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DE BOER CONTRA EL TIEMPO

Nadie dijo que la transición fuese a ser rápida, ni mucho menos sencilla. Pero lo que tampoco ningún pronóstico podría haber aventurado es que el Inter 2016/17, con Frank de Boer al mando, estaría ante su peor arranque de los últimos 15 años. Decimoprimer clasificado, con 14 de los 33 puntos disputados, tras cosechar 4 victorias, 2 empates y cinco derrotas; el Inter se sitúa a una distancia menor con respecto al descenso (7 puntos) que con la cabeza de la tabla (13). A escasas dos jornadas del Derby della Madonnina, el entrenador neerlandés no puede aún confirmar su presencia en la cita. El tiempo corre en su contra y la situación urge de un golpe de timón que consiga alejar la amenaza de un nuevo naufragio del Inter sin todavía haber llegado al ecuador de la temporada.

Frank De Boer durante un partido con el Inter esta temporada. Foto: Mundo Deportivo

El sistema, sin ensamblar, se rompe con mucha facilidad

En apenas una decena de jornadas Frank De Boer ha probado cosas -que no pocas-, aunque ninguna ha terminado de ser la tecla correcta. Ni el 4-2-3-1, con el que se ganó a la mismísima Juventus, encontró la regularidad y las prestaciones necesarias para hacer de este Inter un claro aspirante a pelear con los más grandes por la parte más alta de la clasificación; como tampoco el 4-3-3 de este momento parece destinado a reencontrarse con el tan ansiado equilibrio. Y el Inter de Milán no será capaz de encontrar el mismo por una sencilla razón: el colectivo se fractura con una sencillez impropia de quien aspira a guerrear en (y por) Europa. En el primer sistema expuesto, con el que se arrancó la temporada y se llegó a vencer al cuadro bianconero, el doble pivote era habitualmente formado por Gary Medel y otro centrocampista al uso: ya fuese Kondogbia o posteriormente Joao Mário. Por delante de estos, y entre medias de los extremos, se situaba Éver Banega. El argentino estaba llamado a ocupar un rol ofensivo, pues la pareja de mediocentros (en teoría) lo liberaría de cualquier esfuerzo defensivo y así podría centrar su empeño en acercarse al área rival y, en definitiva, dinamizar el ataque interista.

Imagen #1: Presión del Inter vs Sampdoria. (Click para ampliar)
No obstante, no supuso -ni supone- mucha dificultad para todo rival que enfrentaba -y enfrente- al Inter atascar la estrategia de De Boer. Con Medel y Kondogbia/Joao Mario, el cuadro nerazzurro no disponía de la circulación más liviana que se recuerda en esto del fútbol, lo que inevitablemente obligaba a Banega a retrasar unos metros su posición para ayudar en la salida del esférico. Este movimiento, por insignificante que a simple vista pueda parecer, empezó por descascarillar el sistema interista. Con el argentino más abajo, presto a iniciar el fútbol desde mediocampo, el rol del mediapunta quedaba entonces desocupado. Los esfuerzos de Icardi para acercarse, aguantar, girar y dar aire al equipo no siempre cumplían con el objetivo previsto, pues el ‘9’ debía cuerpear entre los centrales y el mediocentro rival. Él solo, pues de las bandas, a menudo muy abiertos, pocas veces se despegaban jugadores como Perisic y Candreva. A partir de ese vacío en tres cuartos, para el rival resultaba excesivamente sencillo clavar a su regista y agrietar la estructura nerazzurra. Algo que probaron -con éxito- equipos como la Roma o el Chievo. Pero no solo a partir del 4-2-3-1 se rompía el Inter, pues el paso al 4-3-3 tampoco ha dado por resolver el entuerto.

La situación, es más, resulta cuanto menos parecida. La sensación es que De Boer tiene los conceptos y el equipo ya tiene buena cuenta de ellos, pero falta lo más importante: darle un sentido a los mismos. Pese al esbozo que a día de hoy sigue siendo el equipo, la estrategia ha dado pinceladas de querer dominar los encuentros a partir del esférico. En posesiones eficientes, con las que tampoco recrearse en demasiados toques superfluos, que inclinen a conducir la ofensiva del Inter por sus costados. Además, la presión tras pérdida resulta una parte fundamental, pues a mayor altura se recupere el esférico y con futbolistas tan eléctricos como los que ostenta el equipo en sus extremos, el peligro está prácticamente asegurado. En cambio, a estas alturas del curso, el Inter es algo así como un batiburrillo de todos estos conceptos. Algunos más definidos y otros tantos muy lejos de estar correctamente ejecutados, el plan es lo más parecido a un garabato al que urge encontrar un arreglo. Ahora, pero como ya también ocurría antes del cambio táctico, el Inter ejecuta una presión desigual (imagen #1) que termina por desmembrar al equipo.

