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DETALLES DE DOS NUEVAS REALIDADES

Italia y España abandonaron anoche el Juventus Stadium manteniendo intactas sus respectivas rachas de imbatibilidad en fases de clasificación. El resultado que, por lógica, terminó en empate (1-1), alcanza los 54 encuentros en el caso del equipo español -que no pierde un solo partido de clasificación para los Mundiales desde el año 1993-; mientras que Italia ya acumula 52 partidos previos a Mundiales y Eurocopas sin conocer la derrota. Con el preludio aun cercano de su último enfrentamiento durante el europeo de Francia, los de Ventura y Lopetegui brindaron un choque repleto de detalles, algunos conocidos y otros muchos esbozados, en el nexo de dos generaciones llamadas necesariamente a encontrarse más pronto que tarde.

Álvaro Morata y Andrea Belotti durante el partido de ayer. Foto: www.ecodibergamo.it

Una España (casi) perfecta durante los primeros 45 minutos

España salió a dominar, como toda previa se podría haber supuesto, armada en su ya habitual 4-3-3. Tras las dos primeras victorias cosechadas ante Bélgica (0-2; amistoso) y Liechtenstein (8-0; clasificación), Julen Lopetegui afrontaba su primera gran prueba como seleccionador. En un caso parecido, por no decir idéntico, se encontraba el italiano Giampiero Ventura, tras caer con los suyos en Francia (1-3; amistoso) y vencer a domicilio en Israel (1-3; clasificación). Y aunque ambos casos, a vista del resultado, se podrían dar como aprobados; las sensaciones de uno y otro seleccionador paladearon muy distintas cuando el colegiado señaló el final del tiempo reglamentario. España, a los puntos, bien podría haberse marchado con ventaja al descanso. Pero eso no ocurrió, y el marcador no se movió de tal y como había empezado, ya que pese a bordar unos primeros cuarenta y cinco minutos llenos de ritmo, frescura, ideas y movilidad, España terminó acusando los mismos males que lleva arrastrando desde hace ya tiempo: un último pase en condiciones y, lo más importante, un remate que terminase por transformar el dominio en una ventaja numérica, más allá de la habitual alegoría del control del esférico.

España en 1ºT: 71% posesión, 2 remates a puerta, 0 goles
Italia en 1ºT: 29% posesión, 0 remates a puerta, 0 goles
España en 2ºT: 55% posesión, 1 remate a puerta, 1 gol
Italia en 2ºT: 45% posesión, 1 remate a puerta, 1 gol

España terminó el primer tiempo con un 71% de posesión, con gran parte de la misma en campo contrario, pues la principal consigna de Lopetegui se tradujo en una férrea presión tras pérdida que no solo dificultaba la salida del equipo italiano, sino que además lo arrinconaba contra sus primeros metros de campo imposibilitando así una teórica presión a gran altura. Con Busquets en el medio e Iniesta y Koke flanqueando, además de Vitolo y Silva algo más abiertos en los costados, España tejió una gran cadena de pasadores, que, sobre el papel, solo debería encontrar el momento y el espacio indicados para filtrar a Diego Costa la oportunidad de gol. El plan, bien edificado, basó sus intenciones de convertir el encuentro en un ataque constante en las formas que España mostró para defenderse. Si bien hace solo unos pocos meses, Éder y Pellè, en Francia descosieron a España jugando de espaldas y corriendo al espacio, ayer se mostraron muy ausentes. Lopetegui, sabedor de esa baza italiana, decidió entonces armar al equipo en una superioridad algebraica constante: si durante el europeo, cada acción azzurra se convirtió en un 2x2 contra Ramos y Piqué, de la que ninguna terminaron por salir favorecidos; esta vez, España dispuso de un complemento más a la pareja y a Busquets. Un lateral, ya fuese Carvajal, Alba -antes de lesionarse- o Nacho, siempre corría a la cobertura y el ‘17’ y ‘9’ de Italia apenas pudieron desplegar a los suyos durante los primeros 45 minutos.

Arriba, como decíamos, España también mordía, y la (otra) novedad con respecto a su último enfrentamiento se situó en el marcaje constante de un centrocampista sobre De Rossi. Hace ya tiempo que Italia dejó de jugar a eso del patadón, y la mejor muestra de ello es que apenas rifa un esférico cuando tiene que salir con el jugado. Los tres centrales esperaban muy abiertos, con los laterales a mayor altura pegados a la línea de cal, en un movimiento que se produjo una y otra vez hasta la segunda mitad: de Buffon para Barzagli, de Barzagli para Florenzi y ahí siempre aparecía Montolivo (y después Bonaventura), para sacar la pelota por bajo. Si la presión, como muchas veces ocurrió, se tornaba asfixiante por parte de España, entonces Italia sí mandaba en largo a la zona de Pellè. La intención de esta nueva Italia, no la de ahora sino la que ya despertó con Prandelli en el Mundial de 2014, es la de hacer jugar la pelota. Aunque todo proceso lleva su tiempo. Y sus hombres, en esto del fútbol. Y en esas se encuentra Italia, pues más bien de lo segundo no termina de ir sobrada.

Immobile-Belotti para estirar a una Italia de menos a más

Al final fue Busquets, el hombre más alejado del área de todos los que componen el mediocampo, quien terminó por encontrar el pase vertical a una carrera al espacio de Vitolo. El movimiento, que cogió en un renuncio posicional al equipo italiano, terminó por encontrar la guindilla en una mala salida de Buffon que otorgó en bandeja el tanto al futbolista del Sevilla. El canario, que había sido uno de los mejores del primer tiempo partiendo desde el costado derecho, encontró sus mejores ocasiones de peligro corriendo al espacio, por dentro, como antaño cuando vestía la camiseta de la UD Las Palmas. Ver para creer, Italia había regalado un tanto. Pero Ventura no estaba dispuesto a hacer el pack completo con el encuentro, por lo que presto introdujo a uno de sus futbolistas más rápidos sobre el césped: Ciro Immobile. El delantero de la Lazio ocupó la posición de Pellè. Y nada más que su puesto, pues la misión encomendada a Immobile no fue otra que hacer aquello que mejor sabe (y que tanto tiempo ha tardado en volver a mostrarnos): pedirla y correr con ella en los pies. 

Italia pasó a formar entonces en un 3-4-1-2 (rompiendo con el 3-5-2 del inicio), donde Belotti saltó a escena en detrimento de Parolo. Los locales, mucho más cómodos en la salida, tras el paso atrás de España que Lopetegui reafirmó con la entrada de Morata, a la busca de un contragolpe que jamás llegó a producirse, apretaron con la insistencia de aquel que castiga no haber sido antes ejecutado. Y fueron ocasiones las de Vitolo, pues poco tiempo después tuvo la sentencia en una ocasión parecida, pero el destino y la puntería decidieron entonces no dejar resuelto tan pronto el encuentro. Quizás pudo mover algo más Lopetegui, quizás con una entrada algo más temprana de Thiago que hubiese ayudado a sujetar el mediocampo, o igual Ramos se excedió (innecesariamente) en no dejar girar a Éder dentro del área, pero, sea como fuere, la reiteración italiana terminó por encontrar su premio. El penalti lo transformó De Rossi. Y el centro, previo al derribo, no fue de otro que de Belotti. El mismo anotaría poco después un tanto, que los colegiados decidieron que no subiese al marcador y hubiese supuesto la victoria para los italianos. Pero en el fútbol, como en la vida, nunca llueve a gusto de todos, y si España bien podría haber dejado resuelto el encuentro para evitar cualquier complicación; a Italia, quien sabe, le faltaron unos minutos más para terminar remontando.
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