la salida de pelota, ayer con Hernanes y otras muchas con Lemina, el cuadro bianconero no da con la velocidad y los mecanismos para hacer de la misma su principal arma de dominio. Al equipo le cuesta asentarse a partir de mediocampo, y Allegri confía en que la mejor forma de explotar a Miralem Pjanic es desde el interior izquierdo

Y si la pelota sale mal, el equipo suele llegar peor. Cuando la cosa no marcha, y la Juventus no consigue hacer de su fútbol un movimiento dinámico, es Paulo Dybala quien retrasa su posición, se aleja del área y comienza a exhibir giros, arrancadas y combinaciones que despiertan el ritmo colectivo. Pero ayer el argentino cayó pronto lesionado y nadie tomó su testigo. Cuadrado actuó por dentro, por detrás de Higuaín -muy desaparecido durante todo el partido, como también lo estuvo Mandzukic en el poco rato que  estuvo-, pero sus regates siempre eran parados o, en el mejor de los casos, terminaban en balonazos unos metros por encima del larguero de Donnarumma. Sami Khedira corría hacia arriba, como a él más le gusta, pero de pronto no encontró a ningún socio que le devolviera la pared en el balcón del área. Lo intentaron Alex Sandro y Dani Alves, ambos de más a menos, pero sus centros tampoco llegaron a transformarse en asistencia. Solo el alemán, al finalizar una conducción en el último minuto y ver que no había quién le acompañara en su jugada favorita, probó al joven portero del Milan. Y fue cuando este, con una estirada a mano cambiada a la escuadra, puso el broche a la noche en la que dos imberbes ganaron al cinco veces campeón de Italia.
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