Mientras los tres de arriba acuden raudos a tapar la salida del contrario, el pivote -en este caso Joao Mário- acula demasiado sobre los centrales, arrastrando consigo la posición de los interiores -Banega y Brozovic-. Ese vacío entre atacantes y el mediocampo, el mismo que aparecía cuando Banega bajaba a recibir entre líneas, es aprovechado por el contrario para batir por dentro al Inter. Pues llegados a este punto, con el trío ofensivo ya por delante del poseedor del esférico y, para más inri, con un llegador reconvertido en ancla (Joao Mario), la destreza del pasador rival marca la fatalidad para el Inter. Un problema que se evidenció en el último encuentro frente a la Sampdoria (que el Inter perdió por 1-0), donde sin control alguno del balón como tampoco de los espacios por parte del conjunto nerazzurro, abrió las puertas a un ida y vuelta del que tampoco el equipo milanés tiene todas las de ganar. Cierto es que, por nombres, su colectivo ofensivo es uno de los más envidiados del Calcio. Pero también, dicho sea de paso, atrás el equipo sufre en exceso. Partido por un desajuste que inicia desde muy arriba, ni Murillo ni Miranda, así como tampoco Ansaldi, Santon o Nagatomo en los laterales, han arrancado la temporada en la mejor de sus prestaciones. Y no todo lo puede arreglar Handanovic.

El equipo no dispone de una hoja de ruta ofensiva

En el ataque, conviene subrayar, de nada sirve disponer de algunos de los mejores atacantes del campeonato si estos no responden a una misma idea de juego. Incluso sí a veces, pero no solamente de las individualidades puede vivir un equipo en el tiempo. Algo así ya intentó Roberto Mancini hace unos pocos meses, cuando el mismo Inter sin exhibirse en su fútbol conseguía rescatar puntos de resultados muy apretados. Pero la fábula terminó cayendo más pronto que tarde por su propio peso. De Boer posee de los futbolistas, pero no ha terminado de encontrar la clave que termine por explotar juntos, y no por fogonazos individuales, a todos y cada uno de ellos. Pues de eso, de chispazos, vive a día de hoy este Inter: de una conducción de Éder, un centro de Perisic, un remate lejano de Candreva o una individualidad de Icardi -como la que puso el 2-1 frente al Torino-. Y así resulta muy difícil, por no decir imposible, rascar algo positivo a media-larga distancia en el calendario. Con Icardi y Candreva como insustituibles, De Boer ha probado en variar el extremo izquierdo como si de ahí viniese el problema. Ivan Perisic fue quien empezó la temporada, y desde las últimas cuatro jornadas la titularidad ha recaído sobre el ex doriano Éder.

Imagen #2: 39 centros del Inter vs Samp; solo 3 rematados. (Click ampliar)
Si bien ambos futbolistas responden a un perfil veloz, con gusto de exhibir su fútbol a partir de los espacios, el croata y el ítalo-brasileño aportan soluciones muy distintas para De Boer. Mientras el primero se podría definir como un futbolista más eléctrico, gracias a su conducción y regate en carrera, su buen manejo de ambas piernas le facilitan también la opción de jugar por la derecha. Por el costado zurdo, aunque también por dentro como ya vimos en la reciente Eurocopa de Francia, desarrolla su fútbol Éder. El croata acostumbra a pisar más veces la línea de fondo, lo que con más o menor ángulo desde dentro del área termina por resolver con un centro; y a su vez, el nacionalizado italiano gusta de una diagonal que lo hace desbordar por dentro, y acomodar así su envío o disparo a puerta con su mejor pierna (la derecha). A la espera de que De Boer, o el siguiente entrenador que llegue en caso de que el neerlandés sea cesado, encuentre la posición y el momento idóneos para dar entrada a Gabigol, el Inter deberá centrar por el momento sus esperanzas en estos tres nombres. Cuatro, contando con los minutos que pueda aportar desde el banco Rodrigo Palacio. 

Entre centros -que no todos encuentran rematador, como muestra la imagen #2-, disparos y demás individualidades, el Inter se sitúa como el cuarto equipo de la competición con más ocasiones generadas (141); en una media de 12,81 por encuentro y solo una por debajo de la Juventus (140). Cuarto también se mantiene en el número de disparos, con un total de 185 intentos. Aunque estos mismos números, entrando en más detalles, son los que reflejan que algo no va bien para el Inter. Pues de esos 185 remates, el Inter posee el peor registro de efectividad (34%) de toda la Serie A. Las estadísticas solo están para romperse, como diría aquel. Sin embargo, en este caso, revelan que el planteamiento detenta de lagunas defensivas así como también ofensivas. Será De Boer por el momento, o el siguiente que llegue a reemplazarlo, quien deberá encontrar una solución temprana a este Inter. Un plan de juego que reporte una identidad, que se transforme en resultados para después hacer lo propio en estabilidad. El Inter tiene las piezas, que en nada tienen que envidiar a la de los cinco primeros posicionados de la tabla. Pero la competición no espera por nadie, el tiempo sigue corriendo y no habrá reconstrucción alguna posible sin una doctrina firme sobre la que asentar el proyecto.
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